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Libros primavera

Por Deniss Villalobos:

¿De qué árbol en flor?

No sé,

¡pero qué perfume!

Matsuo Bashō

Siempre digo que el invierno es mi primavera. Prefiero los días fríos, los suéteres, las tazas de café o té y las mantas por encima de los vestidos, las flores, el sol y los  helados. Lo segundo no me desagrada, y si estoy de buen humor incluso lo disfruto y puedo caminar por un parque sonriendo mientras tomo nieve de limón y el sol me acaricia la piel, pero en general el calor de esos meses, extendiéndose al verano, no son mi época favorita del año.

Aún así, me gustan los libros que me hacen sentir como un buen día de primavera. Los que me emocionan tanto que hacen florecer los cerezos dentro de mí, libros que tienen pájaros y abejas entre sus páginas, que al anochecer, como dice Margaret Atwood, huelen a tierra, libros amarillos que de pronto brillan como un rayo de sol.

Así que, cuando termino un libro invierno, me gusta comenzar otro que sea flor y me haga sonreír y sonría conmigo. Los libros primavera se pueden leer en cualquier época del año, claro, y es que una de las virtudes de un librero es que contiene en él todas las estaciones, pero quizá, para quienes disfrutan de esta estación en el mundo real mucho más que yo, estos libros sean especialmente encantadores durante esta época. Dejo, entonces, cuatro recomendaciones que contienen insectos, hojas verdes y calidez a raudales.

La fórmula preferida del profesor, de Yoko Ogawa

Terminé este libro hace muy poco y, en algún lado, no sé si la introducción, la contraportada o una reseña, leí que alguien lo describió como un haiku hecho novela. Es exactamente eso lo que pensé al leerlo, e imagino que si Bashō viviese en estos días habría estado de acuerdo. Esta novela de Yoko Ogawa va sobre un niño de diez años apodado Root, su madre y un profesor de matemáticas al que la memoria le dura solo ochenta minutos. Tres elementos tan sencillos forman una historia que avanza como un tranquilo riachuelo en el que los pájaros se dan un baño, llena de números, tarjetas de béisbol y sobre todo una dulce amistad.

Girl Meets Boy, de Ali Smith

Girl Meets Boy es una novela rara. Las primeras páginas me costaron trabajo y estuve a punto de abandonarlo, pues el estilo de Ali Smith se torna algo confuso cuando no estás acostumbrado a ella. Pero algunas frases se paseaban entre esa primera parte, como ardillas brincando de un árbol a otro, que me atraparon y motivaron para seguir leyendo. Fue así como me encontré con una de las historias más tiernas que he tenido el placer de leer. Basada en uno de los mitos que Ovidio incluye en sus Metamorfosis, Ali Smith nos cuenta la historia de Anthea y Midge, una historia en la que una chica conoce a un chico que también es una chica, una historia de amor y transformación, pero también es una historia sobre ríos que ríen y cómo a una persona no solo la puede transformar el amor, sino también el agua.

El océano al final del camino, de Neil Gaiman

Sobre esta novela ya escribí algo aquí, aunque es tan primaveral que no puedo dejarla fuera. Neil Gaiman es uno de mis escritores favoritos, pero esta historia se fue directo al primer lugar de mi top. En ella hay monstruos y peligros, porque la primavera no está libre de tragedias, y a pesar de ello hay tanta magia que es justo en esta estación cuando se puede disfrutar más; entre árboles que susurran secretos y bajo un cielo brillante que, a pesar del azul y los rayos del sol, promete oscurecerse.

La niña invisible y otros cuentos, de Tove Jansson

De los nueve cuentos que forman parte de esta colección, no hay uno solo que no me fascine. Las ilustraciones son hermosas y cada historia tiene, como a Snufkin le gusta en sus canciones, un poco de alegría y melancolía al mismo tiempo. Se nota que es de los últimos libros en la serie de los Moomin porque las historias son cada vez más profundas, ya no son solo Snorkita y Mumin jugando entre las flores o Little My haciendo travesuras, aquí hay pérdida, tristeza, mentiras, soledad, añoranza y un mar negro en el que hay que navegar para saber que lo único que necesitas es volver a casa. Un libro para leer una tarde de marzo sentado, como papá Mumin, es una hamaca.

Y dejo aquí un pequeño extra:

Virginia Wolf, de Kyo Maclear

Con hermosas ilustraciones de Isabelle Arsenault, esta historia nos cuenta cómo la pequeña Virginia despertó un día sintiéndose triste, y también cómo la primavera la hizo sentir mejor. Una buena forma de explicar a un niño pequeño de qué se trata la depresión (si no lo hace de forma muy acertada, funciona como introducción).

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