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¿Libros impresos o electrónicos?

Por Deniss Villalobos

Los libros son una especial clase de magia portátil.
 Stephen King

A finales de 2012 estuve hablando con mi familia sobre lo prácticos que me parecían los lectores electrónicos, y aunque no estaba muy segura de si realmente eran una herramienta que necesitaba y usaría, comencé a mencionar el tema con frecuencia, esperando que alguien en casa decidiera dármelo en mi cumpleaños. Unas semanas después mamá me regaló un perfume y un Kindle.

No me gusta confesar esto, pero luego de haberme obsesionado con la idea de tenerlo, en cuanto estuvo en mis manos, pensé «bah, no es la gran cosa», y lo abandoné por completo. En ese momento me pareció que a pesar de sus múltiples y útiles funciones, un lector electrónico no podía reemplazar y mucho menos superar a un libro impreso, así que la Rory Gilmore que llevo dentro arrojó mi regalo a un cajón que permaneció cerrado por varios meses.

El año pasado, por diferentes causas, mis ingresos pasaron de ser tan bajos como un hobbit a tan inexistentes como un unicornio, así que, entre otros contratiempos, entré en una crisis lectora. Había muchos títulos que quería leer, pero si metía mi mano al bolsillo en busca de unas monedas solo encontraba el pañuelo con el que limpiaba mis lágrimas. Mi primera opción, entonces, fue recurrir a la biblioteca. Llevé todos los requisitos que pedían en su página, hice el trámite indicado y, una hora después, tenía mi credencial.

Me maravillé ante las miles y miles de posibilidades que tenía ante mis ojos. La biblioteca Vasconcelos es bellísima y a veces me pasaba horas viendo títulos sin poder decidir qué llevarme a casa. Hice uso de ella por varias semanas, leí libros que de otro modo no habría podido tener en mis manos, y conocí autores de los cuales no tenía idea, pero al final dejé de asistir con frecuencia porque el trayecto de mi casa a la biblioteca era exageradamente largo.

¿Qué opciones quedan cuando no tienes dinero para comprar libros y no tienes cerca una biblioteca que te ofrezca un acervo medianamente interesante? Para mí, la respuesta apareció en el cajón que tenía olvidado.

Comencé a buscar en internet títulos que me parecían interesantes y los pasaba al Kindle. Aún lo veía con reservas, y extrañaba tener entre mis manos un libro de papel, pero poco a poco sus funciones me fueron enamorando. No estaba nada mal poder subrayar con solo pasar mi dedo sobre la página y que esos subrayados quedaran guardados en un archivo aparte); leer por la noche sin necesidad de tener la luz encendida o hacer uso de una lámpara; llevar cientos de títulos en un aparatito pequeño y discreto que no lastima la vista (como pasa si lees en una tableta o un smartphone); elegir el tamaño y tipo de fuente, los márgenes y además poder consultar el significado de una palabra solo con tocarla.

Fue realmente grandioso hacer un mejor uso de mi lector, y aunque ya tengo de nuevo la posibilidad de comprar libros, no he dejado de leer en él. Ahora me da risa cuando alguien dice que los libros impresos son mejores que los libros electrónicos. No creo que uno sea mejor o peor, pues me parece que cada uno tiene diferentes ventajas y habrá quien prefiera una opción sobre otra. Yo me quedo en medio: adoro mi Kindle y adoro los libros impresos. Sin planearlo creo que he llegado a un equilibrio entre lo digital y el papel, y no planeo cambiarlo en un futuro cercano.

Estar en una librería y recorrer los estantes en busca de algún título es una de mis actividades favoritas, algo que hago cuando me siento triste, aburrida, feliz o simplemente llena de curiosidad y hambre por conocer nuevas cosas, pero leer usando un lector electrónico tiene también su encanto y muchas ventajas.

No hay que tenerle miedo a lo nuevo —ya no tan nuevo— ni volvernos uno de esos señores gruñones que rechazan cualquier cosa que este siglo ofrezca. Si tienen la posibilidad y las ganas de adquirir un e-reader: háganlo. Los hay de muchos precios, marcas y con diferentes características, pero en el fondo supongo que todos funcionan igual de bien y no son una mala inversión para un ávido lector. No dejarán de amar la literatura por leer libros electrónicos y, definitivamente, cargar de un lado a otro con un libro de 800 páginas no los hará más interesante, solo les dejará un terrible dolor en los brazos. Ouch.

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