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Libros boxeadores

Por Deniss Villalobos:

“Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros.”

Franz Kafka en una carta a Oskar Pollak

El primer libro que tuve que dejar de leer para tomar un respiro y calmarme porque lo que pasaba en él me hizo sentir profundamente triste fue Los hermanos Karamazov de Dostoyevski. No recuerdo exactamente en qué parte fue, pero sí recuerdo todo lo que sentí y el ardor en mis ojos porque estaba llorando como si alguien me hubiese golpeado. No me pasa muy seguido, no todos los libros que leo me perturban tanto que tengo que detenerme un momento (unas horas, un día…) para poder continuar, pero cuando pasa es imposible ignorar que lo que acabo de leer es, de una u otra forma, muy importante.

Las razones por las que los libros nos golpean y paralizan por un rato, o incluso nos obligan a abandonarlos por completo, son muy variadas. Algo muy triste, algo que nos causa asco, una escena muy violenta o dormirnos de lo aburrido o malo que es un libro son algunas de esas razones, pero dependiendo de quién lo lea, un libro podrá o no tener cierto efecto en el lector. Un ejemplo: en el último libro de Harry Potter mueren varios personajes importantes y en cada una de esas muertes lloré tanto que tuve que dejar de leer porque los ojos me ardían, pero tiempo después mi hermana leyó el mismo libro y no derramó ni una sola lágrima. Quizá no todos los que han leído Déjame entrar de John Ajvide Lindqvist sintieron muchísimo asco y terror; tal vez otros lectores de Ánima de Wajdi Mouawad no tuvieron una pesadilla acerca de un asesinato y violación que ocurren en la novela; y claro que no todos abandonaron Viaje al fin de la noche de Céline por encontrarlo aburridísimo (creo que, de hecho, la gran mayoría opina lo contrario), así que el libro que a unos nos deja el ojo morado o tirados en el piso, a otros apenas los acaricia o les susurra algo que no alcanzan a escuchar.

No sé si estoy completamente de acuerdo con con lo que dice Kafka en su carta a Oskar Pollak, porque no creo que los únicos libros que valen la pena son los que nos afectan de una forma muy notoria. Creo que los libros tranquilos, los que nos acompañan en una caminata en la playa o nos ayudan a plantar flores en el jardín también son necesarios, pero definitivamente los que nos golpean y sacuden, los que son un hacha o un boxeador, dejan en nosotros una marca que es difícil olvidar, incluso los que nos impresionaron de forma negativa, pues siempre recordaremos decir lo malo que nos pareció cuando alguien los menciona, que es mucho más relevante que aquellos libros que simplemente olvidamos haber leído.

«Pienso que sólo debemos leer libros de los que muerden y pinchan. Si el libro que estamos leyendo no nos obliga a despertarnos como un puñetazo en la cara, ¿para qué molestarnos en leerlo? (…) Lo que necesitamos son libros que nos golpeen como una desgracia dolorosa, como la muerte de alguien a quien queríamos más que a nosotros mismos, libros que nos hagan sentirnos desterrados a los bosques más remotos, lejos de toda presencia humana, algo semejante al suicidio.»

Los libros boxeadores se sienten como puñetazos, justo como dijo Franz, pero muchas veces son esos libros los que más se disfrutan, así que solo recomiendo que aguantemos esos golpes lo mejor que podamos y nos preparemos para el siguen round o abandonemos sin remordimiento en el ring a los que solo nos estén haciendo perder el tiempo.

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