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Las palabras son mis ojos

Por Deniss Villalobos:

Y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene…
Pablo Neruda

 

 

Hay una palabra en portugués que me gusta mucho: saudade. No recuerdo exactamente cómo fue que llegué a ella por primera vez, supongo que por alguna canción o navegando en internet, pero no fue hasta que leí un cuento de Enrique Vila-Matas llamado Muerte por saudade que me interesé por el significado y me di cuenta que, sin saber que había una palabra para describirlo, ya conocía ese sentimiento. He leído varios significados de la palabra, como el que dan Clarice Lispector o Fernando Pessoa, pero creo que lo especial de ella es que en realidad no puede definirse por completo. La saudade es un sentimiento, o más bien un estado de ánimo, que aparecerá de forma distinta para cada persona. El protagonista del cuento de Vila-Matas la describe así:

La ciudad entera está llena de solitarios dominados por la nostalgia del pasado. Sentados en sillas públicas, que en los miradores o en los muelles el propio ayuntamiento ha dispuesto para ello, los practicantes de la saudade callan y miran hacia la línea del horizonte. Parece que estén esperando algo. Cada día, con perseverancia admirable, se sientan en sus sillas y esperan mientras evocan los días del pasado. Lo suyo es la melancolía, cierta tristeza leve.

Gracias a esta palabra despertó en mí el interés por conocer otros vocablos que se refiriesen a cosas tan específicas que no existiera para ellas un equivalente en otro idioma. Así fue como conocí, por ejemplo, una palabra rusa con la que me identifiqué de inmediato: pochemuchka, que se refiere a una persona que hace muchas preguntas.

Me parece maravilloso que existan tantas palabras en idiomas tan variados definiendo sentimientos o actitudes que todos podemos experimentar. Cuando pienso en este tema recuerdo un poema de Octavio Paz y me doy cuenta de que sí: las palabras son mis ojos, pero también son oídos, piernas, brazos y un corazón que late con fuerza.

Schadenfreude viene del alemán y designa el sentimiento de alegría creado por el sufrimiento o la infelicidad del otro. El término se usa también como expresión culta en otros idiomas, como el inglés y el español. A veces se traduce como regodearse o regodeo, definido por la RAE como “complacerse maliciosamente con un percance o apuro que le ocurre a otra persona”. Por otro lado, muditā es un vocablo sánscrito y pāli que significa alegría y se define como el placer que proviene de deleitarse por el bienestar de otras personas. El ejemplo tradicional de este estado mental es la actitud de los padres al observar los logros y éxitos de un niño en crecimiento, pero no como sinónimo de orgullo, pues la sensación no debe tener ningún interés o beneficio directo de los logros del otro. Tenemos dos palabras en lenguas completamente distintas que describen sentimientos totalmente opuestos, pero a pesar de eso hay en ellas un hilo que las une de manera profunda, como héroe y villano estarán siempre ligados en una historia.

Me emociona que tal vez quienes lean este texto no habían escuchado ninguna de estas palabras antes, pero sí las han experimentado alguna vez en su vida. También, sin darnos cuenta, conocemos palabras que no tienen una traducción en otras lenguas, como “sobremesa” que para nosotros es muy simple, pero en otros idiomas tendría que describirse en por lo menos un párrafo.

Preocuparse por tener buena ortografía y saber redactar decentemente es importante, pues en algún momento tendremos que escribir un documento importante o simplemente queramos hacer uso correcto de nuestra lengua, pero tampoco me rasgo las vestiduras si alguien no escribe muy bien ni voy por el mundo burlándome de aquellos que no estén interesados en saber la diferencia entre hay, ay y ahí. Las palabras son más que morfemas, fonemas y signos: son, también, sentimientos e imágenes. Decimos casa y podremos ver nuestro sofá favorito, la alacena en donde guardamos el cereal que compramos ayer y las cortinas que odiamos pero no hemos cambiado en años. Decimos papá o mamá y podemos sentir un abrazo. Decimos pájaro y escuchamos un canto.

Por eso es fantástico conocer palabras nuevas en lenguas extrañas para nosotros, porque podemos darnos cuenta de que a pesar de que la mayoría de nosotros no hablaremos muchos idiomas ni visitaremos muchos lugares, hay palabras que nos unen a personas que solo podremos conocer a través de los sentimientos que todos los humanos compartimos, sin importar cómo sean llamados en cada idioma del mundo.

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