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Las historias que necesitamos

Por Deniss Villalobos:

“La literatura es un lujo; la ficción, una necesidad.”

― G.K. Chesterton

En las últimas semanas he visto cuatro temporadas de Mad Men, esa serie que muchos adoran y que por años creí que no me gustaría. Al haber llegado tarde es genial saber que no tendré que esperar meses o años para ver qué ocurre después, cómo le va a mis personajes favoritos y poder hacer un maratón para cada temporada. Lo malo es que, al mismo tiempo, me gustaría haber sido parte de esa espera. Haber entendido, en su momento, todos los comentarios en redes sociales, las pláticas sobre la serie que se daban a mi alrededor y yo no entendía. Me gustaría haber sido parte de ese grupo que vio a poco a poco cómo la historia avanzaba y los personajes cambiaban.

Así que, mientras paso todas mis horas libres observando la vida de Don Draper, también me he preguntado por qué las personas amamos tanto la ficción. ¿Por qué pasamos tanto tiempo metidos en la vida de alguien más? ¿Qué hay en todas esas historias que nos provocan sentimientos tan intensos? ¿Por qué a veces somos más empáticos con un personaje de ficción que con las personas que nos rodean? ¿Por qué podemos enamorarnos o sentirnos decepcionados de gente que no tiene carne y no tiene huesos? ¿Por qué a veces el mundo real parece más borroso que el de la ficción?

Volviendo a Mad Men, y pensando en otro de mis personajes favoritos, llego a la conclusión de que me es más fácil perdonar y querer a Don Draper o a Tony Soprano que a las personas reales que comparten características con esos personajes (decir mentiras, ser violentos, aprovecharse de quienes los aman…). En la gente que me rodea esas actitudes y acciones no son algo que tolere o acepte, pero en la ficción me encuentro constantemente justificando a los personajes que las cometen y, según los comentarios que leo y escucho de otras personas, a muchos les pasa lo mismo.

Es fácil sentir muchas cosas cuando entras a un mundo ficticio: ira, dolor, miedo, deseo, ternura e incluso amor. Llegamos a conocer a esos personajes y sus motivaciones más de lo que conocemos a las personas que podemos tocar. Quizá no sabes cómo fue la infancia de tu madre o tu esposo, pero sabes exactamente cómo el villano de la serie que ves fue víctima de sus padres, unos científicos que lo usaban para experimentos terribles cuando era apenas un niño. Es difícil no quedar prendados de mundos que nos ofrecen más detalles que aquel en el que vivimos.

Miles de cosas han cambiado a través de la historia, y son pocas las que compartimos sin importar la geografía, el tiempo o las clases sociales, pero la necesidad de escuchar, contar, leer o ver historias no ha desaparecido. Desde siempre han existido historias que intentan explicar el origen de las cosas, como el universo o un amor. Los mitos, las leyendas, los cuentos de hadas: la ficción mezclada con la realidad siempre ha sido una necesidad. Fuera de características biológicas, la imaginación es probablemente lo único que compartimos todos los humanos. Algunos buscamos esos mundos a los que asomarnos en la literatura, otros lo hacen en los cómics, las telenovelas, el anime, el cine o el manga. La lista de opciones es larga, y cada una de ellas cubre la necesidad de ficción de alguna persona.

Tal vez lo que más nos atrae de los personajes e historias es que nos permiten practicar para enfrentarnos al mundo y experimentar cosas que no existen fuera de esas historias. Por un lado, la ficción sirve como un simulador que nos permite hacernos una idea de lo que pasaría en “la vida real” si escapamos de casa con el chico de la motocicleta o si decidimos ir a la universidad, si abandonar tu trabajo y unirte al circo sería una buena decisión, o cuáles serían las consecuencias de convertirte en el amante de la esposa de tu mejor amigo. Por arriesgado y poco confiable que sea tomar como ejemplo o experiencia algo que leíste o viste en una pantalla, es cierto que también sirve como motor o freno. Y, por otro lado, tenemos la oportunidad de hacer cosas que son imposibles en nuestras circunstancias fuera de la ficción. Desde entrenar a un dragón, vivir en un castillo en Francia hace quinientos años, convertirte en detective londinense o ir a una escuela de magia, hasta ser el jefe de la mafia italiana, un hombre enfermo de cáncer que se vuelve millonario por producir y vender drogas o la primera dama de los Estados Unidos: todo es posible gracias a la ficción.

Por eso, la próxima vez que pases cinco horas viendo Netflix o que creas que quedarte leyendo hasta las tres de la mañana es un desperdicio de tiempo, piensa que existe la posibilidad de que eso que estás viendo o leyendo ahora te sirva mañana para entender mejor a alguien, para saber lo que se siente estar en otros zapatos o a la hora de tomar una decisión importante. No estamos seguros de si las historias que necesitamos un día nos ayudarán a dar un paso, o a  saber cuándo es hora de marcharnos, pero creo que valen la pena si hacen que los colores del mundo nos parezcan más brillantes y las personas más reales.

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