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La vida como vocación

Por Alejandra Eme Vázquez:

Por muy ilegible que nos parezca a ratos, el acto de vivir encuentra siempre su propia narrativa. Es posible, sin embargo, que este hilo conductor no sea evidente más que para el ojo ajeno, y quizá sólo cuando hay de por medio tiempo y distancia suficientes: estamos demasiado ocupados viviendo y demasiado involucrados como para reparar detenidamente en nosotros, en términos de historia. Por ello hacen falta miradas que recobren estas narrativas, y por ello el oficio de biógrafo es lo mismo incómodo que necesario, tanto para recuperar las individualidades que ayudan a explicar hilos conductores globales como para explorar con mayor profundidad la Vida, así en mayúscula, a partir de métodos que resultan ser más íntimos de lo que parecen. Biografiar es trazar un mapa a partir de pasos ajenos que al seguirse, revelan también una parte de ese camino propio que no nos es dado ver a plenitud. A esta clase de ejercicios entrañables pertenece el libro Octavio Paz: el misterio de la vocación, de Ángel Gilberto Adame, publicado recientemente por Aguilar.

Este volumen de ensayos biográficos nos recibe con un prólogo fantástico en el que Christopher Domínguez Michael reflexiona en voz alta sobre cómo el minucioso trabajo de Adame ha venido a poner puntos sobre íes que durante muchos años, los propios especialistas en Paz no habían visto siquiera. La genuina sorpresa de Domínguez Michael es refrescante en sí misma, si consideramos que se está hablando de una figura que en apariencia ha sido revisada hasta el cansancio, y por tantas manos. Alrededor del Nobel de Literatura mexicano se ha construido un canon que se jacta de ser tan resistente, que la sola idea de que hay tantas afirmaciones infundadas y tantos espacios vacíos llena de aire nuevo las posibilidades. Es cierto que lo primero que podría decirse de este libro es que ya se ha hablado suficiente de Octavio Paz, pero bastan el prólogo y las primeras páginas para dudarlo; porque el trabajo de investigación se permite ir, junto con nosotros, estableciendo los puentes necesarios para seguir avanzando en un territorio que acierta en tratar como inexplorado, mediante la constante puesta a prueba de hipótesis informadas y sustentadas en datos directos que deshacen prejuicios y renuevan preguntas.

Además de la invaluable labor de archivo y el trabajo de campo del que hace gala, uno de los aspectos más valiosos de este documento es que da cuenta de su propio proceso: las páginas que lo conforman no sabían, en principio, que estaban aportando información tan reveladora ni que estaban renovando los estudios pacianos en más de una forma, pero el procedimiento que siguieron fue armando un corpus de investigación tan sólido como para aspirar cada vez a mayores conquistas. Según explica Adame al inicio, el libro incluye en su título «el misterio de la vocación» por una cita de Paz en la que afirma que en algún punto de nuestra historia somos llamados a salir de nosotros mismos, descubriendo y revelando lo que hemos de ser; es curioso que eso sea justamente lo que les sucede a los ensayos de este libro, que surgieron de la pregunta auténtica sin saber siquiera que estaban llamados a conformar un documento que así ha encontrado su vocación. Vocación de biografía, que es decir también vocación de vida.

Desde la presentación se nos advierte que el libro no es un estudio definitivo sino una invitación a seguir indagando en los senderos trazados y quizá, aunque no se diga abiertamente, a replantear el oficio de biógrafo en nuestro país. En este sentido, es cierto que se antoja una pronta reedición en la que se continúe el proceso de investigación y se subsanen algunos altibajos que se dan sobre todo a la mitad del texto, como en el apartado relativo a la boda de Paz con Elena Garro, que nos queda debiendo el rigor al que nos acostumbra el resto de los ensayos: sin duda, hubo algunos episodios que absorbieron la atención del biógrafo con mayor fuerza que otros y eso es evidente en el resultado final, lo que deja abierta la oportunidad de nuevas y más profundas revisiones en el futuro.

Parece que el biógrafo está destinado, como dijo Plutarco y luego tantos otros, a andar por fronteras nada cómodas. Este libro no es la excepción y a ratos se enfrenta con dilemas de praxis (¿hasta dónde el investigador puede intervenir comentando o concluyendo?, ¿qué tan parcial es la interpretación de datos con los que se ha convivido por tanto tiempo?, ¿ser neutrales es, más que posible, deseable?) o con límites que no puede franquear; sin embargo, el método es hasta cierto punto infalible cuando hace gala de recursos y confronta testimonio con archivo, hemerografía con correspondencia, anécdota con dato duro, de manera que el resultado es más que apreciable. Destacan sobre todo las partes en que el texto se da licencia de revelarnos con minucia su modus operandi, como sucede con la joya que es la fotografía de portada, de la que se nos cuenta la historia desde que Ángel Gilberto Adame la tuvo en sus manos, por una muy afortunada casualidad, hasta que fue explicándola y ramificándola para llegar finalmente a este árbol de vida que se le fue formando en las manos, a fuerza de preguntarse.

En la presentación del volumen, Adame declara que su investigación es fruto «de la conjunción de tres elementos: pasión, admiración y obsesión»; parece que después de su ardua labor, la misma que se le fue convirtiendo en una empresa irrenunciable, el autor sugiere que esas tres son las características que se requieren para lograr iniciar, desarrollar y concluir un trabajo de esta naturaleza. Tal es la esencia que se materializa en este conjunto de ensayos, que al final opta por darse una pausa, aun cuando ha abierto tantas líneas de investigación, con tal de no ceder a la fiebre de octaviopacismo que nos inundó con tanta fuerza el año pasado, en el centenario del nacimiento del poeta, exactamente en las fechas en que se estaba escribiendo este volumen. La última frase del libro es así de significativa, cuando el autor narra en primera persona cómo desistió de seguir la pista al paradero de la tumba donde descansa la abuela paterna de su biografiado porque la memoria le advirtió que estaba en pleno 2014: «[R]ecordé que quizá debía esperar por tiempos mejores, ya que ahora estaba en el año de Octavio Paz», dice un biógrafo que al parecer busca encontrarse con su objeto de estudio en un terreno más terso y justo, menos transitado, nunca oportunista.

Por eso puede afirmarse que a la fórmula pasión+admiración+obsesión se suma un aspecto más: este libro es resultado de la buena lectura en su sentido amplio, porque la buena lectura llama a la vida y la vida crea oportunidades. Pensar que una persona, por muy canónica que sea en algún ámbito, equivale únicamente a su prestigio (esa construcción ajena) es sepultar todas las posibilidades que nos otorga seguirle los pasos para crear un mapa que, de alguna manera, nos explique también en cierto sentido. Lo que hace Ángel Gilberto Adame en Octavio Paz: el misterio de la vocación es valioso en muchos niveles, pero sobre todo hay que reconocer el impulso genuino por conocer a fondo y el maravilloso sentido común de su método. Si se quiere saber todo hay que preguntarlo todo, y en todas partes; ¿por qué, en el caso de Paz, a nadie se le había ocurrido hacerlo? Adame nos recuerda que antes que biografiar hay que dotar de vida y entonces emprender la búsqueda: ahí están los que continúan en el mundo, para responder; ahí los testimonios, para dudar; ahí las cartas, para reconstruir; ahí los archivos, para descubrir; aquí la Vida en mayúscula, esperándonos, para poner los puntos sobre todas sus íes.

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