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La sociedad que nos merecemos

Por Frank Lozano

Ungido con la legitimidad que da el éxito y con la congruencia de una trayectoria personal intachable, Alejandro González Iñárritu coronó su noche triunfal con un anhelo: “Ruego que podamos encontrar y tener el gobierno que nos merecemos”.

La frase fue directa y puntual. Y el destinatario es tan amplio como amplia es nuestra clase política.  No se trató de un acto de demagogia, ni fue una ocurrencia. No pretendió convertirse en un protagonista, él era el protagonista y era su noche. González Iñárritu refleja el anhelo de muchos, pero no la verdad detrás del anhelo.

Eso no le quita validez a su intervención, pero da pie a reflexionar sobre la cuestión ¿Se puede desear un mejor gobierno sin aspirar a tener una mejor sociedad? Definitivamente sí se puede. De hecho, esa ha sido la constante y como tal, esa ha sido la condena de una sociedad que por diversas circunstancias abandonó lo político y la política.

En el contexto actual, el anhelo de encontrar y tener el gobierno que nos merecemos se vuelve una tara, una carga y una renuncia, si detrás de él no hay una convicción  seria y profunda de convertirnos en una mejor sociedad.

Los partidos políticos, los sindicatos, las burocracias están formados por nuestros vecinos, por nuestros parientes o por nuestros conocidos, es decir, por ciudadanos, no por tribus extraterrestres o especies desconocidas.

La corrupción y la perversión de lo político y de la política que hoy vemos, no son productos de importación, provienen de nosotros mismos. El gobierno, el partido, el cargo, solo son las diversas plataformas con que contamos para torcer la ley.

El empresario que soborna a un funcionario actúa igual que el ciudadano que se estaciona en un lugar para personas con discapacidad. Al que se mete en la fila, lo motiva el mismo principio que el que se beneficia con información para una licitación. El que evade impuestos actúa en el mismo rango que el que vende frituras en el espacio público. El que le da una mordida a un agente vial, actúa igual que el diputado que pide un moche para etiquetar recursos.

Si como dijo el Presidente Peña Nieto, la corrupción es cultural, tiene un padre y ese padre se llama Partido Revolucionario Institucional. México es lo que es porque el PRI pervirtió todo lo que tocó. Impidió la formación de una ciudadanía para crear clientelas; instituyó la dádiva a cambio del favor político; impulsó el control de medios y el control político para chantajear; durante años combatió la libertad política, a la oposición y a los medios libres; utilizó la educación como un medio para crear un adoctrinamiento artificial de la historia y del papel del mexicano hacia su patria.

La construcción de una mejor sociedad y por ende, de un mejor gobierno, pasa por alejarnos de la herencia cultural del PRI, a saber, una herencia de mentira y de corrupción. La democratización de la sociedad, el cambio en el paradigma educativo, el reapropiarse de la política y de lo político como fenómenos verdaderamente ciudadanos, el ganar terreno en lo público y rediseñar al Estado, son apenas algunas de las tareas que debemos emprender para ser la sociedad que queremos.

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