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La Secretaría de Cultura ¿Ocurrencia o necesidad?

Por Frank Lozano:

La creación de la Secretaría de Cultura, en sustitución del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes será un hecho para el año 2016. En la exposición de motivos para su creación, Peña Nieto afirmó que la cultura es una prioridad nacional.

Para ser congruente con sus palabras, Enrique Peña Nieto propuso un recorte de casi dos mil millones de pesos en la propuesta de presupuesto de egresos para el próximo año. Estos dos mil millones de pesos menos, afectarán a diferentes ámbitos de la cultura: el cinematográfico, el de los libros, el del teatro y al INAH, por mencionar algunos casos.

En el papel, la iniciativa no suena mal. El CONACULTA se había vuelto un mero apéndice de la SEP, sin peso y sin relevancia. Al convertirla en Secretaría, se le eleva el rango, adquiere mayor visibilidad y, en cierto sentido, peso político.

El futuro Secretario de Cultura podrá hablarse de tú con otros secretarios, sin la dependencia sectorial que actualmente tiene y que la supedita al Secretario de Educación.

No obstante —como ya es parte del estilo de este gobierno—, el anuncio no vino acompañado de un informe de resultados. Peña Nieto no presentó un balance de lo que el  CONACULTA avanzó en materia cultura.

No menciona las áreas que deben reforzarse. No menciona nada respecto al estado de la cultura en las entidades federativas. No aportó datos de ninguna naturaleza que sirvieran como soporte a una decisión que, le guste o no, debe respaldar y sustentar. De esa manera, lo que podría haber sido una buena idea, queda como una ocurrencia de un régimen que busca sacar del sombrero temas empáticos para poder enganchar con un público cada vez más enojado.

El gobierno federal quiere hacer magia y recurre a la vaquita marina o a la cultura, como conejos y palomas que el mago se saca de la manga, para buscar el aplauso fácil. Una vez más, la naturaleza antidemocrática del régimen y la herencia del partido que gobierna se pone de manifiesto en la metodología o, mejor dicho, en la ausencia de una metodología que habría permitido socializar la idea de un cambio en el CONACULTA para, posteriormente, determinar hacia dónde y cómo conducir a una institución.

¿Alguien tiene conocimiento de si se realizaron foros y consultas para construir la propuesta de Secretaría de Cultura? ¿Alguien sabe si existe un diagnóstico nacional que permita diseñar una organización que, precisamente, responda desde su diseño a las problemáticas estructurales, financieras, regionales de la cultura?  ¿Alguien conoce cuál es la estrategia propuesta para esta nueva secretaría para la difusión cultural, las producciones, el impulso a las industrias creativas, la relación con los creadores, el manejo de los espacios culturales, los planes de desarrollo de nueva infraestructura cultural, la formación de públicos, el papel del municipio en materia cultural, el estado del patrimonio cultural, el marco legislativo de la cultura, la situación de los gremios culturales, la descentralización y desarrollo regionales?

Estoy seguro que nadie lo sabe, porque sencillamente no se hizo. Este gobierno, se equivoca hasta en las materias más nobles, en donde puede marcar diferencias de forma simple. Este gobierno hace las cosas al revés. Propone una iniciativa sin saber para qué y sin saber explicar por qué. La Secretaría de Cultura, de origen, tiene el sello del gobierno: es una ocurrencia y carece de consenso social.

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