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La otra cara del caos

Por Nerea Barón:

Todo está plagado de estructuras de poder. Me lo hacen saber todo el tiempo los críticos de Twitter y de Facebook; me lo dicen mis amigos feministas, mis amigos ateos, mis amigos marxistas y mis amigos foucaultianos. Estamos en el ojo del huracán del abuso, de la inconsciencia y de la injusticia, y debajo de ciertas prácticas aceptadas y aparentemente inocuas está la semilla podrida que reproduce todo el sistema de sometimiento y corrupción.

Les creo. Genuinamente les creo. Cuando los leo a veces hasta me dan ganas de disculparme por ser tan ilusa y no verlo siempre, por no darme cuenta de que hay una íntima conexión entre el señor que me grita “guapa” en la calle y los feminicidios de Ecatepec, o entre el listillo que avanza unos metros en una calle en sentido contrario y la corrupción que sostiene a personas como Peña Nieto en el poder, con todo y su brutal historial.

Me siento, por lo mismo, deficiente como guerrillera y como activista social, y agradezco que haya gente con suficiente energía para indignarse y alzar la voz por todos esos pequeños atropellos. Sin embargo, por mucho que me esfuerzo en ser la enojona que el Consejo de Intelectuales de Twitter, S.A. de C.V., la Liga de la Justicia y el Partido Antichingaderas me exigen, no logro desear imitarlos. Y es que no estoy segura de querer vivir en el mundo en el que ellos viven ni de tener que avergonzarme del mío.

En el mundo en el que yo vivo hay hombres que me hacen la plática sin agredirme necesariamente, incluso cuando identifico su atracción hacia mí. En el mundo en el que yo vivo me parece un circo cándido y simpático que cierren las calles para ver al Papa, aunque me vea afectada; hay extraños que me ayudan a cambiar la llanta sin que eso me haga sentir débil, y si el otro se me mete en el coche pienso antes “¡qué prisa tiene!” que “¡maldito abusivo!”.

Dicho de otra manera, en el mundo en el que yo vivo hay margen para el error, para el malentendido y para la inconsciencia, y aunque bajo cierta lupa se puede leer como condescendencia o complicidad silenciosa, resulta que soy capaz de atravesar la ciudad sin que se me altere el temple, y en un buen día hasta de defenderla y verla viva, amable y bonita.

Si agradezco que haya gente luchando por los derechos de todos y nombrando las estructuras de poder que hay en cada gesto y en cada calle, es porque así como esos discursos son necesarios a su manera, con su alerta incorruptible permiten que otros nos dediquemos a emprender otras batallas y, ya sea desde el aula, el consultorio o la cotidianidad misma, podamos ocuparnos de dar el discurso contrario, igual de necesario y urgente: que el mundo es habitable, que existe el amor y que el otro también sufre y es mucho más que un imbécil empeñado en agriarnos la mañana.

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Feedback

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  • Jorge Israel Figueroa

    Yo me confieso culpable de perder la paciencia muy fácil cuando estoy detrás de un volante, y no, no veo una estructura detrás de esos abusos, simplemente somos animales muy egoístas.

    En algún momento el noble fin de revisar lo que decíamos para detectar los bias que tenemos en el hablar se convirtió en esta monstruosa corrección política que todo lo asfixia, y sí, es bien fácil ser un montón de indignados, mucho más fácil que ser positivos.

  • Daniela

    Creo que algunos somos afortunados por poder habitar al mismo tie,mpo los dos mundos que describes, no creo que sean excluyentes.

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