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La fugacidad de la eternidad

Por Adriana Med

La eternidad es un concepto complejo sobre el que podríamos discutir sin descanso, indefinidamente, pero esencialmente tiene dos significados: el primero y más conocido se refiere a la inmortalidad o el tiempo sin límites, y el segundo, que también es muy interesante y es en el que me centraré, se refiere a la existencia sin tiempo o fuera del tiempo.

¿Recuerdas esa conversación con tus amigos en la que sentiste que el tiempo se detuvo, o ese beso que te hizo olvidar dónde demonios estabas? Bueno, pues eso es la eternidad. Momentos o experiencias luminosas en las que solo importó el aquí y el ahora, liberando por un instante a las hojas del calendario y las agujas del reloj de sus obligaciones. La eternidad no es infinita. La eternidad ni siquiera tiene que durar mucho. La eternidad es una estrella fugaz.

A veces tengo la mala costumbre de pensar en los finales, los pequeños y los grandes, y también en el final definitivo de todo lo que conocemos. Es muy triste, sin embargo, confío en que todos los finales también son principios, que de cada terrible destrucción surgirá una hermosa construcción, y me alivia la seguridad de que en el momento exacto de mi muerte cientos de bebés estarán naciendo. Ah, los ciclos.

Pero volvamos al final definitivo (entre comillas, porque, como dije, todo final suele ser el principio de algo más). Es cierto que algunos finales parecen muy lejanos. Un grupo de científicos estima que el fin del universo ocurrirá en 3 700 millones de años, aproximadamente. Otros calculan que dentro seis mil de millones de años el sol se convertirá en una gigante roja, hecho que tendrá consecuencias devastadoras para el sistema solar. Pero hay finales que parecen mucho más cercanos. Desgraciadamente estamos destruyendo al planeta. Los océanos están muriendo. El clima está cambiando. Y por si eso fuera poco un asteroide podría chocar con la Tierra en cualquier momento o la humanidad podría extinguirse por una pandemia mundial, un tsunami o la erupción de un supervolcán. Se nos olvida que no somos dioses, solo hombres, y somos tremendamente vulnerables.                                                  

Suelen decir que la meta no es vivir para siempre sino crear algo que lo haga. Es muy hermoso, y supongo que no hay que tomarlo de manera literal, pero no puedo dejar de pensar que ni siquiera el arte es inmortal. Llegará el día en que todos los libros, todos los cuadros y todas las esculturas serán polvo, y grandes genios como Leonardo da Vinci ni si quiera serán un recuerdo. Sí, el arte vivirá más que nosotros, pero también morirá.

Pese a todo, hay que seguir escribiendo, pintando, esculpiendo. Me encanta esa frase de Martin Luther King que dice que si supiera que el mundo se acaba mañana, aun así plantaría un árbol. Y creo que el arte y acaso la vida es eso: seguir plantando y regando árboles en el mundo aunque él esté destinado a desaparecer. Porque sí, porque por qué no, porque la eternidad es ver la arena deslizándose entre tus dedos mientras oyes las olas del mar y unos niños riendo a lo lejos.

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