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La FIL y los ideólogos de la cultura

Por Nerea Barón:

Este año tuve la oportunidad de ir unos días a la FIL a presentar un libro (de venta en librerías). Como el año pasado no pude ir, tenía muchas expectativas, la mayoría de ellas bastante mundanas: quería sobre todo ir a las fiestas editoriales a beber y a socializar como lo solía hacer cuando iba de representante de cierta editorial.

Fracasé un poco en la empresa porque llegué al mero final, cuando ya todos estaban ojerosos y agotados, cansados de ir a las fiestas editoriales y de beber y de socializar, pues quien está dentro del medio sabe que en gran medida esa es la gracia de asistir a la feria, tanto así que por ahí ronda el término Fifty Shades of FIL, haciéndole honor a los one night stands que abundan entre botargas culturales, editores fanfarrones y poetas atormentados.

Dado este contexto, me resulta de lo más chocante que estos mismos personajes de la industria cultural se permitan hacerle críticas tan corrosivas a la feria: que si el hecho de premiar al mejor stand la vuelve una kermés de pueblo, que si sólo es un Sanborns grandote (porque los best-sellers son best-sellers en todas partes), que si se ha desvirtuado el objetivo como si el objetivo hubiera sido alguna vez virtuoso según sus altísimos estándares de élite.

¿Y si lograra estar a la altura de su elevada visión del mundo, a quién estaría dirigida? Si se hiciera la feria que desean, con propósitos prístinos y puras ediciones comentadas en latín, el público quedaría fuera y, en cualquier caso, aquel despliegue de esnobismo tampoco estaría exento de críticas.

No hace falta decir lo obvio: las deficiencias en el así llamado “mundo cultural” existen a basto. La mayoría de las editoriales concibe al lector como un mero consumidor y las decisiones sobre lo que se publica se toman pensando en su potencial comercial más que en su capacidad literaria, dando como resultado a un sinnúmero de libros basura. Sin embargo, creer que la vía para cambiar tendencias es demeritar el entusiasmo ajeno es simplemente mezquino.

Conviene recordar que la FIL de la que les hablo, la de los gafetitos, la compra de derechos y las presentaciones, es la FIL de una significativa minoría. Descontándola (descontándonos) se puede ver mucho más: ríos y ríos de gente, niños cacareando la lista de libros que quieren que les compre su mamá, adolescentes enterándose de que la literatura juvenil no se ciñe exclusivamente al par de sagas que conocen, universitarios fascinados con los libros especializados y amantes de la lectura en general encontrando joyitas en los stands de editoriales independientes y en el área internacional.

La FIL es una oportunidad como ninguna otra para acercar al público a una variedad de libros a los que de otra forma no tendría acceso, así que critiquémosla si hace falta, por supuesto, señalemos sus fallas administrativas y logísticas, pero al menos yo no tengo el aplomo para criticar a la señora que se acerca al libro de autoayuda que le promete superar su divorcio, a la niña que se forma dos horas para recibir el autógrafo del Werever o al organizador que puso esos libros a su alcance, porque si algo me ha enseñado la literatura es que la sensibilidad se afina, no se militariza.

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@Oz

Feedback

1
  • Francisco Arriaga

    Pues tengo 9 años yendo a la FIL desde guanajuato, y no me parece q sea tan superficial (por llamarlo de alguna manera, según capte). Si encuentras hasta a paty chapoy presentando su libro de chismes, pero tbn he visto a José Reveles, Annabell Hernández, Ernesto Cardenal el padre guerrillero Nicaraguense. En fin este comentario es para decir q en la FIL cada cual encuentra lo q de la cultura y las letras quiere, no es para unos cuantos.

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