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La fábula de la gallina y las garrapatas

Por Oscar E. Gastélum:

“México, país de contrastes, ha estado acostumbrado a administrar carencias y crisis. Ahora con el petróleo en el otro extremo, tenemos que acostumbrarnos a administrar la abundancia”.

* José López Portillo

“El petróleo no es oro negro, es el excremento del diablo”.

* Juan Pablo Pérez Alfonzo

A estas alturas de su exitoso sexenio, para nadie es un secreto que el Licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, no se conforma con ser un estadista de dimensiones históricas, sino que además es un orador excepcional que suele aderezar sus emotivos discursos con imágenes de un poderío poético digno de Celan o Mandelstam, por citar sólo dos de las influencias que, a primera vista, logro detectar en el estilo literario de un líder famoso por devorar bibliotecas. Por ello no me sorprendió en lo más mínimo que Peña Nieto nuevamente haya hecho gala de su genio lírico al tratar de venderle a una nación iracunda las bondades de un nuevo y estratosférico gasolinazo, explicándole la quiebra irreparable de Pemex a través de una metáfora deslumbrante y engañosamente incoherente: “La gallina de los huevos de oro se secó”.

¿Pero cómo demonios, se preguntará el escéptico lector, puede “secarse” una gallina? ¿Acaso estaba mojada? Y si es así, ¿qué tiene qué ver la humedad del plumaje de una gallina con la inconmensurable riqueza de una paraestatal petrolera y el obsceno despilfarro de la misma? Quien ose hacerse esas preguntas no hace más que exhibir su vulgar incredulidad. Pues lo que el redentor de México quiso decir es que Pemex, “nuestra” gallina de los huevos de oro, esa empresa que pudo fácilmente haber servido a los intereses de la nación financiando su modernización, estuvo infestada durante décadas por una plaga de parásitos voraces, auténticas garrapatas de dos patas, que se alimentaron de la sangre de nuestra pobrecita gallina hasta dejarla tan seca como la Sonda de Campeche.

Pensemos por ejemplo en el olvidado “Pemexgate”, ese monumental e impune atraco cometido por el PRI y que consistió en desviar cientos de millones de pesos del sindicato de Pemex para apuntalar la campaña presidencial de Francisco Labastida Ochoa, aquella momia homófoba que, a pesar de la ayuda ilícita que recibió, terminó perdiendo la elección frente a un ranchero bobalicón e ignorante. Y ya que hablamos del sindicato, recordemos también a su líder histórico: don Carlos Romero Deschamps, adalid de la lucha obrera que, por alguna misteriosa razón, es capaz de costearse un estilo de vida rebosante de lujos obscenos y excesos materiales que envidiaría hasta el más pretencioso jeque árabe. Y a pesar de que esos son sólo un par de modestos botones de muestra, creo que ilustran a la perfección el proceso de desecación de nuestra difunta gallina.

Sí, aunque nos duela en el alma es hora de aceptar que aquella abundancia petrolera que, en su delirio, López Portillo nos advirtió tendríamos que acostumbrarnos a administrar, no se invirtió en fortalecer a las instituciones del Estado o en mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos, sino que, como sucedió en Venezuela, Rusia o las satrapías de Medio Oriente, sólo sirvió para patrocinar el surgimiento de una oligarquía soez, mezquina y parasitaria, conformada por una clase política criminal e indistinguible de sus cómplices y socios en el sector “privado”. Es indudable que la crisis que viene va a ser muy dolorosa para millones de mexicanos, pero quizá sirva para despertarlos a cachetadas de su desesperante y complaciente conformismo. Pues si ya no hay suficientes huevos de oro para alimentar a nuestros parásitos y la indignación ciudadana se traduce en una movilización efectiva que desemboque en un cambio de régimen, esta traumática crisis podría ser el principio de la anhelada modernización nacional.

Por lo pronto, y volviendo a la elocuencia poética de Peña Nieto y su gallina desecada, no debemos olvidar que casi todas las alimañas ponzoñosas e insaciables a las que, con su ingeniosa metáfora, el presidente acusó de haber chupado la sangre de Pemex, pertenecen a la misma organización criminal disfrazada de partido político en la que él milita , y que él mismo es una de ellas. Ese bochornoso hecho demuestra la honesta y generosa autocrítica a la que es capaz de someterse nuestro rey-poeta, digno descendiente de Nezahualcóyotl. Dios lo bendiga…

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1
  • Carlos Leal Nuche

    Elocuente y certero, es verdad: todos ellos forman parte de la misma pandilla, y el más grosero, truan y ladrón, es Deschamps. Probablemente sería el primero en merecer los jitomatazos de Arne.

    Saludos.

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