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La crème de la crema

Por Deniss Villalobos:

I just want to live in peace, plant potatoes and dream.

Tove Jansson

Los viajes a la playa con mi familia siempre han sido divertidos, razón por la cual siento que han valido la pena a pesar de la humedad, el sol y la gente medio desnuda que no son exactamente parte de mi top diez de cosas agradables en el mundo. Convivir con mi familia en un viaje siempre trae un montón de situaciones vergonzosas que tiempo después contamos en reuniones y nos vuelven a divertir hasta hacernos llorar de risa.

Y, ahora que lo pienso, estoy segura de que la mayor parte de las familias mexicanas pasan por lo mismo cuando visitan, por ejemplo, Acapulco o el Puerto de Veracruz; el sol, los mariscos, andar en chanclas por todos lados y tomar piñas coladas terminan siendo una combinación perfecta para que las familias que ahorraron todo el año para una semana de vacaciones hagan uno o dos comentarios que otros podrían considerar excéntricos o desafortunados, o terminar metidos en situaciones que bien podrían ser parte de un tomo de La familia Burrón. Exactamente así es mi familia, y es por eso que adoro esos viajes.

Los Moomin, la película (Moomins On the Riviera) de Xavier Picard, basada en el cómic de Tove Jansson, y estrenada el viernes pasado en la Ciudad de México, me hizo pensar en esos viajes familiares y, en general, en la familia mexicana promedio. Seguramente quienes ubican a los Moomin pensarán en un valle, en Snufkin tocando su armónica y en la pequeña My haciendo alguna travesura, pero en esta película podemos ver algo que, si solo conoces la versión animada de estos personajes, yo solo había visto en los libros de Tove y que echaba de menos cuando veía las caricaturas.

Para empezar, los colores: esta nueva adaptación cinematográfica (bueh, no tan nueva, pues es de 2014 y gracias a Hilandera Entertainment está ahora en cines mexicanos) se parece mucho más a los dibujos y colores de los cómics originales. Desde el primer momento, cuando vemos a Snufkin caminando por una colina, sentí como si uno de los libros que tengo en casa hubiese cobrado vida en la pantalla de cine. Todo es exactamente como Tove lo imaginó: cada flor, cada detalle en la casa de los Moomin, la bolsita de mano que Mamá Moomin lleva a todos lados, el pelo rubio de Snorkmaiden, el vestido de Mymble y la pata de palo de un pirata. Todo te hace sentir dentro del cómic y para mí, eso ya tiene un valor inmenso, pero no es lo único que hace de esta película algo maravilloso.

La aparente simpleza de la historia es, como siempre, mágica. Quizá conocer de antemano a los personajes agregue un extra a la experiencia que tendrá el espectador con la película, pero estoy segura que para quienes se encuentren frente a los Moomin por primera vez, la historia también será interesante y encantadora. Al Valle Moomin llega el Black Shark, un barco pirata que está a punto de hundirse y del que los Moomin rescatan algunos tesoros: libros, fuegos artificiales y, por supuesto, ron. Gracias a la aparición de estos piratas, y a lo que Snorkmaiden lee en una revista sobre la riviera francesa, los Moomin deciden adentrarse en una aventura en el mar que los llevará hasta un hotel de lujo donde su ingenuidad y “excentricidad” serán confundidas con riqueza.

Papá Moomin haciéndose amigo de un marqués, Moomin celoso gracias a un actor insufrible, Little My mordiendo todo lo que se encuentra, un perro y un gato jugando juntos en la playa, Mamá Moomin creyendo que una tina de baño es en realidad una piscina, Snorkmaiden deseando tener la vida de Audrey Glamour… hay una historia y un personaje para que todos, niños pequeños y no tanto, incluyendo a los adultos, se sientan identificados.

Encontré en esta película, que además es muy corta, todo lo que amo en las historias de Tove Jansson: aventuras, amistad, la importancia de la familia, comentarios sarcásticos sobre lo que es el arte, un humor que a veces se vuelve negrísimo y que, a pesar de —o quizá gracias a ello—, convierte a los Moomin en una de mis familias favoritas para que los niños se acerquen a la literatura, y en este caso para que pasen poco más de una hora en el cine riendo y sorprendiéndose. Lo cierto es que extrañé a algunos personajes y me hubiese gustado que la película fuera un poco más larga; con más Snufkin, Mymble, Sniff, el señor Hemulen… pero para eso tenemos los libros, las otras adaptaciones, los cómics y, si eso no basta, todas las historias “para adultos” que Tove Jansson escribió además de los Moomin. Así que, si después de ocho párrafos no lo he dicho, recomiendo que chequen la página de su cine favorito y busquen esta película y vayan a verla porque, sin importar la edad o si conocen o no a estos personajes, sé que saldrán del cine sintiendo el sol de la riviera y escuchando el sonido de una armónica.

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