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La bestia del corazón

Por Deniss Villalobos:

Pese a percibir la muerte, contaba con la vida.

Herta Müller

I

Sientes que alguien metió tu cerebro en una licuadora y se olvidó de detenerla. También sientes que alguien te abrió el pecho y hay un animal alimentándose con pedazos de tu corazón. Casi nunca te permites ser demasiado optimista porque todos sabemos que cuando esperas un día soleado seguro llega una tormenta, pero tenías razones para creer que este año sería bueno. Y, aunque quedan doce meses y contra todo pronóstico aún conservas la esperanza, los primeros días han sido de los más tristes de tu vida.

II

Qué raro el cansancio físico cuando tu cuerpo está quieto. Sentir que en cualquier momento se te van a doblar las rodillas porque la tristeza que cargas ya no es una nube negra, que te moja y lanza truenos pero al menos flota sobre ti, sino una piedra gigante al más puro estilo del rey de Éfira. Quizá este cansancio llega cuando te duele tanto el alma que necesita la energía de tus piernas, brazos, espalda y cabeza para no extinguirse, porque si de algo estás seguro es de que las almas brillan; como la orilla del mar cuando es de noche y las velas a las que el viento no logra apagar.

III

Mientras buscabas un poema que habla sobre cajas de oscuridad encontraste esto: Things! / Burn them, burn them! Make a beautiful / fire! More room in your heart for love, / for the trees! For the birds who own / nothing – the reason they can fly. Dice Mary Oliver que los pájaros vuelan porque no poseen nada. Imaginas a los calamares vampiro en el fondo del mar con tesoros en la panza. Imaginas a alguien que amas flotando en la noche estrellada que a veces es el océano sin poder salir a respirar, con una pérdida y cientos de preguntas en forma de algas envolviéndole los pies.

IV

Cuando escuchas la voz de alguien que es importante para ti darte una noticia que sabes que cambiará su mundo y no estás ahí para darle un abrazo te sientes inútil y estúpido. Estúpido porque aunque pudieras dar doscientos abrazos en un minuto la realidad no cambiaría, e inútil porque el dolor que te causa no es nada comparado al de esa persona y no hay nada que puedas hacer al respecto. Todo alrededor se está derrumbando y lo único que puedes hacer es decir lo siento.

V

Alguien hace una broma y descubres que esa persona, a pesar de todo, aún puede sonreír. Piensas que todo va a mejorar y entonces suena la voz de Daniel Johnston recordándote que algunas cosas duran mucho tiempo. Y fantaseas con el último momento de tranquilidad, te aferras a ese último minuto antes de que todo cambiara, esos últimos segundos de normalidad que vas a repetir en tu cabeza una y otra vez, cerrando los ojos con todas tus fuerzas, deseando que al abrirlos estés de vuelta a ese punto en el tiempo.

VI

Todavía no sabes cómo escribir sobre la muerte pero tampoco sabes cómo no escribir sobre ella. El animal comiendo de tu pecho a veces se detiene, va y come del pecho de esa persona que amas, a veces incluso lame las heridas y se sienten un poco aliviados. Lo observas detenidamente y recuerdas que lo has visto antes, dando vueltas cerca de ustedes cuando los días eran felices. Y entonces lo reconoces, entiendes que se alimenta de sus entrañas porque ustedes lo crearon. La bestia no está ahí para robarles el corazón; lo que hace, con la inteligencia de un zorro y el cuidado de un ave, es mezclar la carne de ambos para dividir el dolor: para que todo sea más soportable.

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