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Itinerario periodístico de Octavio Paz en la Gaceta UNAM

Por Ángel Gilberto Adame:

La organización y apertura de acervos inaugura caminos para el investigador y amplía sus perspectivas en razón de las nuevas fuentes que están a su alcance. En ese sentido, considero importante revisar la relación que Octavio Paz mantuvo con la UNAM a partir de una consulta al archivo de la Gaceta de la Universidad.

Un recorrido por las páginas de la publicación, permite hacer un recuento de las ocasiones en que Paz volvió a su alma mater. Si bien durante la década de los treinta fue alejándose de la Máxima Casa en razón de su poca simpatía por los estudios profesionales y por los conflictos ideológicos que la acechaban, a su regreso de Europa procuró reavivar sus vínculos con ella. La siguiente cronología es muestra de ello:

23 de agosto de 1954: En el primer número de la Gaceta se informó  que, en el Auditorio de la Facultad de Derecho, el estudiante Eduardo Lizalde sustentaría la conferencia “Octavio Paz, poeta”.

7 de octubre de 1954: Tercera ponencia del ciclo “Los grandes temas de nuestro tiempo”. Ese día, a las 19:30 horas, en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, Paz disertó sobre “El surrealismo”.

31 de enero de 1955: En un artículo dedicado al éxito de los Cursos de Invierno de la Facultad de Filosofía y Letras, se lee: “Los cursos de los profesores Daniel Cosío Villegas, José Alvarado, Arturo Arnáiz y Freg, Justino Fernández, Octavio Paz, se han visto especialmente concurridos. Tres instituciones se han dirigido al Maestro Salvador Azuela, Director de la Facultad, solicitando autorización para publicar las conferencias”. Del 24 al 28 de enero de las 19 a las 20 horas en el salón 102, Paz había impartido el seminario “Cinco lecciones sobre la creación poética”.

19 de septiembre de 1955: Se incluyó una reseña de una mesa redonda encabezada por escritores y editores sobre los problemas del libro, en la que se acordó pugnar por la expedición de una ley de protección de la cultura. Para ello, se creó un comité integrado, entre otros, por Paz, Arnaldo Orfila, Antonio Castro Leal,  Jaime García Terrés, Juan José Arreola y Emmanuel Carballo.

11 y 18 de junio de 1956: Apareció un anuncio de la cartelera del inicio de los recitales de Poesía en voz alta. El proyecto se dividió en dos grupos, uno coordinado por Juan José Arreola y otro por Paz, en este último participaron Leonora Carrington, Juan Soriano, Nancy Cárdenas, Tara Parra, Rosenda Monteros, Carlos Fernández y Manola Saavedra, entre otros. La nota del programa de Paz la escribió Carlos Fuentes.

Roni Unger mencionó: “El 31 de julio de 1956 se estrenó el segundo programa en el teatro del Caballito; con cierto retraso, pues la fecha anunciada era el 17 del mismo mes. Octavio Paz incluyó en él obras desconocidas o poco conocidas […] pero, al igual que en el primer programa, en el segundo sólo se incluyeron obras en un acto, y el concepto original del teatro como un juego —un juego de palabras— permaneció intacto”. Las obras escenificadas fueron Los Apartes, de Jean Tardeui, El Canario, de Georges Neveux y El Salón del Automóvil de Eugene Ionesco. El 6 de agosto se hizo una breve crónica del evento, en la que se mencionó que la representación de La hija de Rapaccini volvería a escenificarse el 14 de agosto.

18 de febrero de 1957: La Universidad Nacional, para conmemorar el medio siglo de ejercicio literario de Alfonso Reyes, editó un libro jubilar, “compuesto de escritos inéditos especialmente dedicados a él por sus admiradores de uno y otro continente”. Además de Paz, entre otros participaron Waldo Frank, Mariano Picón-Salas, José Bergamín, Jorge Guillén, Gabriela Mistral y Juan Ramón Jiménez.

29 de abril de 1957: Dentro de la sección de nuevas publicaciones se incluyó el título de Paz Las peras del olmo, editado por la Imprenta Universitaria. En la sinopsis se destacó: “Esta última obra de Octavio Paz nos presenta otra faceta de sus múltiples talentos: la del crítico. Originalmente estos textos fueron publicados en diarios y revistas literarias y en ellos se expresa un lúcido espíritu crítico que sabe descubrir en obras y autores nuevos matices, impresentidas correspondencias entre el poema y la realidad”.

20 de mayo de 1957: Auspiciada por la Universidad, se publicó Sendas de Oku, “uno de los libros fundamentales de Matsuo Basho, poeta japonés del siglo XVII. Al interés intrínseco del libro viene a añadirse la circunstancia de ser ésta la primera versión íntegra de esta obra a una lengua occidental. La traducción fue hecha directamente del japonés por el poeta Octavio Paz y el Sr. Eikichi Hayashiya”.

5 de mayo de 1958: Convocado por la Universidad de Michigan, tuvo lugar un simposio sobre arte y cultura en México del 17 al 21 de abril. Además de Paz, entre los invitados estuvo Justino Fernández, Edmundo O’Gorman y Matías Goeritz.

26 de mayo de 1958: Modernización total de Radio Universidad. Paz se sumó al grupo de colaboradores de la estación universitaria. También participaban  Manuel González Casanova, Juan José Arreola, Jorge Avendaño Inestrillas, Juan Rulfo, lrene Nicholson, Rubén Bonifaz Nuño, Raúl Leiva, Eduardo Lizalde, Rubén Anaya Sarmiento y Livingston Denegrí Vaug. En ese espacio Paz colaboró con su antiguo camarada Rafael López Malo, quien fungía como director artístico.
16 de junio de 1958: Junto a Pierre Comte, Paz produjo para Radio Universidad el programa “Antología caprichosa”, el cual se transmitía los viernes a las 21:00 horas.

16 de marzo de 1959: Se añadió al catálogo de Ediciones de la Universidad el libro Rufino Tamayo de Paz, en edición trilingüe y con un precio de 50 pesos.

15 de mayo de 1967: Encabezó el ejemplar un artículo dedicado a la colección Voz viva de México, que tenía como propósito reunir en discos parte representativa de la obra de los autores más importantes del país recitada por ellos mismos. Participaron en esa empresa, entre otros, Jaime Torres Bodet, Carlos Pellicer, Martín Luis Guzmán, José Gorstiza, Salvador Novo, Agustín Yáñez, Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Juan José Arreola y Paz, con poemas de ¿Águila o Sol?, La estación violenta y Salamandra.

31 de agosto de 1967: Entre las novedades literarias se mencionó Puertas al campo, de Paz, sobre el que se comentó:

Se divide en dos partes. La primera contiene estudios sobre literatura, y la segunda trata de temas que atañen directamente a las artes plásticas. Los ensayos literarios no se limitan a los escritores mexicanos, sino abarcan también a poetas de diferentes orígenes, de cuyas obras incluye traducciones espléndidas. En cuanto a las monografías contenidas en la segunda parte, sobresale entre ellas la titulada Risa y penitencia, que trata de la risa mágica en conexión con el sacrificio, y la última del libro, donde se analiza el arte contemporáneo y es sometida a examen crítico la concepción del arte como mercancía.

15 de abril de 1968: Apareció una convocatoria a un certamen literario en memoria de Diana Moreno Toscano organizado por sus familiares. Podían participar escritores de poesía, prosa y teatro con obras inéditas. El premio para el ganador sería de 10 mil pesos y se entregaría a finales de mayo. El jurado estuvo integrado por Paz, José Luis Martínez, Rubén Bonifaz Nuño, Juan José Arreola y Héctor Azar. Las únicas limitaciones para concursar eran que los autores debían ser mexicanos y tener un máximo de 25 años al entregar sus trabajos.

9 de junio de 1971: La Facultad de Ciencias Políticas y Sociales invitó a un recital: “El escritor Octavio Paz leerá [fragmentos] de su libro Los Signos en Rotación, editado recientemente, mañana, jueves 10, en el auditorio Justo Sierra de Humanidades, en la Ciudad Universitaria”.

Al día siguiente ocurrió algo insospechado, como bien señala Evodio Escalante: “Me tocó estar en una multitudinaria lectura que debería tener lugar, precisamente, el 10 de junio de 1971. Estaba por iniciarse el acto cuando Paz anunció que le llegaban noticias de que grupos paramilitares estaban golpeando a los estudiantes en la Ribera de San Cosme, y que este hecho obligaba a suspender el acto”.

24 de julio de 1978: Inició el ciclo de conferencias “Homenaje a Octavio Paz”, organizado por la Dirección General de Difusión Cultural de la Universidad y la revista Punto de Partida. La charla inaugural estuvo a cargo de Carlos H. Magis.

24 de agosto de 1978: Se anunció la propuesta de concesión de doctorados honoris causa. El entonces rector Guillermo Soberón la fundamentó:

Por superación académica hemos entendido la renovación de planes y programas de estudio, la formación de personal académico, el fortalecimiento de los estudios de posgrado, el mayor desarrollo de la investigación, la ampliación de nuestras instalaciones, el incremento del acervo bibliográfico, el estímulo a las artes; hemos entendido, en suma, que la superación académica es la decisión colectiva de los universitarios para cumplir con una alta responsabilidad social en la medida misma que lo exigen las necesidades de México. […] Honramos a los más preclaros de nuestra Casa, pero también honramos —porque nuestra Casa es la del saber, que no tiene fronteras, ni patria, ni detentador exclusivo— a los que en otros centros de enseñanza y en diversas áreas de las artes, las ciencias o las humanidades, han contribuido a dilatar el horizonte de la cultura. Por lo anterior, y considerando las singulares virtudes de que son poseedores, propongo que sea conferido el Doctorado Honoris Causa a las siguientes personas. Sr. Carlos Chávez, Dr. Philip P. Cohen, Dr. Isaac Costero T., Dr. Eduardo García Máynez, Dr. Herbert H. Hart, Ing. Fernando Hiriart B., Dr. Harold Johnson, Dr. Claude Levi-Strauss, Dr. Alfonso Noriega Cantú, Dr. Edmundo O’Gorman, Dr. Alexander Ivanovich Oparin, Sr. Octavo Paz, Dr. Andrés Serra Rojas, Lic. Jesús Silva Herzog, Sr. Rufino Tamayo y Dr. Salvador Zubirán.

15 de febrero de 1979: El número estuvo dedicado a  la entrega de los doctorados honoris causa. Rubén Bonifaz Nuño, director del Instituto de Investigaciones Filológicas, fue el encargado de presentar a Octavio Paz. En su discurso expresó:

Teórico de lo humano, poeta, maestro, ha sustentado siempre su acción en una intachable postura moral. Sin considerar nunca los riesgos personales que debiera enfrentar, no ha vacilado en oponerse de modo responsable y comprometido a los poderes públicos. Y lo ha hecho asumiendo la actitud que le impone su conciencia individual, sin dejarse influir por la coincidencia de esa actitud con la de otros, y sin atender jamás a consignas de partido que pudieran contrariarla.

5 de marzo de 1979: En esta edición se incluyó una amplia crónica del encuentro que el presidente  francés Valery Giscard D’ Estaing sostuvo con intelectuales mexicanos, en el que Paz fungió como moderador. Al término del evento, Giscard agradeció al poeta “por haber escrito obras que permitan a nuestros compatriotas acercarse con mayor profundidad  al alma de México, especialmente su Laberinto de la Soledad”.

28 de junio de 1979: Se informó del inicio del ciclo de conferencias “La experiencia literaria”, que reuniría en la ENEP Acatlán a algunos de los máximos exponentes de la literatura mexicana. En las primeras semanas de agosto Paz hizo su intervención. Al inicio de la plática, puntualizó: “La poesía es un destino, existe una habilidad, facultad o como quieran nombrarle, que lleva a escribir poemas, pero también hay una fidelidad, una moral con su lenguaje”.  Después de toda una serie de reflexiones acerca del oficio de escritor, concluyó: “En realidad no sé por qué escribo cuando sería mucho más cómodo hacer otras cosas. La literatura no es una profesión agradable, es latosa y a veces implica sufrimiento”.

31 de enero de 1980: En la Librería Universitaria de Insurgentes tuvo lugar un “Diálogo entre Octavio Paz y David Huerta”. Paz llevó la pauta y precisó ciertos rasgos afines a su profesión: “Los escritores somos gente irritable, díscola y caprichosa, de modo que la vida literaria ha sido siempre una vida de polémicas, peleas, dimes y diretes”.

21 de julio de 1983: Informó de la develación de una placa conmemorativa en La Casa del Lago, con motivo de la finalización de las representaciones de la obra Novedad de la Patria. Como invitados de honor estuvieron algunos de los fundadores de Poesía en voz alta, entre quienes se contaron Juan José Gurrola, Héctor Mendoza y Paz.

26 de enero de 1984: Se dio cuenta de un homenaje organizado a Ramón Xirau por el Departamento de Talleres, Conferencias y Publicaciones de la Dirección General de Difusión Cultural de la Universidad. Tomaron la palabra Rubén Bonifaz Nuño, Eduardo Lizalde, Verónica Volkow, Ida Vitale, Ulalume González de León, José Emilio Pacheco, Álvaro Mutis, Alfonso de María y Campos y Octavio Paz. Este último bromeó diciendo que era el mayor en la mesa y por ello le correspondía dar un aire de familiaridad a la charla. Finalmente recordó:

[a Xirau lo vi] quizá por vez primera, en una reunión de escritores españoles, llevada a cabo en la editorial Séneca en 1941. Unos años después -prosiguió Paz-, Xirau me envió unos poemas a París y en ellos noté algo que acompañará por siempre a Ramón Xirau como un tema esencial en su obra: la presencia. Para él, ésta es un misterio, tal vez el encargado de revelar el enigma mismo de lo poético; pues es algo que vemos, ya que, como buen mediterráneo, Xirau sabe que las presencias invisibles son visibles. Así, la presencia es la realidad de este mundo.

18 de febrero de 1988: Destacó la presencia de Paz en una abarrotada Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras,  después de 17 años de no visitarla. Tras recordar algunas facetas de su etapa estudiantil, como los edificios del Barrio Universitario y los concursos de oratoria, habló sobre su obra: “En lo que he escrito ha habido siempre una mezcla de crítica y de poesía, no porque me interese esencialmente la crítica, sino porque es un rasgo de la modernidad. […] Es lo que yo he querido hacer, no sé si  lo he realizado, pero de todos modos mi recompensa es que ustedes estén aquí, conmigo”.

29 de agosto de 1988: Conmemoración del cincuentenario del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana. El acto fue presidido por Paz, quien dirigió un discurso a la concurrencia en el que apuntó: “La lengua que hablamos fue desterrada de su lugar de origen; llegó al continente ya desarrollada y, a partir de nuestras obras, ha sido replantada en suelo americano. Al nombrarlas, las palabras desterradas se entierran en este suelo y echan raíces. El destierro se volvió trasplante”. Después, procedió a la definición: “La historia de la literatura hispanoamericana no es la suma de las inconexas y fragmentarias historias literarias de cada uno de nuestros países. Nuestra literatura está hecha de las relaciones, choques, influencias, diálogos, polémicas, monólogos entre unas cuantas personalidades y unas cuantas tendencias literarias y estilos que han cristalizado en unas obras, también en una comunidad de lectores”. Concluyó su intervención con las siguientes palabras: “El buen poeta es casi siempre un verdadero crítico o el verdadero crítico es un excelente novelista. Me parece que esta noción de poesía crítica define, ya que no a todos, sí a alguna porción de nuestros mejores autores. Por ellos la literatura hispanoamericana es plena y realmente moderna”.

14 de febrero de 1991: Se detalló el primer encuentro hispanomexicano de ensayo y literatura, organizado por la Facultad de Filosofía y Letras, el Centro de Letras Españolas del Ministerio de Cultura del gobierno español, el Instituto de Cooperación Iberoamericana y la Sociedad Quinto Centenario. Durante el acto, se inauguró la Cátedra Extraordinaria Generación del 27.  En la mesa de ponentes estuvieron Gonzalo Celorio, Delfín Colomé y Paz, quienes reflexionaron sobre las afinidades entre México y España que surgieron a raíz del exilio republicano español.

4 de marzo de 1993: Testimonio de una de las últimas visitas de Paz a la Facultad de Filosofía y Letras. El poeta acudió a clausurar un coloquio que se organizó en homenaje a Alejandro Rossi. Entre otras cosas, Paz presentó a su amigo como uno de los pensadores que introdujeron la filosofía analítica a los planes de estudio de la Universidad. También tuvo palabras de elogio para su obra:

Hay un temblor, la línea tiembla y este paisaje transparente se vuelve un poco bruma, un poco niebla, adivinamos los seres que andan envueltos en esa atmósfera, pero no sabemos cómo son ni  quiénes son. Es un poco cuando la precisión, la claridad siente la seducción del vértigo. Esto es lo que con frecuencia siento al leer a Alejandro Rossi: el gusto por el vértigo, la fascinación por el precipicio, pero no cae, va adelante, sonríe. Diríamos que su prosa es un ejercicio de intrepidez filosófica y moral, como cuando la elegancia se convierte finalmente en una virtud del espíritu.

12 de mayo de 1997: Varias páginas se dedicaron a la memoria del Tercer Encuentro Hispano Mexicano de Filosofía y Literatura, en el que fueron presentados los volúmenes IX y X de las Obras Completas de Paz. En el mismo evento, Juliana González a nombre de la Facultad de Filosofía y Letras, anunció la creación de la Cátedra Extraordinaria Octavio Paz, primera con esas características que se instituyó en honor de un personaje aún vivo. El 8 de diciembre se oficializó el acuerdo por el cual se procedió a la creación de la mencionada cátedra.

5 de enero de 1998: Tuvo lugar una emotiva ceremonia efectuada en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras, con motivo de la inauguración de la “Cátedra Extraordinaria Octavio Paz”. Aunque el poeta no pudo asistir, el recinto estuvo abarrotado de intelectuales y estudiantes. El acto inició con una grabación en la que Paz entonó un Goya, seguido de un fragmento de su poema Nocturno de San Ildefonso. Acto seguido, Guillermo Sheridan leyó a la concurrencia un mensaje escrito por el homenajeado: “Queridos amigos, razones de salud me impiden compartir físicamente con ustedes estos minutos, no es difícil, sin embargo, transmitirles mi emoción. Ingresé a la Universidad Nacional en la década de los treinta, y aunque he estado ausente muchos años de sus aulas, nunca las olvidaré, ni a ellas ni a las piedras de San lldefonso, ni a los profesores que me impartieron su saber y su experiencia. La mayor parte de sus nombres son ya leyenda”.

José Emilio Pacheco dirigió unas palabras a la obra de Paz: “no es el momento ni la hora de una conferencia magistral, además no me atrevería a darla, porque quienes tienen autoridad ya lo hicieron en días anteriores y lo harán el próximo año. Me pregunto por qué recayó en mí el privilegio y el honor de decir unas cuantas palabras en la instalación de esta cátedra y sólo hallo una respuesta posible: porque soy uno de sus más antiguos lectores. Durante 40 años he mantenido con la obra de Paz esa forma perfecta de amistad que es la lectura”. Añadió que este reconocimiento era un acto de justicia para un autor de la estatura intelectual de Paz.

NOTA: Una primera versión de este texto se publicó en Letras Libres

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