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Ireneo Paz en palabras de Daniel Cosío Villegas

Por Ángel Gilberto Adame:

Daniel Cosío Villeagas, prolífico historiador y hombre de letras, fue uno de los intelectuales mexicanos más destacados del siglo XX.

Su pasión por la narración histórica aunada a su talante literario le permitieron escribir con éxito su magna Historia Moderna de México,  obra que ofrece, desde un punto de vista vívido y contingente, la relatoría de uno de los periodos más caóticos de la vida nacional.

De temperamento combativo, Cosío Villegas no tenía reparos en responder a las críticas sin importar que fueran dirigidas a su trabajo o a su persona. En ese tenor, protagonizó algunas polémicas con Octavio Paz, aunque ninguna de ellas los enfrentó ideológicamente.

A pesar de la relación distante y hasta cordial que mantuvo con Paz,  Cosío Villegas fue un duro crítico del abuelo del Nobel, don Ireneo Paz, quien fuera director y editor de uno de los periódicos más importantes del porfiriato  y uno de los actores secundarios de la política decimonónica.

En su mayoría desfavorables, las opiniones de Cosío Villegas permiten poner en perspectiva la tradición liberal de la familia Paz en contraste con sus intereses a partir de la llegada al poder de Porfirio Díaz:

1

Cosío Villegas expone que, iniciada la insurrección encabezada por Porfirio Díaz en 1876, el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada no la consideró de máximo peligro debido al poco virtuosismo de sus ideólogos:

Quizás la figura mejor fuera Vicente Riva Palacio, hombre de poco juicio y que no pasaba de ingenioso periodista, como lo eran tantos otros, digamos Ireneo Paz, uno de los más formidables “intelectuales”.

2

En otro comentario, el historiador denuncia la tibieza de Ireneo Paz al referirse a Díaz y su actitud beligerante, en comparación con otros periódicos que lo avasallan con críticas y ponen en duda su moralidad:

Más significativas todavía son las rectificaciones procedentes de la prensa oficiosa y aun de la oficial propiamente. El periódico de Ireneo Paz, desde luego, a más de templar un tanto sus juicios sobre el gobierno caído, advierte el peligro de que la prensa sea demasiado despiadada con el de Porfirio Díaz, pues puede caer también ante embates injustos, que olvidan que se trata de una “administración que está en la infancia”.

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Otro aspecto que Cosío Villegas reprocha con dureza a Paz y a Vicente Riva Palacio fue la severidad con que juzgaron a Lerdo de Tejada, incluso antes de que tomara el poder, en su afán de generar opiniones en favor del nuevo régimen de Díaz:

Cuando se desciende de la parte de este desventurado libro escrito por Riva Palacio a la que sin duda es de la pluma de Ireneo Paz, las cosas llegan a ser grotescas o cínicas. Se afirma, por ejemplo, que Lerdo no debía haber sido presidente interino, pues como la revuelta de La Noria había declarado ilícita la elección de Juárez, “no era lógico que quien había usurpado la primera magistratura de la Nación tuviera un sucesor”.

4

Una observación recurrente y enfática es a la corta o maliciosa memoria de Ireneo, pues Cosío Villegas le hace constantes precisiones acerca de la relevancia del porfirismo antes de la consumación del Plan de Tuxtepec y la rebelión a la que éste dio pauta:

Paz olvida, por supuesto, que el porfirismo no significaba nada en el momento de la accesión de Lerdo al poder: era una fracción vencida militar y políticamente.

Más adelante arremete contra el mencionado Plan y sus ejecutores, a quienes menosprecia:

Pero no sólo la inteligencia superior de Lerdo, sino la primitiva de Ireneo Paz, quien, además, presumía de ser coautor de él, y la de Porfirio Díaz, principal interesado en el asunto, coincidieron en el juicio condenatorio. Hasta allí, pues, Lerdo no juzgaba erróneamente las cosas; pero sí erró al creer que una revuelta así de desprestigiada no lo vencería. 

5

De acuerdo con Cosío Villegas, si La Libertad y El Combate sugerían que el alzamiento tuxtepecano no tenía principios y por ende sólo estuvo motivado por la ocupación del poder, Ireneo defendía desde La Patria que el país debía someterse primero a una renovación moral antes que política:

Es curioso que tras afirmar que los tuxtepecanos quieren cambiar la sociedad mexicana “desde sus cimientos”, “quitar todo lo existente” y regenerar a la nación “en todos sentidos”, Paz acabe por hablar tan sólo de una regeneración “moral”, que se conseguirá con el buen ejemplo de los gobernantes.

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Ireneo Paz tuvo que solidarizarse con el sentido común: la causa tuxtepecana había quedado varada  en un mar de promesas incumplidas. Cosío Villegas aprovecha este episodio para exponer la torpeza de Ireneo, quien, orillado por las circunstancias, decidió lanzarse contra Díaz:

A un año del término de su primer periodo, no se podía ver más negro el panorama, y, en rigor, Ireneo Paz, pronostica una próxima revolución. En fin, al calibrar lo que al país le reserva 1880, año de las elecciones presidenciales, La Patria se desboca al llamar a Porfirio perjuro y prevaricador, ya que no ha sabido regenerar ni revolucionar.

7

En lo relativo al oficio periodístico, Cosío Villegas alude a que periódicos como La Libertad, a pesar de tener redactores extraordinarios, distaban mucho de poseer un renombre, como sí lo tenían otras publicaciones, como El Monitor Republicano y La Patria, “con plumas tan toscas como la de Ireneo Paz, que tenían mayor arraigo en el público”.

8

En afán de demostrar la debilidad de las convicciones políticas de Ireno Paz, Cosío villegas le recrimina que, siendo el personaje de mayor renombre entre los simpatizantes de Trinidad García de la Cadena en su búsqueda por suceder a Díaz en la presidencia, no lanza la candidatura a nombre de su periódico, hasta el 5 de febrero de 1880. Y tras de este retardo, viene una explicación extraña y nociva: “esperábamos de él, principalmente, la solemne promesa, el compromiso sagrado, contraído ante la faz de la Nación, de que la paz pública no sufriría alteración por causa suya, sino antes bien, que sería él su campeón más decidido”.

9

Cosío Villegas relata que, cuando se aproximaban las elecciones de diputados y senadores para la XI legislatura,  que correría de 1882 a 1884, el gobierno incurrió en favoritismos burocráticos y honoríficos: “era claro que Ireneo Paz, usando su periódico, pide que se le tome en cuenta”.

Después de este breve recorrido, queda claro que Cosío Villegas concibió al dueño de La Patria como un personaje gris y temeroso, que por conveniencia o torpeza no logró ser más que un espectador de los acontecimientos que forjaron el México moderno.

Nota: Todas las opiniones citadas fueron tomadas del libro Historia Moderna de México. 

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