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I smell autumn

Por Deniss Villalobos:

“But when fall comes, kicking summer out on its treacherous ass as it always does one day sometime after the midpoint of September, it stays awhile like an old friend that you have missed. It settles in the way an old friend will settle into your favorite chair and take out his pipe and light it and then fill the afternoon with stories of places he has been and things he has done since last he saw you.”
Stephen King, ‘Salem’s Lot

 

“I smell snow”, decía Lorelai Gilmore cuando la primera nevada del invierno se acercaba a Stars Hollow, el pueblito ficticio de Connecticut en el que se desarrollan la mayor parte de los episodios de Gilmore Girls. Yo no huelo nieve porque vivo en la Ciudad de México, pero a finales de agosto me emociona darme cuenta de que el otoño se acerca. Hace unos días, saliendo del cine, entré a un café para estudiar un rato y leer The Magic Toyshop (libro de Angela Carter en el que justo me encontré una descripción de esos últimos días de agosto y primeros de septiembre que ya se sienten como otoño), y noté que los árboles al otro lado de la calle, que podía ver a través de la ventana desde el sillón en el que estaba sentada, ya estaban perdiendo hojas y tenían ese color deslavado del que los árboles se pintan en mi ciudad, donde no hay octubres naranjas y amarillos pero las hojas parecen ponerse suéteres de colores más opacos.

Sé que lo he dicho miles de veces por diferentes razones, pero otoño es mi estación favorita. Donde vivo ni siquiera tenemos todas esas cosas “clásicas” que podemos ver en las películas o encontrar en los libros ambientados en esa estación; no ha calabazas con una vela adentro descansando en los jardínes, no hay campos de manzanas para ir en familia a recogerlas, no hay bosques que se vuelven dorados, pero en mi corazón todo huele a pay de manzana, canela, chocolate caliente, galletas de jengibre y nuez moscada. Además tenemos Día de Muertos, mandarinas, guayabas, pan de muerto, leyendas de charros fantasma, mujeres que lloran por sus hijos y brujas que viven en los cerros.

Dicen que a veces esperar por algo es más emocionante que aquello por lo que estabas esperando. Me pasa cuando ordeno algo por internet o espero la postal de algún amigo, cuento los días para que el cartero aparezca frente a mi puerta y reviso con frecuencia si mi paquete está en una nueva ciudad, pero en cuando u sobre o caja llega a mis manos de inmediato me siento decepcionada; ya no hay nada que esperar. Con el otoño nunca me pasa eso. Me gusta muchísimo esperar por lo primeros días naranjas y rosas en los que caminaré por mi colonia favorita escuchando cómo crujen las hojas bajo mis pies e ir sacando suéteres del clóset que pronto podré usar mientras veo maratones de mis películas favoritas, me gusta esperar a que llegue el momento de poner ofrendas a los muertos y ver calles llenas de niños disfrazados de monstruos, pero la espera nunca es mejor que el momento en el que todo eso llega.

Por eso, mientras aún espero, quiero hacer una lista de cosas que haré de nuevo o por primera vez cuando, como dice Stephen King, el otoño llegue este año a contarme historias de lo que hizo y las cosas que vio desde la última vez que nos encontramos. Quiero, por ejemplo, leer por primera vez Something Wicked This Way Comes de Ray Bradbury, uno de mis escritores favoritos y rey del otoño, quiero leer It, de Stephen King aunque la película me daba terror de niña; quiero volver a leer We Have Always Lived in the Castle, de Shirley Jackson, e imaginar a Merricat y Constance preparando una tarta con los hongos que el otoño les dio; quiero buscar una copia de Rebecca, de Daphne du Maurier en alguna librería de viejo; quiero regresar a Arthur Conan Doyle y leer The Hound of the Baskervilles, quiero volver a leer Moominvalley in November.

También quiero hacer un pay de calabaza, aunque quizá no me quede también la primera vez; quiero hornear galletas con mi sobrina y que las comamos mientras vemos cualquier película de Harry Potter; quiero ver Over the Garden Wall, que es toda otoño y susurros en el bosque; quiero disfrazarme de bruja en Halloween y ver todas las películas de Studio Ghibli que pueda; quiero llorar con Dead Poets Society, reírme con When Harry Met Sally y deprimirme con Woody Allen. Quiero películas de terror. Quiero ver Días de otoño y querer mucho, como siempre, a Pina Pellicer.

Quiero buscar fotos de la familia que no recuerdo o nunca conocí y, como cada noviembre, cocinar con mi abuelita la comida que amaban mientras estaban vivos y dejarla para ellos en una mesa; quiero sentir que por un par de días mi casa está llena de espíritus. Quiero manejar fuera de la ciudad y buscar árboles, ponerle atención al viento y tratar de adivinar qué tan húmedo está el día; quiero ver las cosas pequeñas que se apropian de los bosques, las telarañas, las setas y las bayas; quiero voltear hacia el cielo para ver a los pájaros migrar o asomarme por un telescopio para buscar a las constelaciones de otoño; quiero salir a caminar mientras escucho a In Love With a Ghost y llevo mi abrigo favorito. Quiero que ya se termine el verano. Quiero que ya llegue mi parte favorita del año.

 

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