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Historias fantásticas y dónde encontrarlas

Por Deniss Villalobos:

Oh, la mente de esa gente funciona de manera extraña, Petunia,
ellos no son como tú y yo —dijo tío Vernon, tratando de dar golpes a un clavo
con el pedazo de pastel que tía Petunia le acababa de llevar.
J.K. Rowling, Harry Potter y la piedra filosofal

Italo Calvino dijo que un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir. Me parece que, según esa definición, podemos decir que Harry Potter es ya un clásico de literatura infantil y juvenil. Abrir uno de los siete libros que conforman la saga se siente siempre como abrir un libro nuevo; le pones atención a un lugar del castillo que antes no habías notado, algo que no recordabas te hace reír a carcajadas y alguna muerte duele un poco más. Aprendes algo nuevo, te cuestionas algo que creías que ya habías entendido, sobre la historia y sobre el mundo, pero sobre todo terminas con la sensación de que, en algún momento, vas a volver a las mismas páginas porque el mensaje no se ha acabado.

Con la mayoría de nuestros libros favoritos pasa esto: las páginas que tiene contienen toda la historia y, aunque podamos volver cien veces, las cien veces el número de páginas será el mismo aunque siempre nos parezca un libro distinto. Algunas historias tienen la posibilidad de continuar; un año o veinte después puede aparecer una continuación, una precuela o una trilogía derivada del mundo que ya conocemos, aunque, desde luego, esas historias también van a terminar. Estirar tanto una historia es un arma de doble filo: puede salir muy bien (cof, trece libros de Una serie de eventos desafortunados, cof) o muy mal (cof, Cazadores de sombras, cof). Con Harry Potter ya exise un ejemplo de cómo puede salir mal: el octavo libro de la saga, que es realidad una obra de teatro, era innecesario y resultó aburridísimo, algo que no está al nivel del resto de los libros y se lee más bien como un mal fan fiction.

Así que, cuando se anunció que Animales fantásticos y dónde encontrarlos —libro de texto que aparece en la saga y que Rowling publicó bajo el seudónimo de Newt Scamander— sería adaptado al cine, la verdad no me emocioné tanto. No seguí noticias sobre las grabaciones, no tenía idea alguna sobre el casting, no leí notas sobre cómo avanzaba el proyecto e intenté no pensar mucho en cómo sacarían una historia de un libro que solo contiene descripciones de animales, sin ninguna trama o personajes. El tiempo pasó y de pronto ya era noviembre de 2016 y yo todavía no sabía muy bien qué hacer. Tenía mucho miedo de que no me gustara. Estuve a punto de no ir a la función de estreno a medianoche porque creí que ya estaba grande para esas cosas, que podía verla al otro día o el lunes siguiente para evitar una sala llena de gente que iba a hablar mucho o a comer palomitas ruidosamente, que me iba a quedar dormida porque ya no tengo catorce años, que qué tal que no encontraba taxi a las dos de la mañana para volver a mi casa…

Pero entonces recordé los otros estrenos de madrugada, esas noches en las que fui al cine con mis papás casi durmiéndose y mi hermana y yo emocionadísimas y la sala llena de otros papás durmiéndose y otros niños que suspiraban al mismo tiempo o lanzaban un gritito de emoción solo con oír el tema de Hedwig al empezar cada película. Y si a ustedes no les pasó con Harry Potter, espero que alguna vez, con otra cosa, sientan eso que miles de personas y yo sentimos solo con ver el logo de Warner Brothers en color negro y una melodía que, estoy convencida, nos seguirá erizando la piel cuando seamos viejos. Ese recuerdo hizo que me animara a comprar mi boleto e ir, ya sin mis padres y sin mi hermana, a la función de estreno. Y qué bueno.

El de Animales fantásticos es un caso muy especial, porque ya no tenemos libros para comparar la historia; ya no hay personajes, lugares, detalles en el vestuario o situaciones que esperemos ver en la pantalla. Los fans de Harry Potter vamos casi a ciegas, y eso, más que una desventaja, es emocionante. Se sintió muy bien estar en una sala llena de personas que no sabían qué esperar, de niños y adultos que no sabían qué seguía en la historia y que, como yo, no tienen idea de hacia dónde irá en las próximas películas. Los guiños a la saga se agradecen y a muchos nos sacaron una sonrisa, pero Animales fantásticos se sostiene sola. Esta primera película parece, en algunos momentos, un poco lenta, pero es necesario para entender ese mundo mágico que no solo muestra una época diferente a la que conocimos en la saga sino que además se desarrolla al otro lado del mundo. A los muggles no se les dice muggles, las reglas son distintas, los humanos no son alguien a quien se intenta defender sino algo que muchos magos temen y, desde luego, hay criaturas mágicas sueltas por todos lados.

Animales fantásticos y dónde encontrarlos va sobre Newt Scamander, un magizoólogo que llega a Nueva York con una maleta llena de tiernos, juguetones y a veces también peligrosos y terroríficos animales que terminarán sueltos por la ciudad. Los personajes me gustaron mucho (a excepción de Tina, que espero cambie en las siguientes películas), y quedé encantada con Jacob, ese no-maj que acompaña a Newt durante la historia y que representa a todos los fans de Rowling que siempre hemos querido formar parte del mundo mágico. También me gustó mucho el protagonista, quien me recordó a Hagrid y la ingenuidad y cariño con el que el guardabosques se relacionaba con animales que siempre lo metían en problemas. En resumen, esta película fue para mí una gran sorpresa, muestra de que algunas historias son tan buenas que sí vale la pena hacer que duren más tiempo, incluso si el autor ya tiene suficientes millones en el banco, pues me parece mucho más valioso entrar al cine y sonreír porque estás de nuevo en casa.

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