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Hidrógeno y magia

Por Deniss Villalobos:

En algún lugar algo increíble está esperando ser descubierto.
Carl Sagan

Me alegra imaginar a todas las personas que este jueves en el DF se tomaron unos minutos para dejar sus actividades y sorprenderse por el anillo de colores que apareció alrededor del Sol. La explicación científica, según el físico Modesto Montoya y el divulgador Enrique Anzures, es que el halo se produce cuando los rayos del Sol atraviesan las gotas de agua suspendidas en la atmósfera, que se presenta en forma de círculo ya que la posición del sol es vertical u horizontal. Además, el fenómeno se da con mayor frecuencia durante la temporada de lluvias, debido a que hay más nubes con cristales de hielo que generan la refracción de la luz.

Después de conocer las razones por las que este fenómeno ocurre, y entenderlo perfectamente sin ser ningún genio de la física, creo que me gusta seguir pensando que lo sucedido es algún tipo de señal. Que los extraterrestres nos envían un mensaje, que va a temblar o que habrá una tormenta, que según la posición de los planetas y el halo en mi signo recibiré una noticia que me cambiará la vida o, también, que el mundo se acabará y estos son nuestros últimos momentos en la Tierra. No creo que la ciencia deba estar peleada con la capacidad de asombro y un poco de magia que a otros les parecerá simple charlatanería.

Es obvio que nuestra educación científica necesita reforzarse, que deberíamos preocuparnos por entender mejor algunos fenómenos meteorológicos y que la ciencia es interesante y divertida incluso para los simples mortales que no dedicamos nuestra vida a ella, pero también es hermoso que podamos creer que sobre nuestras cabezas hay una enorme señal que puede significar algo bueno o malo según los ojos que la observen. Acercarnos a la naturaleza siempre con una lupa, usando una bata blanca y llevando bajo el brazo un libro lleno de términos que muy pocos entienden no es la única forma, también podemos hacerlo como pequeños exploradores que simplemente miran hacia arriba y se quedan boquiabiertos.

Nikola Tesla contaba sobre Thomas Alva Edison que, mientras trabajaron juntos en París, notó que Thomas dedicaba su vida por completo al trabajo: comía apenas lo necesario, no practicaba ningún deporte ni realizaba alguna actividad fuera del laboratorio, sus hábitos de higiene eran lamentables y, de no ser porque se casó con Mina, Tesla creía que Edison habría muerto muchísimo tiempo antes. Algo parecido pasó con Marie Curie, quien a los cuarenta años sufría de múltiples dolencias (además de verse mucho mayor de lo que era) debido a todo el trabajo que realizó con el radio sin tomar las medidas de seguridad pertinentes. Admiro y agradezco el trabajo de las personas que, literalmente, entregaron su vida a la ciencia para hacer mejor mi vida y la del resto del mundo, pero no todos podemos ser Alva Edison o Marie Curie. Me gusta y emociona saber que en algún lugar hay personas estudiando y experimentando con células o astros para crear la cura de una enfermedad o explicar el origen del universo, pero al mismo tiempo sigo pensando que, quizá algún día, cuando sea ya muy vieja, veré un hada mientras doy un paseo con mi perro a través del bosque.

Por eso me aburren las páginas como “I fucking love science” que piensan que la divulgación científica se trata de leer artículos de Wikipedia y después tratar a quienes no lo han hecho como si fueran unos completos ignorantes de los que hay que burlarse. Gracias por todas las explicaciones científicas, pero a algunos nos gusta, después de saber cómo es que un arcoíris se forma, seguir pensando que al final encontraremos un duende con una olla de oro.

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