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Hasta Rusia, con amor

Por Alejandra Eme Vázquez:

“Todo es mejor ahí donde no estamos”.

Cinco amigos −Jo, Hache, Alita, Lina y Nosi− sobreviven al crudo invierno incinerando libros. Pero antes de lanzarlos a la pequeña hoguera que han improvisado en su sala, tienen un hermoso ritual: dicen en voz alta el título, el autor, y actúan o recitan un fragmento como homenaje a las páginas que a cambio les darán calor, y té. A veces alguno de ellos protesta porque le tiene especial cariño al libro, pero las reglas son claras y la literatura termina haciendo su función combustible, irremediablemente. Hasta que llega Las tres hermanas, de Antón Chéjov, y Jo, el líder del ritual, se niega a quemarlo. Suficiente para encender un conflicto que irá creciendo hasta que Jo decide partir a Rusia a buscar, sí, a Antón Chéjov, el único ser en el mundo que según él puede decirle qué sentido tiene esta vida, pese a la resistencia del resto que una vez que lo ve partir, se debate entre el riesgo de seguirlo y el riesgo de quedarse.

Así comienza Vine a Rusia porque me dijeron que acá vivía un tal Antón Chéjov¸ una obra de teatro que Colectivo Eutheria estuvo desarrollando desde hace mucho tiempo y cuyo arduo proceso definitivamente puede verse en escena. Eutheria ha logrado un equipo sólido que muestra su amor al teatro y su profesionalismo en un trabajo lleno de entrega y detalles que promete mucho, pensando en el corto y en el largo plazo. Cuando hablamos de trabajo colaborativo, de delegar tareas y solucionar conflictos, bien nos vendría voltear a ver a los colectivos de jóvenes que están resolviendo el mundo, su mundo, a partir de trabajar en conjunto, buscar alternativas y hacer lo que saben, lo que aprenden y lo que desean.

“Señor Antón Chéjov, le escribo porque ayer por fin abrí la puerta. ¿Ha salido alguna vez al frío sin abrigo?”

En agosto del año pasado, entrevisté al Colectivo Eutheria en este mismo espacio y ya desde entonces se vislumbraba que el resultado de Vine a Rusia… sería sorprendente. Y lo es. Si ellos mismos convienen en que leer a Chéjov les deja una sensación “mitad risa, mitad llanto, mitad dolor”, ése es justo el efecto que deja verlos en escena.

Vine a Rusia porque me dijeron que acá vivía un tal Antón Chéjov tiene un hilado entrañable que resuena por y conecta en varios niveles, desde lo muy personal como que los nombres de los personajes refieran a los de los actores (Héctor es “Hache”, Jorge es “Jo”, Talía Yael es “Alita”, Carolina es “Lina” y Nareni es “Nosi”, un personaje que aparentemente sólo dice “no” y “sí” pero que termina conmoviéndonos profundamente), pasando por la necesaria reflexión sobre amistad  y lealtad (ser leal es también reconocer los límites, ser amigo es también no estar de acuerdo), hasta el diálogo horizontal con la obra de Chéjov y una propuesta teatral que tiene momentos realmente impresionantes. Apuesto lo que quieran a que la parte en la que efectivamente hablan ruso les-va-a-volar-la-cabeza. Garantizado.

“Ésta es la primera vez que intento algo con tanta fuerza como para correr el riesgo de fracasar”.

Al final, el viaje que emprenden Jo, Hache, Alita, Lina y Nosi es un viaje al centro de los afectos. No es casual: afecto es de afectar, de dejar que nos importe y con ello, abrir la puerta a ser lastimados, pero también a recibir una energía sanadora que sólo puede venir de quien nos quiere. Y es que si Eutheria lanza, con esta obra, la pregunta de a qué lugar podemos aspirar en esta caótica realidad, también propone posibles respuestas de las que, por ahora, me quedo con una: existimos porque tenemos lazos. Porque nos necesitamos. Porque en nuestro pequeño existir, de movimientos microscópicos comparados con el universo junto al que somos nada, nos revelamos extraordinarios para unos pocos que son nuestra ancla elegida, las minucias en las que nos entretenemos mientras se hunde el mundo. No hay más que seguir a nuestros afectos, hasta Rusia, si es preciso. Y que cuando parezca que no pasa nada, pase todo.

Tal como Antón Chéjov lo hubiera querido.

Vine a Rusia porque me dijeron que acá vivía un tal Antón Chéjov se presenta los miércoles, del 29 de marzo al 17 de mayo, en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico (Av. Revolución 1500 Col. Guadalupe Inn, Ciudad de México) a las 20:30 horas.

 

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