Looking for Something?
Menu

Fotografías de la belleza

Por Nerea Barón:

El sábado que fui a nadar estuve observando a un hombre que nadaba en mi mismo carril. Guapo, con los músculos bien contorneados, con un tatuaje entre los omoplatos; en fin, un deleite para la vista. Se veía que nadaba con regularidad: su equipo incluía gorra, goggles, tapón de oídos y un reloj que usaba como cronómetro para medir sus tiempos y prácticamente no se detenía. A su lado, yo me sentía un manatí torpe.

Estuve observándolo discretamente toda la hora. No era tanto que fuera guapo —aunque lo fuera— era algo más. Era como si su persona encajara a la perfección con el personaje que encarnaba, sin desfase alguno. Un nadador siendo un nadador siendo un nadador.

Recordé otras personas que me habían fascinado de esa manera, como Tania, una de mis profesoras de la licenciatura. Cuando hablaba daban ganas de apuntar cada cosa que decía, cada punto y cada coma, por la precisión y la melodía con la que las decía. Como buena fenomenóloga de la religión se había convertido al catolicismo, hacía yoga y meditaba. Entre ella y ella no había un solo milímetro de espacio: ella era su propia totalidad.

«La belleza es la reconciliación entre sí y sus propias condiciones de existencia», afirmaba Simone Weil. Por eso conmueven tanto las fotografías de gordas luciendo lencería sexy, contentas, convencidas de su sensualidad, porque asumen y visten su propia diferencia y es ahí, en la reconciliación con su cuerpo, que transpiran belleza.

El otro día me prestaron una fotografía mental de mí misma: después de pasar la noche en vela en una ceremonia yo era toda melena, toda energía y saltos y abrazos y ojeras; toda lodo en los pies, toda mochilas cayéndoseme. Y era hermosa. En mi momento más álgido de decadencia, ahí, con pasto en el pelo y sin un sentido del orden o de las formas, yo era mi propio desenfado. Y resplandecía.

En la otra esquina tenemos al mal. Philip K. Dick decía que el poder del mal era hacer que la realidad cesara de existir. «Es el lento diluirse de todo lo existente hasta que la vida se difumina». Lo verdaderamente perverso de nuestra noción actual de belleza es que, lejos de fomentar la reconciliación con nuestras propias condiciones de existencia, nos enemista con ellas y nos hace desear sustituirlas.

No hablo sólo de cuerpos. Hablo también de esos edificios que junto con su vigilante y sus paredes falsas pero bien pintadas, parecen de cartón, como suburbio estadounidense. Hablo de los discursos bien armados que no dicen nada, de la negación sistemática del defecto que es efecto y en última instancia, de la muerte.

Entristece. Tantas personas que quieren florecer siendo otras cuando bastaría con que se atrevieran a decir «soy», y fueran.

Puede interesarte

Un vaso de agua
Poseer o destruir
Ortodo(n)xia
Momentos perfectos

Deja un comentario

Efemérides

uncached

Twitter