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FILIJidades

Por Alejandra Eme Vázquez: 

“¡Si yo ya me la sé hasta de memoria!”,

dirás. Y sin embargo, de esta historia

tienes una versión falsificada,

melosa, tonta, cursi, azucarada,

que alguien con la mollera un poco rancia

consideró mejor para la infancia…

Roald Dahl

  1. Mudanzas

Dicen que hay que tener cuidado con lo que se pide, porque puede hacerse realidad. Justo hace un año declaraba aquí mismo pertenecer al club de quienes amaban la Feria del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ) y el Centro Nacional de las Artes, su casa de siempre, pero se engentaban irremediablemente cada vez que iban; y aunque no era difícil darle un sentido entrañable a esa sensación de proximidad-casi-invasión alrededor de la literatura para niños y jóvenes, no dejaba de ser un reto a la habitual hurañez que muchos nos esmeramos en cultivar el resto del año. Por eso, cuando se anunció sorpresivamente que se cambiaría la sede al Parque Bicentenario, ubicado en la zona de la antigua refinería, la sensación osciló de la incredulidad a la culpa típica de cuando se desea íntimamente la desaparición de algo que sí termina desapareciendo y se intenta dar marcha atrás con un: ay, pero si no lo decía en serio.

parque-bicentenario

Entonces la FILIJ se mudaba, y a un sitio del que muchos quizá no habíamos tenido noticia antes. Las reacciones durante muchos meses, mientras se preparaba la feria, fueron del tipo: ¿Cómo que el Parque Bicentenario, dónde demonios es eso? Está lejísimos. El Cenart es insustituible. Se va a perder el encanto. El público ya estaba acostumbrado a la ubicación. Ya no vamos a poder ir. Cómo se atreven a romper la tradición. Ya no se podrán tener momentos igual de memorables. Está lejísimos. Qué va a ser de nosotros. Está lejísimos. Está lejísimos. Está lejísimos. Y pues ahí me tienen el sábado emprendiendo la travesía, siempre con el compromiso de informar oportunamente a los amables lectores de este espacio, para encontrarme con una FILIJ alojada a sus anchas en un parque que equivale en extensión a, dicen, diez zócalos capitalinos y que está a muy pocos pasos de la salida del metro Refinería (línea 7), al que no fue nada difícil llegar. Es decir, no es una ubicación tan de paso para muchos como la anterior, pero definitivamente no “está lejísimos”.

Tan a sus anchas se siente la FILIJ, que ahora fue organizada geográficamente por “reinos” basados en clásicos de la Literatura Infantil y Juvenil (LIJ) y en los que pueden delimitarse un poco más el carácter de las actividades: Narnia, Asteroide B-612, Reino de Fantasía, País de las Maravillas, La casa de Pippi Calzaslargas, País de Nunca Jamás, Ciudad Esmeralda, Corazón de Tinta y Liliput; a este último se llega en tranvía porque sí, el Parque Bicentenario es gigantesco y además todo un estuche de monerías que incluye cine al aire libre, un invernadero impresionante, un orquidario, criaderos de peces y habrá que investigar cuánta cosa más, porque claro que dan ganas de volver. La verdad es que en lo que a mí respecta, no había dado ni diez pasos cuando ya me estaba convencida de que ésta no era la peor mudanza del mundo sino una oportunidad feliz para las voces, en el parque.

  1. LIJeando, que es gerundio

La FILIJ no solamente significa un encuentro para quienes leemos: es también un espacio para la profesionalización de quienes están escribiendo a niños y jóvenes, pues son convocados a cursos y conferencias de tan alta calidad, que hasta en eso parecen en ventaja respecto a la literatura escrita para adultos, cuyas convocatorias de profesionalización tienen fama de ser mucho menos abiertas, ya ni se diga amigables. Y al menos en lo que puede verse desde este ángulo, resulta evidente que la noción de compañerismo es mucho más fluida entre escritores de LIJ que entre las otras fronteras cuyas líneas no son ni quieren ser tan claras como ésta. Para muestra, la cascarita de futbol que encabezó la programación de la feria el sábado 12 de noviembre, en la que se enfrentaron autores versus ilustradores en un marco de pura buena onda que no hubiera sido posible si antes no se hubiera construido comunidad. (Ganaron 4-2 los autores, por cierto.) Es precisamente esa comunidad la que da otro significado a armar una fiesta alrededor del evento de leer.

filij

No es que los escritores “deban ser” personas perfectas ni mucho menos, pero desde hace tiempo, por muchas razones, se ha despertado en mí la convicción de que las y los autores de LIJ son, de su gremio, las personas más entrañables y generosas. No me parece casual, pues si bien es cierto que los libros de María Elena Walsh o Michael Ende son tan para todo público como los de Virginia Woolf o Juan Rulfo, sí existen componentes distintos en sus procesos de creación. La LIJ existe para provocar el acercamiento de quienes tienen pocos años en el mundo hacia uno de los mecanismos que más enorgullece a la humanidad por haber sofisticado y potenciado su relación con la así llamada realidad a través de las palabras: la literatura; por lo tanto, el campo es tan fértil como espinoso al dirigirse a este público, pues constantemente debe replantearse desde qué sitio de la adultez se está hablando, qué tantas cosas se están dando por hecho en la escritura y qué tantas cosas deben desaprenderse, reaprenderse, revalorarse. Cada vez creo más que si algo tenemos que recuperar de nuestros primeros años es el impulso de jaquear la adultez, que en algún momento se nos pierde pero que si necesitamos en serio en alguna edad es justamente cuando somos adultos.

La LIJ es una llave maestra en el arte de jaquear la adultez, sea cual sea la edad desde la que la leamos. Quizá por eso, y porque deben adaptar su personalidad a lectores que no se andan con rodeos, y porque escribir LIJ es una misión espacial mucho menos desesperanzadora que otras, y porque de tanto pensar en la colocación de una voz natural para dirigirse a este público termina uno también recuperándose y resolviendo, es una maravilla leer y conocer a autoras y autores extraordinarios como: Martha Riva Palacio, Mónica B. Brozon, Toño Malpica, Ana Romero, Elizabeth Cruz, Juan Carlos Quezadas, Andrés Acosta, Juana Inés Dehesa, Jimena Eme Vázquez, Kiren Miret, José Antonio Sánchez Cetina, Paulina del Collado y tantos y tantas más, por hablar de algunas voces que están escribiendo ahora mismo en México, pero que sumadas a las de otros países y otras épocas no dejan de despertarnos una honda gratitud por todo lo que activan y por todo lo que no permiten que se desactive. Visto así, cómo podríamos no celebrar la ocasión de reunirnos todos a recordar que la producción de literatura para niños y jóvenes está más viva que nunca y que año con año despliega su reino, no muy lejano, para hacer de nuestra vida un sitio más FILIJ.

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