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Entrevista con Gisela Pérez de Acha

Hablamos con Gisela Pérez de Acha, abogada en proceso de titulación del ITAM, especialista en derechos digitales y activista feminista, sobre el ejercicio del Derecho en el contexto mexicano hoy en día.

1.- Además de tu ejercicio profesional, ¿a qué dedicas tus intereses?

Gisela: Me gusta mucho escribir y recientemente me gusta mucho la música, sobre todo la música electrónica  y todo lo que implica en términos de subcultura, resistencia y crítica hacia un sistema político y de gobierno.

2.- ¿Consideras que estudiar Derecho continúa siendo una opción válida?

Gisela: Esa pregunta es muy interesante y me la he planteado varias veces a lo largo de mi carrera. Es muy complicado animarte a estudiar Derecho en un país en el que sabes que las instituciones están colapsadas. Es muy difícil estudiar Derecho en un país en que no tenemos confianza en ninguna rama de poder: ni legislativa ni judicial, y mucho menos en el poder ejecutivo. En mi caso, estudiar Derecho desde la posición de activista me ha servido para entender cómo funciona el sistema y qué ventajas se pueden obtener respecto del mismo. ¡Vaya!, es una herramienta muy subversiva que permite conocer las reglas y jugar con ellas en contra del propio sistema. En ese sentido, sí, sí vale la pena.

3.- ¿Por qué nuestra profesión sufre un constante desprestigio? ¿Qué medidas propondrías para revalorarla?

Gisela: ¿Por qué la profesión de abogado sufre de desprestigio? ¿En qué sentido? ¿Por qué lo dicen?

3.1.- Bueno, hay muchas expresiones peyorativas hacia nuestra profesión: “¿Abogado?, cuídese la cartera” o  “No te vayan a robar”, y muchas más. A ver, supongamos que a una hija tuya le motiva estudiar Derecho…

Gisela: Híjole es que, para empezar estoy pasando por una etapa feminista un poco “radical” y rechazo la idea tener hijos, entonces la pregunta es complicada…

3.2.-  Si una sobrina tuya tiene la oportunidad de estudiar Derecho, ¿se lo recomendarías?

Gisela: Sí. No hay que perder de vista que el conocimiento de la ley es una herramienta muy útil para cuestionar las estructuras políticas. En un país autoritario, el conocimiento jurídico da seguridad en la defensa contra abusos de poder.

En lo que respecta al desprestigio no estoy muy de acuerdo. Creo que por una parte está el cliché del abogado mafioso, ya que nuestra profesión se maneja mucho por contactos y redes, digamos que es un medio parecido al de la película de El Padrino. Pero también hay nuevas generaciones de abogados, amigos míos de la Facultad de Derecho de la UNAM y compañeros de carrera en el ITAM cuya labor admiro muchísimo. Creo que poco a poco los estudiantes nos hemos ido desligando de las viejas prácticas de corrupción priistas que tuvieron su auge en los 70´s y  80´s y crearon la mala reputación de los abogados, aunque todavía existen.

4.- En muchas de tus opiniones, has señalado que continuamos viviendo en un régimen machista. ¿Crees que en nuestra legislación aún se mantienen normas de este tipo? ¿Cómo revertir esa tendencia?

Gisela: Por supuesto que el machismo está vigente en todos los órdenes de poder. Aquí ocurre algo interesante: el poder lo detentan personas que dentro de sí tienen toda una construcción psicológica y social sobre lo que es la realidad. Históricamente, se excluye a las mujeres de los espacios en que se toman las decisiones, y nuestro país no es la excepción. En este sentido, cualquier revolución tiene que pasar por el feminismo, no solo en términos de inclusión, sino también en términos de legislación, políticas públicas y entendimiento judicial.

5.- ¿Cómo revertirías la tendencia machista que se vive en México?

Gisela: Es un tema principalmente de educación, confrontación social y denuncia. Ahora, para desmantelar el machismo en el poder, puedo decir que como abogada me parece que el litigio es una gran herramienta. Yo personalmente litigué casos de abuso sexual el verano pasado para cuestionar la ‘Ley de Trata’: una ley que beneficia a los “pimps” y no distingue entre trabajo sexual libre y explotación, pues no toma en cuenta el factor del consentimiento. En el caso del aborto y el matrimonio gay —dos luchas simbólicas por la igualdad de género— se ha conseguido avanzar por vía del litigo, pues en la mayor parte de los Estados del país aún están prohibidas. Pero insisto, este es solo un aspecto de la problemática, para profundizar tendríamos que plantearnos reformas mucho más profundas en nuestra concepción de la democracia.

6.- Algunos autores opinan que el discurso feminista nos está conduciendo en algunos casos a una especie de “hembrismo”, ¿cuál es tu punto de vista? Por ejemplo, ¿estarías de acuerdo en que se marque una distinción de género y se distinga entre ‘jueces’ y ‘juezas’?

Gisela: Consideremos como punto de partida que hay muchas formas del feminismo. Básicamente el feminismo se trata de averiguar cuál es tu visión sobre tu sexualidad y tu género y cómo quieres vivirlo. Por lo anterior, el hembrismo me parece una categoría errónea, ya que consiste en aplicar la misma metodología del machismo pero a la inversa. El feminismo no pregona la superioridad de las mujeres sobre los hombres, no de trata de conformar un “matriarcado”, se trata de buscar una igualdad que no sea sólo formal o social, sino también de clase.

En cuanto a la segunda pregunta, hay que dejar muy claro que las palabras no discriminan. La RAE ya ha repetido hasta el cansancio que el español es neutro. Lo que discriminan son las acciones, como quitarle oportunidades a una persona porque es indígena o mujer. Atacar el uso del lenguaje es atacar el síntoma; me preocupa mucho más la enfermedad, que es la profunda desigualdad social.

7.- En una ocasión le arrebataste el micrófono a Miguel Ángel Mancera y te negaste a cederle la palabra. ¿No crees en la eficacia del diálogo?

Gisela: Para empezar no se puede dialogar con un represor. En segudo lugar, no arrebaté el micrófono. La protesta es disruptiva o no es. Perdón, pero pienso que eso de la protesta pacífica no existe. La protesta es incómoda.

Si por el incidente del micrófono me dicen, como Héctor Serrano en su momento, que no se va a permitir la violencia verbal, permítanme responder que la violencia verbal no existe: Mancera no me puede decir que yo lo violenté cuando él es mucho más poderoso y tiene muchos más recursos para enfrentar una discusión. Sin embargo, en vez de encarar los hechos y dar respuesta a las inquietudes que se le expusieron, se amparó en su nombramiento e hizo un comunicado afirmando que yo era anarquista (como si serlo tuviera algo de malo), además me inventó un nombre y un novio en la cárcel para desprestigiarme.

8.- Platícanos un poco más sobre los jóvenes detenidos y la criminalización de la protesta.

Gisela: Hablamos aquí de presos políticos. Mario Gónzalez fue de los primeros, lo procesaron sin pruebas y se le otorgó un amparo liso y llano por los vicios del procedimiento. Ya salió. Abraham Cortés Ávila es de los casos más dramáticos: un malabarista de oaxaca de 23 años a quien, sin pruebas, le inventaron un homicidio calificado. Sigue preso. De manera más reciente, está el caso de Bryan Reyes y su novia Jaqueline, ambos presos políticos. El MP les trató de fabricar un delito argumentando que habían robado 500 pesos y a partir de ahí los apresaron. Bryan ahorita está en huelga de hambre y fue terriblemente golpeado en el penal. Hay que enfocarnos en estos dos personajes porque es una reiteración del crimen ocurrido contra los compañeros de Ayotzinapa: la criminalización de estudiantes que piensan diferente y que retan al régimen desde sus adentros.

9.- Leímos tus comentarios sobre el IFAI ¿qué le notas de positivo y qué le modificarías?

Gisela: No noto nada de positivo, pues en mi pesimismo posmoderno no creo en ninguna institución actual. En específico, tengo muchas dudas acerca de los organismos constitucionales autónomos porque creo que se han venido dando una serie de reformas que les conceden mucho poder: pueden ser fácilmente cooptados y además son muy difíciles de fiscalizar. Creo que eso es lo que pasa con el IFAI, no me atrevo a decir que está cooptado pero qué casualidad, por ejemplo, que no quisieron presentar una acción de inconstitucionalidad contra el espionaje masivo de la Ley Telecom en aras de proteger nuestros datos personales. Eso es servir al poder. En relación con el derecho al olvido, critico también la falta de pericia de dicho organismo: no puede ser que a estas alturas no sepan diferenciar datos personales de derecho de réplica.

10.- ¿Qué es la democracia para ti?

Gisela: Para mí la democracia es una suma de libertad e igualdad plenas. Sé que se trata de un binomio problemático, ahí están los casos de los regímenes de izquierda, que se han caracterizado por ser represores de la libertad en pos de la igualdad, como paso en la Unión Soviética y en Cuba. También han sido muy criticados los regímenes derecha que exaltan la libertad por encima de las igualdades como sucede en Estados Unidos.

La democracia consiste en que todos seamos igualmente libres, en que todos tengamos oportunidad de llevar a cabo nuestros proyectos de vida sin ningún tipo de limitación por parte de terceros, y aquí incluyo el gobierno.

11.- Parece ser que tienes una visión hasta cierto punto utópica de la democracia…

Gisela: Por supuesto. Creo que estamos en una época en la que tenemos la obligación de explorar las utopías y tratar de realizarlas e implementarlas, de lo contrario, corremos el riesgo de empantanarnos y vivir a perpetuidad en el circo político que al día de hoy nos gobierna.

12.- Algunas personas dicen que nos faltan nuevos liderazgos ¿Qué es un líder? ¿Crees que lo eres o buscas serlo?

Gisela: Pienso que sí faltan liderazgos. Hay una cierta parte de la izquierda  que, perdón por la irreverencia, yo defino como izquierda chaqueta; aquella en la que nadie puede plantear propuestas o iniciativas porque se siente más cómoda en la protesta masificada y repetitiva. El liderazgo debe partir del activismo, de la discusión dinámica y democrática.

Pensemos en Antonio Attolini, en principio ejerció un  liderazgo que era muy fuerte, lo bastante sólido como para sobreponerse a críticas muy duras. Sin embargo, cuando decidió integrarse a Televisa y posteriormente al PRD, reafirmó las sospechas de que los movimiento sociales deben basarse en la horizontalidad. Yo propongo liderazgos y no líderes, es decir, el reconocimiento de ciertas rutas de acción que movilicen la protesta. Lo cierto es que, de tiempo atrás, hace falta en nuestro país un liderazgo bien gestionado. Creo que todos los ciudadanos estamos sedientos de una figura con integridad y preparación, que sirva como un contrapeso a nuestras decepciones cotidianas.

13.- ¿Te gustaría ejercer un liderazgo más fuerte después de tu destacado activismo?

Gisela: Todo en su momento. Tengo 25 años y ahorita estoy encontrándome política social e internamente en cuanto a feminista. Cuando todo esté pulido, empezaré a pensar en otras alternativas para seguir ejerciendo mis convicciones. Lo que me queda muy claro es que no voy a buscar poder y no podría hacerlo, el poder y yo nos llevamos muy mal. Preferiría integrarme a las filas de algún colectivo o algo similar. Pero hoy en día, mi objetivo es pulir mis ideas y estudiar, porque creo que este régimen lo revocaremos preparándonos mucho mejor que quienes lo integran.

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