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Entrevista a Gerardo Fernández Noroña

Entrevistamos al librero, político y activista mexicano Gerardo Fernández Noroña.

1.- ¿Cómo fue tu proceso de adaptación a las redes sociales?

Gerardo: Fue una cosa curiosa y singular que ocurrió durante mi campaña a diputado en el 2009. Los primeros meses de ese año, unos compañeros que tienen conocimientos muy fuertes en plataformas digitales y que son muy comprometidos me abrieron una cuenta de Twitter.

Desde esa cuenta invitamos a los actos de protesta a los que acudimos —perdón, pero no me olvido del robo que cometió Calderón cuando llegó a la presidencia— y me di cuenta del impacto que tienen las redes sociales. Cuando decidí administrarla personalmente tenía cerca de 3000 seguidores, y al día de hoy tengo más de 200,000.

También tengo un perfil en Facebook, aunque reconozco que casi no acceso, lo cual es un error puesto que muchas personas interactúan ahí. Hace unos meses, pedí ayuda para vincular mis cuentas y ahora todas mis actividades se difunden en ambos espacios.

Además de dar a conocer mis actividades e iniciativas, las redes me permiten mantener un contacto permanente con la población e incluso una cierta seguridad personal, pues la gente puede enterarse de inmediato de cualquier cosa que me pase.

Creo que, bien empleadas, son herramientas excepcionales.

2.- ¿Crees que las nuevas plataformas de información permiten a los usuarios interactuar de manera más directa con los actores políticos?

Gerardo: Creo que sí. Las redes sociales han hecho horizontal la comunicación entre el ciudadano y el funcionario. Claro, siempre y cuando el político maneje su cuenta directamente, ya que si alguien más lo hace toda la inmediatez se pierde.

Lo importante de aparecer en redes es atender a los comentarios, las críticas y los planteamientos; quiero decir, a lo que la gente está pensando, por estridente y majadero que pueda ser. Hay que considerar que a muchas de las personas con las que nos relacionamos en el universo virtual ni siquiera las conoceremos en persona. Digamos que lo interesante radica en el vínculo que se establece cuando el ciudadano denuncia cualquier atropello, ahí corroboramos la verdadera fuerza de estos nuevos medios.

3.- Además de activista, te has convertido en promotor de la lectura, ¿cómo fue que tomaste esa decisión?

Gerardo: Bueno, en realidad no hubo un giro, sólo mostré otra faceta de mi personalidad. Toda mi vida he sido lector y disfruto compartir las lecturas que realizo y mis opiniones. De hecho, el cine también me gusta mucho.

Lo cierto es que desde que decidí comentar mis lecturas en Twitter muchos usuarios se interesaron en ellas y me pidieron recomendaciones. Quiero aclarar una cosa, y es que además de político soy librero. Decidí vender libros una vez que me quedé sin ingresos al salir de la Cámara de Diputados y he podido darme cuenta de que existe un gran público lector en el país.

4.- Además de relacionarte con tus seguidores por escrito difundes mensajes a través de video. ¿Qué encuentras más significativo de esta experiencia?

Gerardo: Sí, es algo que vengo haciendo desde hace tiempo. Procuro organizar una grabación por semana, los miércoles, de 10 a 11 de la noche. En ellas abordo principalmente el problema político por el que atraviesa el país e invito a las personas a participar de la desobediencia civil no violenta.

Lo que me ha permitido esta herramienta es luchar frente a la cerrazón de los medios de comunicación convencionales, que me han excluido de manera absoluta y han querido aplicar a mi persona una muerte civil no difundiendo absolutamente nada de lo que hago. Así, a pesar de esa condición que me han impuesto, la gente sabe lo que estoy haciendo.

Por otra parte, tengo relativamente poco tiempo colaborando con SDP noticias. En ese sitio, Federico Arreola nos facilitó la video-columna: a través de ésta —y a causa de que la gente no está leyendo, lo cual es una tragedia—  uno expone el contenido de un artículo pero platicado y sostenido con imágenes. Lo importante, a mi parecer, es definir los temas más relevantes de la agenda política y discutirlos en cuanto foro sea posible.

5.- ¿Puedes mencionarnos algunos intelectuales mexicanos cuyas ideas podrían seguir vigentes y que actualmente no son muy leídos?

Gerardo: Bueno hay gente muy sólida, John Ackerman es uno de los que plantea siempre cosas interesantes, Alejandro Nadal es otro hombre muy preparado. Julio Hernández hace un esfuerzo bárbaro porque diariamente está escribiendo columnas y sus reflexiones son muy muy atinadas. La verdad es que estoy siendo injusto al sugerir sólo estos nombres porque seguramente hay muchos más que a mí me pasan desapercibidos.

Además, he dejado de consultar medios como la televisión y muchos periódicos, porque me irrita mucho la forma en que desvirtúan y manipulan la información. Para mantenerme al tanto de las noticias consulto las redes sociales y le echo una ojeada a la edición del Reforma y de La Jornada, también a algunas notas que me mandan de Proceso.

6.- ¿Por qué crees que existe una distancia tan grande entre el hábito de la lectura y muchas de las personas en el poder?

Gerardo: Es trágica la distancia que hay entre el pueblo y la lectura, lo más alarmante es que sus representantes no son la excepción. Antes de la llegada de la televisión, la lectura era una actividad habitual que incluso servía como recreación.

Es paradójico que las redes sociales incentiven la lectura, pues en ellas se procura que el contenido sea asimilable y breve. Para muchas personas, leer dos o tres cuartillas constituye un esfuerzo bárbaro.

Ahora bien, en el ámbito político cada día es más común encontrarse con funcionarios de primera jerarquía cuya ignorancia es sorprendente. Peña Nieto es el caso más grotesco. Estoy convencido que ese hombre no ha leído un libro completo en toda su vida y esa es la muestra más contundente de su pavorosa incultura.

7.- Pregunta necesaria: tres libros que hayan marcado significativamente la vida de Gerardo Fernández Noroña.

Gerardo: Es muy difícil hacer una recomendación, ya que la escritura es un arte y como tal habrá autores que te gusten y autores que no te gusten, es decir, los criterios de aproximación son subjetivos.

No es la primera vez que me preguntan sobre este tema, por lo que estoy pensando hacer una relación de textos que creo que valdría la pena leer. Para mí, la lectura es un viaje, una amistad, un disfrute, una pasión, una oportunidad para conocer diferentes formas de ver la vida. Cuando uno decide sentarse a leer empieza casi inmediatamente a reflexionar, a desarrollar la imaginación y la sensibilidad.

 Hace poco estuve en la Feria del Libro de Minería, ahí me preguntaron por mis libros favoritos, en cuanto salí de la cabina pensé: “híjole, hubiera recomendado estos y estos”… No hay solamente 10 o 100, son muchos más.

Un libro relevante para mí es Un hombre de Oriana Fallaci, que es la historia extraordinaria y real de un luchador social y no fregaderas: Alexandro Panagulis, quien realizó un atentado fallido en contra del dictador griego Papadopoulos. Una vez detenido, Panagulis  sufre torturas salvajes y bárbaras,  la paradoja es que el tipo sale de la cárcel y es asesinado por la democracia siendo diputado. Un compañero que lee mucho me decía: “No, Gerardo, cómo les pides que lean Un hombre,  les estás pidiendo que lean una montaña”.  Yo no le exijo nada a nadie, simplemente  sugiero, cada quien decide la estatura intelectual que quiere tener. Yo empecé a leer con La tregua de Mario Benedetti, un libro muy bonito que  leí cuando tenía, no sé, 16 o 17 años y de alguna manera de ahí aprendí el gusto por la lectura.

 

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