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El video Cumbres y la “mala educación”

Por Alejandra Eme Vázquez:

Todos tenemos un archivo mental lleno de arquetipos, estereotipos y conceptos aparentemente sobreentendidos que podemos sacar cada vez que algo nos despierta suficiente interés como para expresar acuerdo o desacuerdo. Ahora que pasamos de escándalo en tragedia en este, nuestro mundo “sobreinformado”, sólo así parece posible tener una opinión para todo lo que sucede y pasar de un tema a otro con facilidad en esta dinámica voraz del nuevo milenio. Por eso, en principio, me gusta la idea de hablar de algo que ya tiene más de una semana de haber sucedido y que ya ha provocado diversas reacciones: el video producido por los alumnos del Instituto Cumbres que causó una gran polémica al presentar a los alumnos de último año de bachillerato haciendo un casting ficticio para elegir a su compañera de graduación.

Entre la pretendida parodia y la autoficción, el mensaje revela una gran cantidad de estereotipos y asuntos de clase y género sin resolver que no son exclusivos de los alumnos del Cumbres, pero que aunados a su posición social y su formación ideológica (el colegio es auspiciado por los Legionarios de Cristo), vinculan este video con una gran cantidad de referentes que ya estaban instalados en el discurso público desde mucho antes.

Han corrido ya ríos de tinta al respecto y los muchachos del Cumbres parecen haberse incorporado al imaginario colectivo como representación por antonomasia de machismo, clasismo y/o estupidez en general, a grado tal que la Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) usó una imagen del video para iniciar una campaña que los condena, reforzando el estereotipo con el que los propios alumnos del Cumbres juegan en el video, aunque este organismo lo difunde a nivel nacional y lo descontextualiza al abstraerlo de su intención original, con lo que hace a su vez vulnerable al grupo que sataniza. Y esto no me parece, tampoco, deseable.

Por eso quiero dialogar con este tema a partir de dos textos que promueven una idea distinta a la reacción de censura absoluta y cierre de filas contra el video y sus protagonistas. El primero es el titulado “Las novias de los chicos Cumbres”, de “Nereísima” (@nereisima en Twitter), quien desde su experiencia docente y el texto de Hegel “¿Quién piensa abstractamente?”, presenta una visión relacionada con los conceptos abstractos que se imponen a los jóvenes, a partir de una conversación que ha establecido con sus propias alumnas, chicas de un colegio religioso que en alguna parte de su discurso y de su deseo alimentan la aspiración de representar la femineidad estereotipada en el video del Cumbres; el otro texto es “El Cumbres y la desigual distribución de la frivolidad”, de José Merino, quien cuestiona las reacciones lapidarias hacia los muchachos y se pregunta si el problema es que no todos podemos darnos el “lujo” de la frivolidad.

El texto de @nereisima: https://nereisima.wordpress.com/2015/03/28/las-novias-de-los-chicos-cumbres/)

El texto de José Merino: https://elmodernisimo.wordpress.com/2015/04/01/el-cumbres-y-la-desigual-distribucion-de-la-frivolidad/

Es cierto que la visión expresada por el video no representa textualmente la de todos los jóvenes; sin embargo, también lo es que a su manera, cada grupo tiene su catálogo de representaciones abstractas y que en los jóvenes, éstas suelen suplir lo que su experiencia todavía no les ha dado la oportunidad de vivir. Ahí es donde entra el papel de la escuela, que en teoría debe preparar generaciones para que se integren a la vida adulta con una perspectiva amplia y flexible. El punto de cruce entre el texto de Nereísima y el de Merino es interesante, porque mientras ella analiza el fenómeno amplio del video en términos de las identidades y roles que se forman a partir de lo social, determinado en tantas formas por lo escolar, él discute sobre cómo la opinión pública pretende dar castigos ejemplares ante lo que considera un fracaso de la familia y la escuela.

No espero que la opinión pública “eduque”, pero me parece válido volver a preguntarse sobre este tema desde lo pedagógico, por su propio origen. Hay dos programas oficiales de bachillerato en nuestro país, el plan UNAM y el plan SEP; en ellos, y en cualquiera que quisiera proponerse, para ser reconocido debe basar sus preceptos en la educación por competencias, que considera a los aprendizajes como la suma de tres factores: el conocimiento teórico, la habilidad técnica y la actitud. En realidad, el gran avance en esta perspectiva es considerar la actitud como parte irrenunciable del verdadero aprendizaje; mi ejemplo favorito para explicar la educación por competencias es el personaje del “Doctor House”, quien pese a ser sobresaliente en conocimiento y habilidad en su profesión, no sería competente porque sus actitudes obstaculizan su desempeño.

Para poder desarrollar estos conocimientos, habilidades y actitudes en conjunto, uno de los principios educativos fundamentales es crear el ambiente para que los alumnos dejen a un lado las abstracciones heredadas de las que no pueden ni rastrear el origen y a cambio generen constructos, es decir, síntesis armadas por ellos mismos a partir de lo que van conociendo y queriendo conocer, flexibles por naturaleza. De las abstracciones estáticas que pretenden dictar verticalmente lo que está “bien” o “mal” nadie se hace cargo, pues se dan por sobreentendidas y sólo se van pasando de boca en boca; entonces, sería verdaderamente transformador que la escuela lograra dejarlas de lado y generar estos constructos en todos sus sujetos de aprendizaje.

El polémico video pone en evidencia que la educación, desafortunadamente, no ha dejado de ser una abstracción; es decir, es vista aún como un poder ejercido por una jerarquía en el que opera casi toda voluntad excepto, al parecer, la de los educandos. ¿Cómo, si no, entender que en la página del Instituto Cumbres se prometa que “los alumnos se forman en el respeto, la caridad, la igualdad, la generosidad, la nobleza, la humildad y la justicia”, si ya vimos que esto puede contradecirse absolutamente en la acción? Es un fenómeno preocupante que las reflexiones dentro del aula no logren articularse a una actitud integral y así, el correctísimo amor al prójimo y la incorrectísima patanería puedan coexistir simultáneamente en el mismo individuo, generando comportamientos que se dan desde una inconciencia y una falta de criterio milenarias. Un joven realmente competente no necesitaría, ni dentro ni fuera de la escuela, alardear sobre su visión de las mujeres y de sí mismo, ni siquiera bajo el frágil argumento del “humor”.

Se ha exigido que les den cursos de género a los alumnos Cumbres. Ya se ha dado el caso, aún pendiente de revisión, de que en algunas escuelas se introduzcan asignaturas que respondan a los problemas de sexualidad y discriminación, pero es difícil porque de inicio, la despreocupación por estos temas en el currículo es la misma en el Cumbres y en todas las escuelas, en términos de los programas (bastante inflexibles) que hay que cumplir; y aunque esta vez los ojos están puestos en un video, quién sabe qué otros pensamientos, invisibles para la opinión pública, esté provocando este vacío educativo en otros contextos. Incluso en casos de adolescentes que parecen más conscientes y que se han puesto como ejemplo para compararlos con los del Cumbres, estoy segura de que aún hacen falta introspección y constructos. Entonces, un curso sobre género en estas circunstancias corre el riesgo de convertirse para los “chicos Cumbres” en un alimento más a esa perversa mitología de lo femenino que ya reflejan en el video. Suponiendo que se aceptara esta condición, no sería distinta a castigar a los alumnos dejándoles más tarea: lo único que se logra es reforzar la distancia entre lo que se les dice en abstracto de cómo deben ser y su construcción real, que no solemos escuchar hasta que se manifiesta con esta violencia.

Dice Nereísima en su texto: abstraer es dejar de ver, alejarse. Esto es justamente lo que le resuena a José Merino sobre la exhibición y escarnio de los chicos Cumbres, incluso desde la Conapred: tanto los hemos visto, que en un punto dejamos de verlos si no es como la representación de esos arquetipos que ya teníamos armados. Pero si es este un problema originado en lo escolar, alguien debe hacerse cargo de este vacío de construcción de empatía, de consideración a los otros y de diálogo que seguramente, incluso urgentemente, necesitan estos alumnos tanto como todos los adolescentes. Diálogo horizontal y comprometido, que no sería más que la aplicación del modelo educativo y el perfil de egreso que prometen sus educadores, que es el que desearíamos ver todos.

En lo personal, no sé si la educación formal es más una oportunidad de construir y reconstruir estructuras o más un nido de reproducción de vicios, pero al menos provoca y contiene esta dualidad que me parece pieza fundamental para entender, pensar y proponer, más allá de imponer puntos de vista verticales que por sí solos cierran el espacio a la transformación. No está de más, en estos términos, considerar siempre que hay generaciones detrás intentando comprender y que en su educación participamos todos, directa o indirectamente, querámoslo o no.

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