Looking for Something?
Menu

El ser más hermoso del mundo

Por Nerea Barón:

Esdrújula, se sabe, es la perra más bonita del universo. Curioso el azar que me puso a mí como su guardiana, debo de ser muy afortunada para que los dioses me hayan encargado la misión de cuidar a la pequeña diosa, epítome de toda la belleza del mundo. Desempeño mi papel lo mejor que puedo: le acaricio la barriguita, le canto canciones y le recuerdo que es la criatura más especial de toda la Tierra. Ella sonríe con su sonrisa perruna, mueve la cola y se deja amar, suave y dócil.

Cuando la veo jugar con otros perros, no dejo de azorarme: la pequeña deidad se pone a retozar y a brincar con ellos, ¡como si fueran iguales! Compruebo entonces su superioridad: tan noble es que no tiene reparo en embellecer, durante ese rato, a los sacos de pulgas que la acompañan.

Sin embargo, a veces tengo que protegerla, pues el mundo es ciego y ruin. Si, por ejemplo, un día me dejara llevar por mi obnubilación y aceptara hacerla modelo de revista, los humanos lo harían todo mal, mal, mal. Ya me los imagino, fotoshopeándola para taparle la mancha blanca de su hocico, haciéndola parecerse a la versión abstracta de su raza, camuflándole los genes de perra sana, negando el brío palpitante de su mestizaje.

No la sometería a semejante tortura: sería comparada con otros perros y consigo misma, ¡como si no fuera obvio su esplendor de diva, fruto maduro de la Naturaleza, tras tantos siglos de perfeccionamiento!

La harían dudar y en la duda, la despojarían de su encanto nato, condenándola desde ese momento a parecerse a otros perros y a voltearse a ver en los aparadores de la calle. La convertirían en todos sus reflejos, le enseñarían palabras para cada uno de sus rasgos y la obligarían a calificarlos del uno al diez: patita delantera derecha, 8, pelaje del lomo, depende de la estación del año. Odiaría los inviernos y ya no movería la cola ante mis alabanzas.

Se escribirían tratados filosóficos sobre el núcleo inasible de su belleza y tras sesudas reflexiones la diluirían en la Belleza con mayúsculas hasta olvidarla y hacerla un mero costal de pelaje castaño. Pasaría de moda y se deprimiría. Dejaría de jugar con otros perros por miedo a que se estuvieran acercándose a ella sólo por lástima.

Qué atrocidad. La sola idea ha sido suficiente para estremecerme. Pero Esdrújula ya se ha acercado a consolarme y con sus ojos de amor verde me regresa la fe. Comprendo al verla que la luz que irradia ante mi letanía de loas contiene una sabiduría ancestral que el humano ha olvidado con su neurosis egóica: la alegría de ser amado siempre suma y no compite con nada.

En el encuentro de los ojos y los corazones la belleza se desparrama sin parámetros y uno se vuelve el ser más hermoso sobre la Tierra; a menos, claro, que por centrar la atención en nuestro reflejo perdamos de vista la abundancia con la que somos reflejados.

Puede interesarte

Deja un comentario

Efemérides

uncached

Twitter