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El Nobel que toca la armónica

Por Deniss Villalobos:

Bob Dylan ganó el Premio Nobel de Literatura este año. No me interesa mucho hablar de si lo merecía o no, de quiénes son mejores candidatos o no, de si, como leí por ahí, esto es un “golpe para las editoriales” (como si Penguin Random House fuera a quebrar por no tener un Nobel para vender como regalo de Navidad) o de todos los comentarios tan tristes y amargados que he leído en las últimas horas o de si sus letras son poesía aunque no estén impresas en un libro en forma de antología. Solo quiero comentar algunas cosas sobre Dylan que lo hacen importante en mi vida.

I

Cuando tenía ocho o nueve años viajaba mucho en auto con mi papá. Escuchábamos muchas cosas o a veces platicábamos, pero uno de mis momentos favoritos era cuando sonaba Mr. Tambourine Man y los dos cantábamos o sonreíamos y eso era lo único importante en el mundo. Yo no sabía inglés, mi papá no se interesaba mucho por la letra, pero ambos intentábamos cantar a la par de Bob y dejar que la música nos alegrara. Tiempo después noté que mi papá ni siquiera era un gran fan de Dylan, conocía solo algunas canciones y a veces olvidaba su nombre, pero Mr. Tambourine Man seguía en mi memoria musicalizando uno de los recuerdos más queridos que tengo de mi infancia al lado de mi padre.

Then take me disappearin’ through the smoke rings of my mind

Down the foggy ruins of time, far past the frozen leaves

The haunted, frightened trees, out to the windy beach

Far from the twisted reach of crazy sorrow

Yes, to dance beneath the diamond sky with one hand waving free

Silhouetted by the sea, circled by the circus sands

With all memory and fate driven deep beneath the waves

Let me forget about today until tomorrow.

II

Cuando estaba por terminar la preparatoria y no tenía idea de qué hacer con mi vida; qué estudiar, qué no estudiar, buscar un trabajo, meterme a un río con piedras en el abrigo… la única canción que me hacía seguir adelante y el disco que más escuché en ese entonces fue It’s All Over Now, Baby Blue y el Blood on the Tracks respectivamente.

La canción es parte de Bringing It All Back Home, álbum editado en 1965, y la letra, en ese momento y aún ahora, me invitaba a subir a un barco e ir a cualquier parte, no importa dónde, con tal de moverme. Pude haberme quedado en mi cama escuchando a los Smiths (cosa que sigo haciendo a veces), pero la voz de Dylan me dio la fuerza para intentar algo más. Me ha dado fuerza para intentarlo muchas veces.

Leave your stepping stones behind, something calls for you

Forget the dead you’ve left, they will not follow you

The vagabond who’s rapping at your door

Is standing in the clothes that you once wore

Strike another match, go start a new

And it’s all over now, Baby Blue.

III

La primera vez que me rompieron el corazón, la primera vez que en serio sufrí y lloré y pensé que nunca volvería a enamorarme, mi única compañía, por meses, fue Bob Dylan. La relación continuó por más de dos años pero algo en mí ya se había perdido para siempre y en su funeral sonaron, en especial, dos canciones: Simple Twist of Fate y Don’t Think Twice, It’s All Right. Una me hacía sentir que todo era una mala jugada del destino y la otra que solo había perdido mi tiempo. Las dos eran verdad. Necesitaba esas dos canciones para llorar muchas noches, y el sonido de esa armónica que, para mí, se siente como el abrazo de un amigo.

People tell me it’s a sin

To know and feel too much within

I still believe she was my twin but I lost the ring

She was born in spring but I was born too late

Blame it on a simple twist of fate.

IV

Una de mis canciones favoritas de Bob Dylan es Rambling, Gambling Willie. Es parte de The Bootleg Series Volumes 1-3, aunque la versión que más escucho es la de The Witmark Demos (leí en algún lado que originalmente iba a ser parte de The Freewheelin’). La canción habla sobre Wild Bill Hickok (al que Bob llama Will O’Conley), un jugador, pistolero y alguacil con “corazón de oro” que murió en 1876 cuando alguien le disparó mientras jugaba póker.

Y, a pesar de que no puedo relacionar la letra a nada en mi vida, lo único que quiero hacer cuando la escucho es bailar. No importa qué tan mal esté todo, si escucho la historia de Willie mi día mejora. Siempre.

But Willie had a heart of gold and this I know is true

He supported all his children and all their mothers too

He wore no rings or fancy things, like other gamblers wore

He spread his money far and wide, to help the sick and the poor

And it’s ride, Willie, ride

Roll, Willie, roll

Wherever you are a-gamblin’ now, nobody really knows

**

Así que no tengo idea de si Bob Dylan se merecía este premio, aunque es obvio que no lo necesita y que no todas sus letras son maravillosas, y aunque hay escritores que me gustan y que me alegraría que ganaran, que este año él sea el ganador me hizo sonreír. Es un gran pretexto para escucharlo, es una tontería pensar que no hace poesía, y es importante recordar que si bien los premios sirven para reconocer la obra de un artista, lo que más importa es el papel que ellos tienen en la vida de las personas; lo que una pintura causa en quien la observa, lo que se queda de un poema en ti.

Hay autores que ganaron un Nobel a los que nadie recuerda y hay otros a los que leeremos siempre aunque no ganaran nada. Y, aunque no sé exactamente qué es la literatura, sé que no es tener muchos libros publicados o escribir novelas de mil páginas o tratar de sonar tan profundo que solo tú mismo entiendas qué quisiste decir, y sospecho que quizá la literatura está más cerca de lo que las canciones de Bob Dylan nos hacen sentir.

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