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El niño que vivió

Por Deniss Villalobos:

“You’ll stay with me?’
Until the very end’.”
J.K. Rowling, Harry Potter and the Deathly Hallows

 

El día en que cumplí once años desperté, como cualquiera en mi familia el día de su cumpleaños, por el sonido de Las mañanitas en voz de Pedro Infante. Vi a mi hermana menor, a mis padres y a mi abuelita sonriendo, acercándose lentamente a mi cama llevando con ellos algunas cajas de regalos y un pingüino con una velita mágica que me tomaría cinco intentos poder apagar. Me abrazaron, me desearon feliz cumpleaños y pasé al emocionante momento de abrir los regalos. No recuerdo exactamente qué me dieron mis padres, pero, por otro lado, puedo ver claramente el regalo que mi abue puso en mis manos aquella mañana. Envuelto en papel azul metálico y adornado por un moño plateado recibí el mejor regalo de toda mi vida: Harry Potter y la piedra filosofal.

Supongo que hay muchas razones para que una gran cantidad de personas menosprecien estos libros, pero también para que muchas otras personas los adoren. Lo fantástico de esta saga es que su significado está siempre ligado a la época en la que algo realmente puede marcarnos: la infancia y la adolescencia.

En mi caso, durante los seis años de primaria y los tres de secundaria, recibí burlas y acoso todo el tiempo por un montón de razones: usaba anteojos, tenía los dientes separados y los pies chuecos, llevaba zapatos ortopédicos, estaba pálida y cachetona, mi pelo siempre era un desastre, sacaba muy buenas calificaciones y tenía la irritante costumbre de corregir a cualquiera que se equivocara al dar una respuesta. En resumen: cualquier cosa era usada en mi contra para molestarme y siempre había alguien que hacía algún comentario ofensivo o me agredía físicamente. Yo intentaba tomármelo bien, pero la verdad es que me sentía muy sola a pesar de que estaba mi hermana, y deseaba tener algún amigo de mi edad con quien pudiera platicar, jugar y hacer la tarea. Ese amigo llegó cuando empecé a leer Harry Potter.

Harry, Ron, Hermione y el resto de los personajes me ayudaron a soportar todo lo que pasaba en la vida real dándome una historia maravillosa en la que podía pretender vivir cuando abría un libro. La magia de Hogwarts y el encanto de Londres hacían que me olvidara de mi escuela pública en el Estado de México llena de compañeros malvados; Dumbledore y la profesora McGonagall me hacían apreciar más a los pocos buenos maestros que tenía; la familia Weasley era la prueba de que mi familia, a pesar de ser caótica, también era entrañable, y también, gracias a Harry Potter y todos los personajes e historias alrededor de él, aprendí que la fantasía es, muchas veces, el único escudo que tenemos para defendernos de lo malo que hay en el mundo, pero al mismo tiempo es la ventana por la que podemos asomarnos y descubrir que fuera de los libros la magia continúa.

Haber encontrado la historia de un chico que cumplía la misma edad que yo, y con quien fui creciendo, esperando ansiosa la aparición de cada nuevo libro y película, fue la principal razón por la que los horribles años que pasé en la escuela no me derrumbaron. El niño que vivió me ayudó a vivir a mí. Estaba demasiado ocupada deseando que Ginny no muriera en la cámara de los secretos, intrigada por el perro enorme que seguía a Harry, asustada por los dementores, llorando por Cedric Diggory, enamorada de Viktor Krum, aprendiendo sobre dragones, elfos domésticos e inferí, buscando ingredientes para una poción multijugos, memorizando encantamientos para luchar contra quien ustedes saben, identificándome con Luna Lovegood o imaginando que me tomaba una cerveza de mantequilla en Las Tres Escobas.

Todos los lugares sobre los que leí tienen un gran significado para mí, como si hubiese estado en todos ellos; el castillo de Hogwarts, la casa de los Dursley, el jardín de los Weasley, Hogsmeade, el callejón Diagon, el andén 9 y ¾ y el bosque prohibido: todos ellos fueron un hogar dentro de mi hogar. Lloré todas las muertes y me alegré por los triunfos, porque la historia se volvió parte de mi vida y todos en ella eran mis amigos de verdad. Por eso todos los que crecimos con estos libros vamos siempre a recordar con cariño los momentos que pasamos perdidos en sus páginas, como cualquiera que recuerda a algún buen amigo del pasado, a quien seguirá queriendo a pesar de que el tiempo pase y con quien intentará no perder contacto.

No siento vergüenza al hablar de todo esto ni lo considero un gusto culpable. Más de una década después sigo leyendo los libros, viendo las películas y lanzando algunos encantamientos a las personas que se lo merecen. He leído otras cosas que me han gustado hasta hacerme reír, llorar o enfurecer; he visto otras películas y me he emocionado con otras historias, pero lo que viví con Harry Potter no se repetirá nunca, y por eso seguiré haciendo referencias y hablando del tema a la menor provocación.

Hace unos meses estuvo de moda hacer una lista de los libros que marcaron tu vida, y aunque en mi lista había varios títulos, si soy realmente honesta, la saga de J.K. Rowling es lo único que viene a mi cabeza, justo como un pequeño rayo en la frente.

 

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Feedback

1
  • Sergio rh

    ¿Acá dónde le doy clic a la manita de “Me gusta rete que mucho” jajaja 😀
    ¡Felicidades! por tu publicación

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