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El Feminismo Regresivo

Por Bvlxp:

Durante las últimas semanas hemos escuchado acerca de unos mequetrefes que se hacen llamar Los Porkys, un grupo de jóvenes veracruzanos que abusaron sexualmente de una amiga suya en una violación tumultuaria. Cuando uno escucha el nombre Los Porkys, a la mente viene una imagen de seres sucios, gordos, dueños de la calle en un barrio marginal, mataperros bebedores de cerveza en la banqueta y cobravenganzas. Pues bien, estos badulaques en apariencia son todo lo contrario: hijos de la élite empresarial veracruzana, juniors con camisas ajustadas de miles de pesos y el pelo engominado, mirrreyes cobijados bajo el Mirreynato: ese arreglo de impunidad entre gobernantes corruptos y los dueños del dinero.

Durante estas mismas semanas hemos escuchado indignación de todos los sectores sociales: desde la opinión escrita hasta la opinión de a pie y la opinión pedestre de las redes sociales; todos hemos sentido el mismo asco, la misma rabia y hemos exigido justicia para la víctima. El repudio ha sido unánime contra estos tipejos. A nadie le ha parecido normal y aceptable lo sucedido, el crimen cometido. Ninguna opinión que haya yo escuchado o leído ha dicho que este es un caso “normal” o pasable en lo más mínimo. La indignación ha sido generalizada y ha servido como acicate para que la Fiscalía General del Estado de Veracruz actúe y el crimen no quede impune (a la fecha de elaboración de este texto, la Fiscalía obtuvo órdenes de aprehensión contra tres presuntos responsables).

Sin embargo, un sector del feminismo radical ha usado el caso como ejemplo de la “normalización” (adjetivo progre muy socorrido en estos tiempos) de la violencia contra las mujeres, en especial la violencia sexual. El recurso es fácil: se busca avanzar una agenda feminista comparando a quien sea con Los Porkys: todos los hombres son Porkys en potencia, Los Porkys son un resumen de la sociedad entera. Se extrapola el crimen cometido por Los Porkys, se toma un calzador, y se le compara con cualquier cosa.

Este discurso de la rabia tiene el único resultado de alienar a quien lo escucha: se pueden decir cosas atendibles y dignas de reflexión pero la facilidad del epíteto ahuyenta hasta el mejor intencionado, olvidando que para que el género prospere es fundamental sumar a los hombres a la causa de la decencia.

Sin duda vivimos en una sociedad de tintes machistas, pero también en una sociedad en la que el discurso que poco a poco se va normalizando es el de los derechos humanos. En esta ola debería montarse el feminismo si quiere progresar, en vez de polarizar y antagonizar a los que quiere hacer escuchar.

En los tiempos de asfixiante corrección política que padecemos, el feminismo radical es el un autoritarismo que más probabilidad tiene de asentarse entre nosotros. Debemos seguir condenando la violencia real contra las mujeres y la violencia en general en toda la sociedad. Todos, pero sobre todo el feminismo, debemos entender que al tiempo que condenamos crímenes como el de Veracruz, no debemos de perder la brújula permitiendo que el discurso autoritario se instale entre nosotros. Con discursos polarizantes a cambio de Likes, el feminismo corre el riesgo de empezar a ser regresivo y ridiculizado, cada vez más marginal, en perjuicio de la causa legítima de las mujeres.

Nunca debemos olvidar que sin importar que hoy seamos los buenos, si nos guiamos por la moral del momento y no por las leyes, un día podemos estar del otro lado del pelotón de fusilamiento. Un día cualquiera pueden venir por ti los buenos cuando ya no te cuenten entre ellos.

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