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El derrumbe

Por Ángel Gilberto Adame:

El inesperado desenlace de la Decena Trágica significó para la familia de Ireneo Paz un alivio y una oportunidad para salir de los problemas, tanto económicos como legales, en los que se hallaba inmersa[1].

Durante el gobierno de Madero, los Paz Solórzano vieron disminuidos la influencia y el prestigio que habían adquirido a lo largo de la dictadura de Porfirio Díaz. De acuerdo con Adolfo Castañón[2], Ireneo había pertenecido a “una minoría” creadora de instituciones que participaba también “de un conjunto de creencias, valores y esperanzas modelados por la Revolución Francesa” y, a pesar de “estar inscrito en un orden jerárquico”, resistía el impulso mercenario.

En busca de lo perdido, Arturo Paz intentó entrevistarse con el coahuilense por conducto de Juan Sánchez Azcona.  Su desesperación fue en aumento al no ser atendido.  El 18 de septiembre de 1912 especificó: “Dos puntos deseo tratar con usted: la suspensión de los emolumentos de mi padre como comisionado de la Secretaría de Instrucción y el relativo a mi baja como coronel defensor en el Supremo Tribunal Militar”[3]. No obtuvo respuesta.

Pese a todo,  la actitud del nuevo régimen no les fue adversa. Durante ese periodo de estrechez contaron con la amistad de Liborio Fuentes, un militar de rango medio en quien Ireneo Paz, dueño de La Patria veía “casi a un hijo”[4], pues se mantuvo ligado a sus proyectos editoriales durante casi cuatro décadas y formaba parte de su círculo íntimo; incluso se casó por segunda vez con una sobrina política del periodista[5].

El 18 de febrero de 1913, Victoriano Huerta encomendó a Liborio Fuentes y a su hijo mayor, Luis Fuentes Basauri, tareas decisivas. Al padre le encargó reforzar la vigilancia de Palacio Nacional; el hijo recibió la instrucción de apresar a Gustavo A. Madero.

Al poner en marcha sus planes, Huerta invitó al diputado Madero al restaurante “Gambrinus” con el simulado objetivo de limar asperezas. Después de la comida y los brindis, Huerta le pidió su arma con el pretexto de obsequiarle una de mejor calidad y se retiró del salón. Acto seguido, Luis Fuentes irrumpió con un grupo de soldados y detuvo a Gustavo. Luego de mantenerlo durante horas encerrado en un cuarto del mismo restaurante, lo trasladó a la Ciudadela y lo entregó a sus superiores, quienes se burlaron airadamente de él y lo arrojaron a “la bola”[6].  José Juan Tablada escribió al respecto en su Diario: “Parece […] que sin el menor intento o simulacro de un juicio, el desventurado Madero fue calzado a balazos en un patio de la Ciudadela por los esbirros de Mondragón y Félix Díaz. […] A la ciega hecatombe causada por el cañón y la metralla se añade este asesinato deliberado, sin atenuante ni disculpa, como indicación de lo que puede esperarse de quienes pretenden substituir la inepcia del Gobierno que derrocan brutalmente”[7].

En la versión de La Patria se dijo que, desde su detención, el hermano del presidente intentó sobornar a Fuentes y que a pesar de ello se le dio un trato digno, aunque fuera  un “inmoral” que pasaba la vida “riendo y banqueteando […] en tanto que la sangre de los valientes soldados corría a torrentes por las solitarias calles de la capital”. En lo que respecta a su muerte se añadió: “una vez que el reo hubo llegado con sus custodios a la Ciudadela, pretendió fugarse emprendiendo desenfrenada carrera, por lo que uno de los soldados que lo conducía disparó sobre el fugitivo que cayó herido de muerte, para no levantarse más”[8].

Huerta recompensó los servicios de los Fuentes, quienes ascendieron vertiginosamente en la jerarquía del poder[9], al extremo de convertir a Liborio en general de brigada. Luis, por su parte, desposó a Luz Huerta Águila el 23 de julio de 1913; la fiesta de recepción fue considerada como el evento social más importante de esa época. Entre los múltiples convidados figuraban los Paz Solórzano[10], encabezados por Arturo y Octavio, este último recién nombrado agente del ministerio público en Campeche. En La Patria se resaltó: “La señorita Luz Huerta, hija del actual Presidente, dio la mano de esposa al joven capitán Luis Fuentes, hijo del que fue por muchos años nuestro compañero”[11].

Los diarios de la capital no fueron ajenos al influjo dictatorial huertista y siguieron la línea editorial sugerida por la presidencia. El Imparcial El País, considerados los de mayor circulación de aquel entonces, aceptaron sin objeción las instrucciones[12]. La Patria también accedió; así, Ireneo “no tuvo empacho en apoyar al régimen militar del general Victoriano Huerta”[13] y escribió virulentos artículos: “[Si] triunfa Carranza […] comenzarán de nuevo  las conspiraciones y las luchas armadas […]. Ese […] sería el desenlace del triunfo que nos trajera la revolución que está hoy haciendo pedazos a la República. ¿Y hay gentes siquiera de mediano entendimiento que simpaticen de verdad con esa clase de revolucionarios que no dan muestra de querer otra cosa que su provecho personal? ¡Dios las libre a ellas mismas del triunfo del señor Carranza!”[14].

El 13 de marzo de 1914 Ireneo organizó una fiesta íntima en su finca de Mixcoac: “se reunieron a comer, además de los miembros de su familia, los amigos de ésta de muchos años, el Sr. Nemesio García Naranjo y el Gral. Liborio Fuentes”[15]. De acuerdo con Fernando Vizcaíno, en la sobremesa “García Naranjo expresó la necesidad de que La Patria apoyara, de modo más explícito, a Victoriano Huerta”[16]. En consecuencia, la línea editorial se fue haciendo aún más crítica con los personajes que amenazaban la continuidad de la dictadura militar: Zapata, Villa y Carranza[17].

Desde La Habana, Félix Díaz dijo al periódico La Noche: “el único responsable de la muerte de Madero es Huerta, quien comisionó a su yerno, el capitán Fuentes, para que ideara la forma de consumar el crimen”[18].

Ante la consecución de victorias del Ejército Constitucionalista, Huerta dimitió y preparó el camino para su huida. Ireneo expresó su sorpresa: “Realmente el cambio de gobierno verificado de una manera tan repentina, por más que ya se esperara, nos ha llenado a todos de estupor, casi nos ha dejado sin aliento. De tal manera hemos estado, diremos la verdad, oprimidos, como si despertáramos de un largo sueño, como si hubiéramos tenido una pesadilla terrible, no podíamos todavía darnos cuenta de lo que ha pasado”[19].

A mediados de julio, Huerta emprendió la fuga hacia el puerto de Coatzacoalcos acompañado de su gente más cercana. Liborio Fuentes escoltó a la caravana y regresó a la capital del país el 21 de ese mes. A diferencia de otros mandos militares, prefirió permanecer en México a pesar de que había sido comisionado para laborar en Francia, manifestando así su confianza en un posible armisticio para los suyos. En cambio, su hijo Luis acompañó a su esposa y a sus suegros al exilio a bordo del Dresden[20].

Los editoriales de La Patria de esos meses llamaron insistentemente a la reconciliación de los intereses nacionales, a que se reconociera el honor de los vencidos y dieron la bienvenida a los caudillos triunfantes: “saludamos en los hombres que han empuñado la bandera revolucionaria, la idea que han venido representando; son ellos muy gloriosos, pero es más grande todavía el estandarte que traen en las manos con la gran enseña «Constitución y Reformas»”[21]. A pesar de sus esfuerzos, el diario cerró el 26 de agosto.

A fines de ese año, la entrada de Francisco Villa en la capital inició un periodo que Friedrich Katz llama “el Terror de la ciudad de México”. En esa depuración fueron asesinadas cerca de 115 personas, casi todas pertenecientes a “la clase alta y partidarios del régimen de Huerta”. La poca prensa que circulaba ni siquiera daba cuenta de los nombres de los ajusticiados[22].

Liborio Fuentes fue detenido por una partida villista y su ejecución se fijó para el 11 de diciembre[23]. Felipe Gálvez afirma que fueron vanos “los esfuerzos de Arturo Paz y Guillermo Haro y Cadena para [librarlo] del pelotón de fusilamientos, pues aunque obtuvieron el salvoconducto necesario para detener la ejecución, cuando llegaron con el papel a la Ciudadela, el consuegro de Huerta había sido pasado por las armas”[24]. Las esperanzas políticas de Ireneo Paz perecieron también ante ese paredón.


[1]Entre esa serie de conflictos estaban sus problemas de salud, la pérdida de suscriptores de La Patria, la cancelación de los contratos gubernamentales con la imprenta y la acumulación de demandas judiciales de sus acreedores. Documentos relativos a estos acontecimientos son de acceso público en el Fondo Histórico del Archivo General de la Nación.

[2]Castañón, Adolfo, “Encuentros entre Alfonso Reyes y Octavio Paz”, Revista Crítica, sitio web, 27 de abril de 2015.

[3]Paz, Arturo, “Carta de Arturo Paz al Sr. Secretario Particular del Sr. Presidente Dip. D. Juan Sánchez Azcona”, Archivo General de la Nación, Fondo Francisco I. Madero, 18 de septiembre de 1912. Según consta en los documentos que integran el mencionado fondo, Arturo  escribió entre enero y septiembre de 1912 solicitando una reunión que no se llevó a cabo.

[4] Gálvez, Felipe, Hoguera que fue, México, UAM, 1986, p.38.

[5]“Ayer en la tarde se ha celebrado ante el representante de la Ley, el contrato de matrimonio civil entre nuestro muy apreciable amigo y compañero, el Sr. Capitán D. Liborio Fuentes y la distinguida Srita. Natalia González Rubio; y hoy se celebra el eclesiástico. Ese acto solemne ha llenado de regocijo a cuantos deseábamos ver que al fin el joven Capitán viese realizada la fortuna a que con tanto afán aspiraba y a la que, en verdad, era y es acreedor por las nobles cualidades que le adornan. De figura simpática, de dulce carácter, de inteligencia culta y elevada, morigeradisímo en sus costumbres y honrado y trabajador como pocos hombres, nuestro amigo Liborio tenía títulos limpios para pedir la dicha que le ha concedido una joven bella, hacendosa, de virtud intachable y corazón amoroso”. La Patria, “Enlace”, 15 de octubre de 1896, p.3.

[6]Para profundizar en el estudio de estos acontecimientos sugiero, de entre la abundante bibliografía, los siguientes títulos: Márquez Sterling, Manuel, Los últimos días del presidente Madero. (Mi gestión diplomática en México), México, Porrúa, 1958; Taracena, Alfonso, La verdadera revolución mexicana (1912-1914), México, Porrúa, 1992; y, Krauze, Enrique, Biografía del poder, caudillos de la Revolución Mexicana, 1910-1940, México, Tusquets, 1997.

[7]Tablada, José Juan, “Jueves 20 de febrero de 1913”, Obras IV Diario (1900-1944), México, UNAM, 1992, pp. 96-97.

[8]La Patria, “Datos exactos de cómo murió D. Gustavo Madero”, 22 de febrero de 1913, p. 1.

[9]Los mencionados ascensos pueden consultarse en: Ramírez Racaño, Mario, El ejército federal, 1914: semblanzas biográficas, México, UNAM, 2012.

[10]Su asistencia fue reportada por el semanario El Mundo Ilustrado del 27 de julio de 1913, p. 11.

[11]La Patria, “Suntuoso casamiento”, 23 de julio de 1913, p. 3.

[12]Al respecto puede consultarse: Bolívar Meza, Rosendo, “La prensa durante la presidencia de Victoriano Huerta”, Estudios Políticos, núm. 18, mayo-agosto 1998.

[13]Krauze, Enrique, Octavio Paz el poeta y la revolución, México, Debolsillo, 2014, pp.24-25.

[14]La Patria, “Supongamos que triunfa Carranza”, 7 de marzo de 1914, p.1.

[15]La Patria, “Comida íntima”, 14 de marzo de 1914, p.1.

[16]Vizcaíno, Fernando, Biografía política de Octavio Paz o La razón ardiente, España, Algazara, 1993, p. 26. La anécdota también fue recuperada por Froylán Enciso en Andar fronteras: el servicio diplomático de Octavio Paz en Francia (1948-1951), México, Siglo XXI, 2008, pp. 14-15.

[17]La tendencia de descalificaciones seguida por el periódico se evidenció en notas como esta: “¿No nos dará todavía la Revolución lecciones más amargas? Es probable; pero entre tanto, hay que repetir al pueblo que para que haya justicia se necesita la paz, y que para que haya paz, es preciso no seguir a los ilusos como Madero y Carranza, ni a los bandidos como Francisco Villa”. La Patria, “¿Qué nos ha enseñado la Revolución en México?”, 17 de abril de 1914, p.1.

[18]Taracena, Alfonso, Mi vida en el vértigo de la revolución mexicana: (anales sintéticos – 1900-1930), México, Ediciones Botas, 1936, p. 239

[19]La Patria, “Todavía estamos aturdidos”, 17 de julio de 1914, p.1.

[20]El Imparcial, “Regresó el General Liborio Fuentes”, 23 de julio de 1914, p. 7.

[21]La Patria, “Nuestro saludo a la causa constitucionalista”, 17 de agosto de 1914, p.1.

[22]Katz, Friedrich, Pancho Villa, t. II, México, Era, 2010, p.34.

[23]La fecha exacta de su muerte la revela el acta del registro civil correspondiente. Meses después, The Washington Postreportó: “Otro acto […] que muestra la insaciable sed de sangre de Villa, fue el esquema por el cual hizo que muchos oficiales retirados del ejército federal fueran sumariamente eliminados. Dentro de estos, habían varios  generales mexicanos bien conocidos como Liborio Fuentes […]  Villa los llamó a su presencia para ser reintegrados en el ejército por su capacidad militar. Cuando aparecieron, Villa decretó su ejecución y sus órdenes se llevaron a cabo con presteza”. The Washington Post, “Villa ready to ravage border with fire and sword if U.S. steps in”, 15 de junio de 1915, p. 2.

[24]Gálvez, Felipe, Hoguera que fue, México, UAM, 1986, pp.38-39.

NOTA: Una primera versión de este texto se publicó en Letras Libres

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