Looking for Something?
Menu

El ángel de Hollywood

Por Deniss Villalobos:

Existen muchas mujeres a las que admiramos por su belleza y carisma: Anna Karina, Claudia Cardinale, Isabelle Adjani, Sophia Loren y Brigitte Bardot, por mencionar algunas. Todas ellas son conocidas por muchas personas, famosas por sus películas o su incursión en la música, como Anna y Brigitte, pero de entre todas esas musas que todos adoramos, la más especial, y la que más merece toda esa admiración y fama es, sin duda, Audrey Hepburn.

Audrey nació en Bruselas en 1929. La familia de su madre era descendiente de la aristocracia holandesa y su padre era un banquero que gozaba de cierta influencia en la ciudad en la que vivían. Aunque todo esto suena a un cuento, la verdad es que la infancia de Audrey fue bastante triste a causa de la Segunda Guerra Mundial. Sus padres se separaron en 1939 y ella y su madre fueron a vivir a Londres, donde estudió ballet, pero la guerra le arrebató a dos de sus hermanos, uno de ellos enviado a un campo de concentración, y dos familiares más que fueron fusilados. Su carrera comenzó como modelo y haciendo pequeños papeles en películas, hasta que en 1952 el director William Wyler le ofreció el papel protagónico de la divertida Vacaciones en Roma. Todas las películas en las que Audrey participó tienen cierto encanto, algunas más que otras, simplemente porque ella aparecía en pantalla. En su papel más famoso en Desayuno con diamantes logró, con su voz dulce y su rostro tierno, que el personaje de la historia de Truman Capote, Holly Golightly, se convirtiera en un ícono pop con la que muchas mujeres se identifican.

Su vida personal, en cambio, no fue tan agradable como su carrera. Se casó por primera vez en 1954, pero se divorció diez años después debido a la pérdida de cinco embarazos que afectaron su matrimonio de manera profunda. En 1969 volvió a casarse, pero se divorció siete años después, luego de perdonar varias infidelidades de su marido. Después de eso se alejó algún tiempo del cine y se refugió en una casa de campo en Suiza donde se dedicó exclusivamente a cuidar a sus dos hijos. Poco tiempo después conoció al actor Bob Wolders quien, en palabras de Audrey, fue su gran y verdadero amor.

Audrey Hepburn fue mucho más que una chica linda que triunfó en el cine aunque en su vida personal existieran varios episodios tristes. Su figura esbelta, que se debía mucho más a la genética y su infancia en la guerra que a trastornos alimenticios, como algunas personas han sugerido actualmente, se convirtió en el modelo a seguir de muchas mujeres de la época. Todas querían tener el cuerpo de Audrey Hepburn y vestir como ella, que inspiró a tantos diseñadores por su peculiar belleza y su inagotable elegancia, pero lo más importante para Audrey estaba en el interior de las personas. En 1988 fue nombrada embajadora de UNICEF y su labor humanitaria ocupó su agenda por completo. Hablaba seis idiomas: inglés, francés, holandés, italiano, alemán y español; viajó a Sudán, El Salvador, Guatemala, Honduras y Vietnam para ayudar a personas con SIDA y desnutrición, además de realizar un viaje a Somalia pocos meses antes de morir, a pesar de la recomendación de su médico de no hacer más viajes y quedarse en casa a descansar. Murió en 1993 y fue sepultada en la pequeña ciudad suiza en la que había vivido. Su tumba es simple y bonita, rodeada de flores, y el día en que falleció, Elizabeth Taylor declaró que Dios estaría feliz de tener a un ángel como ella a su lado.

Es maravilloso que Audrey siga siendo una influencia para mujeres y niñas de nuestra época, pues no puedo imaginar un mejor role model para mí o para mis futuras hijas. Leer sus entrevistas y ver sus fotos es fascinante, porque podemos verla exactamente igual de sonriente al lado de un famoso director o rodeada de niños en una aldea muy pobre; podemos ver qué tan feliz era paseando con su perrito en bici o abrazando a Pippin, un pequeño venado con el que convivió al filmar una película y que, gracias a los cuidados de Audrey, se volvió tan dócil que podía estar con ella en el sofá mientras lo alimentaba con un biberón. Hay muchas cosas que Audrey dijo y que podrían considerarse un gran consejo o guía de vida, como cuando habló de todo en lo que creía: “Creo en el color rosa. Creo que reír es la mejor forma de quemar calorías. Creo en los besos, en besar muchísimo. Creo en la fortaleza que todos tenemos cuando las cosas parecen ir mal. Creo que las chicas felices son las chicas más bonitas. Creo que mañana será otro día y también creo en los milagros”.

Hay varios libros dedicados a su vida y personalidad, pero uno de mis favoritos es Just Being Audrey, escrito por Margaret Cardillo e ilustrado por Julia Denos. En él podemos conocer su vida acompañada de varias frases que muestran la esencia de Audrey, así queda claro el equilibrio que había en ella, pues vemos ilustraciones que la muestran tan bella como era y leemos sus palabras, igual o más hermosas que su rostro. Audrey creía que la belleza iba del interior al exterior, y el mundo sería mucho mejor si todos pensáramos así.

Puede interesarte

Bordear la nada
Cómo ser un detective
Las estrellas brillan
Bréxito
Summer is coming
Ciencia y espiritualidad

Deja un comentario

Efemérides

uncached

Twitter