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El abismo de la clase media

Por @Bvlxp.

 

La idea fundamental de las sociedades occidentales de la posguerra fue la consolidación democrática a través de la movilidad social y el ensanchamiento de las oportunidades de educación y bienestar para todos. En una palabra, la construcción de nuestra sociedad se basó en la idea de la consolidación de la clase media como pilar de una vida democrática y de la convivencia pacífica. Sin embargo, en algún sitio el ideal se torció, perdimos el rumbo y desde hace mucho tiempo ya que presenciamos no la consolidación sino el adelgazamiento de la clase media; hace mucho que somos testigos de cómo ese ideal de la movilidad social ascendente se aleja cada vez más.

A pesar de que la clase media es el motor de la vida democrática de las naciones, hoy en día vivimos en un sistema que golpea a la clase media como a ninguna otra clase social. No existe clase menos favorecida políticamente que la clase media, y la movilidad social se encuentra en un estado francamente regresivo: hoy por hoy, es mucho más probable que los que conforman la clase media caigan en la pobreza a que escalen hacia el mundo de la riqueza. Nuestro sistema económico ha polarizado a tal grado la movilidad social que en vez de propiciar el crecimiento de un piso firme a medio camino entre la pobreza y la opulencia, la mayoría de quienes desde los años cincuenta empezaron a formar un patrimonio con el ojo puesto en la tranquilidad y en que sus hijos tuvieran una plataforma desde la cual despegar, han visto esta idea trunca y traicionada. En esta tara del sistema económico occidental está la mayor amenaza para la paz y la prosperidad de las naciones.

Los ideales de la clase media son muy poco emocionantes y harto predecibles: hacerse de una casa, tener un par de hijos, que éstos tengan acceso a educación de calidad, que se hagan profesionistas, tener un retiro que permita vivir sin sobresaltos y con algún lujo, que los hijos se casen y repitan el círculo de vida basado en el mismo rol social. Hoy este ideal que podía darse por hecho en la generación nacida a mediados del siglo pasado, parece el ideal de una vida de lujo para cualquiera que hoy tenga entre viente y treinta años. Pocos pueden independizarse y dejar la casa materna; los que lo logran necesitan juntarse y compartir el gasto de la renta. La vida alcanza para ir sobreviviendo y la sola idea de poder tener un hijo, pagar un parto, comprarle ropa, darle de comer, pagar una hipoteca y una colegiatura se antojan un acto de malabarismo imposible de lograr dignamente en el corto y mediano plazo.

¿Qué pasó en la planeación del desarrollo que llegamos a este punto? En general, los programas de erradicación de la pobreza han servido para paliar sus peores castigos pero no han propiciado la movilidad social que permita que el escalafón de la clase media se ensanche continuamente. Gastamos una enorme cantidad de recursos públicos únicamente en mantener a los miembros más vulnerables de la sociedad con lo mínimo para comer. Del otro lado del espectro, tenemos políticas e invertimos mucho dinero público en mantener en una situación de privilegio a los más ricos: les damos regímenes fiscales especiales, exenciones de impuestos y otros tratos especiales con la idea de que ellos son los generadores de las fuentes de empleo y que no podemos matar a la gallina de los huevos de oro con cosas como un cobro de impuestos realista y justo.

Bien. ¿Y dónde están los empleos bien pagados que se supone que los empresarios a los que no les cobramos tantos impuestos iban a crear? ¿Por qué un recién egresado de la universidad, el destinatario por excelencia de los sueños de la sociedad próspera y democrática que imaginamos no tiene otro remedio que aceptar un trabajo que malpague sus necesidades? ¿Por qué no hay programas sociales efectivos de ayuda a las clases medias? Por ejemplo: ¿por qué nadie ayuda a los padres de familia que no pueden pagar más la educación que le prometieron a sus hijos? ¿Por qué se rescatan a los bancos y no a los deudores de las hipotecas como sucedió en la crisis hipotecaria del 2009 en los Estados Unidos?

Los que aún sobrevivimos en la clase media tenemos que enfrentarnos a la idea de que debemos agradecer que nuestra precaria realidad no incluye las privaciones y los horrores sociales de la pobreza, de la misma manera que sabemos que la acumulación de un capital honroso y suficiente, ni más ni menos grande que el que construyeron nuestros padres, es una idea cada vez más lejana. Los que sobrevivimos a la clase media sabemos que estamos colgando del abismo y que la caída es mucho más probable a que la cuerda que nos sostiene nos lleve del otro lado de la tierra firme.

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  • Roberta Torres

    Hace poco, un profesor de humanidades, a modo de reproche, me recalcaba la posición que han tomado varias generaciones de jóvenes desde hace algunas décadas dentro de la estructura estatal mexicana. Él hacía hincapié en que estas generaciones, donde incluía a mis compañeros de clase y a mí, sólo estudiaba para buscar una mejor posición social y económica.
    Gracias a tu columna, puede que haya una respuesta para aquel reproche injustificado del profesor que denigraba a mi generación por no ser una de lucha como a la que Él perteneció. Nosotros, como jóvenes y nuevas generaciones de cambio, también buscamos ser reconocidos por la sociedad como una clase estudiantil e intelectual (como se hizo en la décadas de los 60’s en varias partes del mundo), pero no debemos olvidar que pertenecemos a una clase media que no cuenta con bases para un desarrollo próspero sino se busca por sí mismo. No podemos ser sólo objetivos, debemos tomar en la cuenta que nuestra sociedad es, por naturaleza,  mutatis mutandis y requiere también a clasemedieros subjetivos que se posicionen en una lucha de masas y no de clases.

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