Looking for Something?
Menu

Disertaciones sobre el stalkeo

Por Nerea Barón:

Stalkear (to stalk): dícese del acto

 de husmear en la vida cibernética de otros.

No es que no seas feliz en tu nueva vida. No es que, en estricto sentido, quieras volver con tu ex. Tampoco es que necesites saber qué está haciendo el novio de la exnovia de tu novio ni cómo se ve en bikini la esposa de tu amor de secundaria. Y sin embargo, un impulso incomprensible te lleva a dar ese par de clics prohibidos de tanto en tanto y jalar el hilo de la fantasía a partir de fotografías, estados de Facebook e interacciones de Twitter.

Consuélese tu vanidad: no es del todo tu culpa. Con las redes sociales se nos otorgó la ilusión de ubicuidad: no importa dónde estemos, siempre podemos estar simultáneamente en otra parte, y por más lejos que se encuentre el objeto de nuestros pensamientos, basta abrir un par de páginas aquí y allá para sentirlo cerca y convencernos de que todavía es parte de nuestras vidas sin requerir siquiera de su autorización.

Las redes sociales alimentan las fantasías y crean un puente entre la imaginación y la realidad: lo que antes era mera especulación ahora es especulación fundada y con la hermenéutica correcta cualquier hipótesis puede pasar por verdad sin mucha dificultad: ‘seguro sigue pensando en mí’, ‘seguro anda con Fulana’, etcétera.

El stalkeo preserva el delirio de protagonismo, ofrece finales alternativos y prolonga historias. Para el stalker no hay nada inconcluso: el clímax de su vida está ocurriendo a cada momento entre capas y capas de interpretaciones, contradicciones y vaivenes; basta un like a una foto determinada o un link a una canción cuyo octavo verso contenga una referencia ambigua al pasado para que su corazón se acelere y se escriba un nuevo capítulo en su épica privada. El stalker se niega a la resignación: cualquier chispa, en cualquier momento, puede incendiar el bosque.

Renunciar a stalkear, en esa medida, es renunciar también a la promesa de lo trágico, de lo trascendental, de lo apremiante. Asimilar que detrás de tu tiempo no hay otro tiempo, que el laberinto de mundos posibles ya se ha reducido a uno solo: a éste. Y estar conforme. ¿Pero cómo estar conforme con una sola posibilidad cuando el resto flota en el aire de nuestra neurosis?

Tú mismo lo has dicho: no es que no seas feliz en tu nueva vida ni que en estricto sentido quieras volver con tu ex. Es simplemente que el pospretérito contiene relieves de los que carece el presente, caracterizado por ser uno solo, plano y limitado. Su deficiencia está en su estructura: decidieras lo que decidieras, el afuera seguiría palpitando en su infinitud.

Renunciar a stalkear es atreverse a escribir la propia vida con minúsculas. Reconciliarse con los límites y permitirse llamar “vida” a ese devenir lento de la insignificancia. Tal vez nadie nos recuerda realmente ni nos espera un paraíso a la vuelta de la esquina. Y no pasa nada tampoco.

Puede interesarte

Tréboles
Alexa Moreno
Calumnia, que algo quedará
Pido un aplauso
Libros boxeadores

Feedback

1
  • Mirusema

    he de confesar que hace años soy tu acérrima seguidora y que me he robado tuits, seguido me identifico mucho contigo…
    Saludos

Deja un comentario

Efemérides

uncached

Twitter