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Discurso del Lic. Ángel Gilberto Adame en la presentación de Antología de Académicos de la Facultad de Derecho

Discurso del Lic. Ángel Gilberto Adame en la presentación del libro de su autoría “Antología de Académicos de la Facultad de Derecho”. El evento fue realizado el 21 de agosto 2014 en el Auditorio Dr. Eduardo García Máynez de la misma Facultad.

El proceso de elaboración de este libro se remonta a poco más de tres años. Muchas son las anécdotas que puedo recrear ahora que lo veo publicado. Siendo honesto, no podría afirmar que la idea original consistió en dar forma a algo semejante. Independiente de los méritos que el texto pueda tener, muchos me preguntan, ¿a qué hora tuviste tiempo de hacer esto? La respuesta no la sé, como tampoco sé si podría hacerlo de nuevo.

Lo cierto es que mi intención siempre fue rendir un homenaje a mis profesores de la Facultad de Derecho, los que me provocaron a ser lo que soy. Definir quiénes entraban en esa categoría fue el primer reto, ya que si bien tuve el honor de tomar clases con maestros que aún recuerdo con cariño, también es cierto que aquellos a quienes no tuve la fortuna de tratar directamente, ejercieron igual o mayor influencia en mí a través de sus obras. Ellos fueron capaces de salvar el inexorable tiempo y permitirme mantener un diálogo constante y enriquecedor.

El primer esbozo de este proyecto fue frustrante. Conseguir una fotografía, por ejemplo, de mi maestro Víctor Carlos García Moreno, o datos elementales como fechas de nacimiento o de defunción de los primeros directores de la escuela; era francamente imposible con la bibliografía existente. Quizás en ese momento debí renunciar, pero leer en el portal de Wikipedia que se incluía como egresados ilustres de esta casa a locutores, cantantes o políticos de triste recuerdo, y se omitía –o se ignoraba– a grandes profesores, me impulsó a seguir adelante. Acometí la imposible tarea de tratar de romper con uno de los más tristes defectos del ser humano: el olvido que genera la ingratitud, la indiferencia o la apatía. Partí de un principio: ¿De qué nos sirve poner en auditorios y aulas, placas de todo tipo, si para los herederos de esa noble estirpe, los estudiantes, no significan absolutamente nada? De don Eduardo García Máynez, indudable jurista universal, varios me comentaron que fue por esta Antología que por primera vez conocieron su rostro.

Para responder a las exigencias de este trabajo, intenté seguir una serie de criterios de selección. La única norma fue que en sus páginas figuraran sólo maestros, fuerza motriz indispensable para el fortalecimiento de una vida ciudadana cifrada en la ética y en la legalidad. Además de ello, todos son catedráticos relacionados directamente con nosotros, desde la añeja y señorial Escuela Nacional de Jurisprudencia, pasando por la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, hasta llegar aquí, a la querida Facultad de Derecho de nuestra Máxima Casa de Estudios; quienes han contribuido con su trabajo, su obra y su ejemplo a la construcción de un entorno jurídico más justo.

A medida que avanzaba, y fui descubriendo vidas y hechos que se revelaban ante mí, me preguntaba –y aún lo hago cada que veo una nueva biografía de Juárez, Zapata o Villa–, ¿por qué nadie ha escrito una fidedigna sobre Jacinto Pallares, Justo Sierra, José Vasconcelos, Alfonso Reyes, Antonio Caso, Alberto Vásquez del Mercado o Jesús Reyes Heroles? Su historia forma parte de nuestra profesión, por su visión y por la amplitud del horizonte que abrieron delante de nosotros.

Estar aquí, entre ustedes, maestros y discípulos, presentando un trabajo del que no me siento autor, sino una especie de juglar, me enorgullece y me hace reafirmar mi vocación universitaria. El futuro es de los jóvenes, sin lugar a dudas, pero nadie puede avanzar sobre bases sólidas si desconoce su pasado, y el pasado de la Facultad es motivo de orgullo, a pesar de sus claroscuros y de sus defectos, pues aconteció al amparo de un propósito honesto: dar a México, que así lo exige, mejores generaciones de abogados. Tan solo por esto creo que esta Antología de Académicos se justifica, y ratifica mi punto de que las mujeres y los hombres que en ella aparecen merecen ser recordados a cabalidad. Lo que nos corresponde, parafraseando a nuestro Ulises Criollo, es que ahora nosotros hablemos por ellos.

Muchas gracias.

Lic. Ángel Gilberto Adame López.

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