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Discurso de Lou Gehrig en el Yankee Stadium

Amigos, las últimas dos semanas han estado leyendo acerca de la mala suerte que tengo. Sin embargo, hoy me considero el hombre más afortunado en la faz de la tierra. He estado en estadios de béisbol durante diecisiete años y nunca he recibido nada más que la bondad y el ánimo de los aficionados.

¡Miren a estos hombres magníficos! ¿Quién de ustedes no lo consideraría el toque de luz de toda su carrera el asociarse con ellos para un día de uniforme? Estoy seguro, soy afortunado. ¿Quién no consideraría un honor haber conocido a Jacob Ruppert? También, al constructor del imperio más grande del béisbol, Ed Barrow. Haber pasado seis años con ese compañero maravilloso, Miller Huggins. Luego, haber estado nueve años con ese líder excepcional, ese estudiante elegante de la psicología, el mejor entrenador del béisbol de hoy, Joe McCarthy. Seguro, soy afortunado. Cuando los Gigantes de Nueva York, equipo que golpearía tus brazos derechos y viceversa, te envían un regalo, eso significa algo. Cuando hasta los jardineros y los niños en batas blancas te recuerdan con trofeos, eso es algo. Cuando tienes una suegra maravillosa que toma partido contigo en las disputas con su propia hija, eso es algo. Cuando tienes un padre y una madre que trabajan todas sus vidas de modo que puedas tener una educación y construir tu cuerpo, eso es una bendición. Cuando tienes una esposa que ha sido una torre de fuerza y ha demostrado más valor de lo que soñaba existía, eso es de lo mejor que conozco.

Así que termino diciendo que pude haber dado un mal paso, pero tengo un montón de cosas por que vivir. Gracias.

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