Looking for Something?
Menu

Días sin cohetes espaciales

Por Deniss Villalobos:

You know, Hobbes, some days even my lucky rocketship underpants don’t help.”
Bill Watterson

Imagínate un día en el que ni siquiera tus calzoncillos de cohete espacial te ayudan a sentirte mejor. O vamos, cualquier cosa que sea el equivalente de los calzoncillos de cohete espacial de Calvin en tu vida. Pues así ha sido mi última semana. Nada especialmente grave sucedió y aún así, diario, ha pasado algo que me arruina el día: un conductor con una conversación que me incomoda, un taxi que llega tarde, una clase en la que todo sale mal, un día en el que planeaba ver una película y al final no pude, ensuciar mi camiseta favorita al empezar el día, que no me dé tiempo de tomar café en la mañana…

Tonterías, desde luego (ya sé que debería estar agradecida porque mi vida es muy fácil y mis “problemas” son ridículos y tengo privilegios, etc), pero eso no quita que a veces detalles insignificantes te arruinen los días y termines recostado con los ojos cerrados deseando poder dormir por un mes. Y está bien tener malos días, los cohetes también se averían y necesitan mantenimiento o reparación, así que habrá periodos en los que llevarlos bajo la ropa no sea suficiente razón para seguir moviéndonos, aunque hay otras cosas que pueden servir de combustible.

Hay que poner atención, abrir los ojos, los oídos, la nariz, la boca, las manos, toda tu piel para encontrar en el mundo algún detalle que, si no te arregla el día, al menos te haga sonreír cuando ya estés durmiendo y se aparezca en tus sueños. Un puñado de fresas y moras; un girasol que viste cuando pasabas junto a una florería; la canción que sonaba en la calle y de la que no conoces el nombre pero sonaba hermoso; la lluvia que cayó sobre tu piel cuando corrías hacia el metro, los pájaros que hacían su vida como si nada y tú veías desde la habitación en la que llorabas, el árbol que les servía de casa.

Si bien todos esos detalles pueden pasar desapercibidos durante el día porque vamos de un lado a otro demasiado rápido, hay que intentar atrapar algunos de ellos para disfrutarlos cuando todo se calme. Te guardas el sabor de un mango en la memoria y cuando vayas en el autobús, mirando el caos de la ciudad a través de la ventana, lo sacas y sonríes recordando lo dulce que estaba y cómo no te importó llenarte la cara de fruta mientras comías; entre el trabajo y la cita con el dentista está el artículo que leíste sobre los animales más lindos del mundo y te imaginas jugando con una nutria, un zorro ártico o un tamarino bigotudo (que además tiene el mejor nombre del mundo).

Nada de eso arreglará un mal día o una mala semana, ni eso ni nuestros calzoncillos de la buena suerte, ni siquiera un cohete real que nos lleve de paseo por la galaxia (bueno, tal vez eso sí) pero ponerle atención a los detalles que hacen del mundo un lugar agradable, incluso en los tiempos en que vivimos, harán de los malos días algo más soportable. Y es que, si el espacio exterior nos falla unos días, en la Tierra siempre habrá algo por lo que haya valido la pena salir de la cama.

Puede interesarte

Corazones que cantan
Entre mi verdad y la tuya
Amigos imaginarios
El humor republicano
Aquellos que no amo
Seguir respirando

Deja un comentario

Efemérides

uncached

Twitter