Looking for Something?
Menu

Desertores

Por Deniss Villalobos:

El mundo, es este momento, podría deprimirme mucho si le pusiera más atención. No quiero decir que no sé lo que está pasando, que no me siento mal, enojada, indignada o triste, que no tengo idea de que todo parece negro y se pone cada vez peor. Lo que pasa es que, desde algún tiempo, decidí que pasarme el día poniendo toda mi energía en pensar/escribir/hablar sobre problemas que en este momento no parecen tener solución y sobre los que no puedo hacer mucho era mala idea.

No, tampoco quiero decir que todo el mundo debería hacer eso. De hecho, me tomo la libertad de cerrar los ojos y pensar en algo más justo porque sé que otras personas están haciendo cosas que yo no. Están hablando, están en la calle protestando por algo, están tratando de hacer que alguien con quien yo no tendría la paciencia de hablar entienda algo. Mi decisión es quizá egoísta más que inteligente, tal vez hasta irresponsable, pero ya acepté que, aunque me importe, no tengo lo que sea que se necesite para formar parte de lo que sea que deba hacerse para luchar contra todos los horrores del mundo.

Más de una vez he pensado en dar en esta columna mi opinión sobre algún acontecimiento político o social que me hizo enojar hasta revolverme el estómago, escribir algo como respuesta a algún artículo estúpido que leí, o pelearme en redes sociales porque alguien dijo algo con lo que no estoy de acuerdo; al final he decidido ya no hacerlo. Nunca encuentro las palabras exactas, y aunque seguramente nadie lo hace pero muchos lo intentan, a mí me pone en un estado de ansiedad para el que no tengo paciencia y que he decidido evitar la mayor parte del tiempo.

Respiro profundo, como consejo barato de página de internet con música relajante y la palabra namasté en el banner, y me largo al primer refugio del alma que me encuentre. Una canción, el episodio de una serie, el libro en turno o mi cara frente al espejo mientras me depilo las cejas. Cualquier cosa que me desconecte un rato del mundo y la imagen de cómo todo se está derrumbando sirve, porque sí, aunque todo va mal, también existen cosas a las que podemos recurrir para sentirnos mejor. No para ignorar sino para descansar. Barquitos que ayudan a que las malas noticias no nos hundan.

Las cicatrices que pueden leerse como una historia en braille, el pelo y ronroneo de Giuli durmiendo en mis piernas, releer partes de Persépolis, una canción de Kanye West que me hace bailar aunque no tengo idea de qué dice la letra, Las Gymnopédies de Satie, cocinar fideos de arroz con pimiento, ir a mi café favorito, sentarme en el sillón más cómodo del mundo y leer la historia de dos niños durante la Segunda Guerra Mundial que, mientras todo explotaba, se dedicaban a jugar y estudiar ortografía.

Si escribir se trata un poco de tener palabras flotando a tu alrededor e intentar acomodarlas en el papel (o el documento de word) para decir algo que tenga sentido, entonces ya acepté que las palabras que a mí me rodean nunca se van a acomodar para decir algo relevante sobre las elecciones presidenciales, feminismo o matrimonio igualitario. Seguiré leyendo lo que otros tengan que decir y seguiré, si me parece la mejor opción, solo informándome y no diciendo mucho al respecto. Con riesgo a que sea un error, decido quedarme más cerca de las cosas que me ofrecen refugio y me alejo de la acción. Soy, digamos, una desertora, y lo único que puedo hacer es escribir sobre cosas que, aunque tal vez no sean maravillosas, sirvan de cobija y manzana para algún otro desertor que, perdido en el bosque, ande en busca de un lugar donde descansar un rato y recuperar fuerzas para seguir andando.

Puede interesarte

Pussy Galore
#YoTambiénRenuncié
El ser más hermoso del mundo
Vinilo o de la suerte
El secreto de los dioses

Deja un comentario

Efemérides

uncached

Twitter