Desaparecido por los tuiteros

Por Bvlxp:

Todos sabemos que los tiempos electorales son canallas. Muchos andan buscando beneficio propio o de su grupo político y pocos tienen escrúpulos para conseguirlo. Todos lo sabemos y lo condenamos… hasta que se trata de mancillar a nuestro adversario. Pocos tienen la honestidad intelectual cuando se trata de cobrar facturas pendientes o de avanzar en las preferencias, y se aprovechan de otros que se jactan de sus buenos sentimientos pero no se dan cuenta que son borregos útiles de intereses muy perversos que se aprovechan de sus ganas de encajar en todo lo bueno, en todas las causas nobles.

Esta es la historia de un joven que fue desaparecido por los tuiteros y encontrado por la policía e inicia cuando un par de tótems progres (de esos que han dejado de lado el rigor académico y periodístico para golpear y hacer propaganda burda y activismo electoral) tuitearon, sin contar con información suficiente, que un joven había sido desaparecido por la policía. Una mina de oro en tiempos electorales, la oportunidad de sepultar a Miguel Ángel Mancera. Como sucede siempre en Twitter, un par de tuits bien colocados por los “compas” bastan para desatar la indignación incuestionable y la movilización que no hace preguntas, para que la bueniza se vuelque con ganas y se concentre en el Ángel de la Independencia para exigir la renuncia del Jefe de Gobierno de la Ciudad de México por la “desaparición” del joven Marco Antonio Sánchez Flores.

Toda proporción guardada, esta estrategia de manipulación ya había sido probada con algún éxito en el caso Ayotzinapa, donde 43 jóvenes fueron retenidos por la policía municipal de Iguala, entregados al crimen organizado, asesinados y calcinados sus restos en el basurero de Cocula, Guerrero. Ahí la estrategia consistió en encubrir que la desaparición forzada fue cometida por la policía de gobiernos de izquierda (del partido del que provenía el perdedor de la pasada elección presidencial) con el fin de aprovecharse de ella para tirar al gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto, lo cual estuvieron cerca como nunca antes en la historia reciente de lograr. La estrategia repetida en el caso de Sánchez Flores es tan simple que es efectiva: decir que un muchacho ejemplar (en este caso, “campeón de taekwondo”) fue arrestado arbitrariamente por estar haciendo alguna actividad anodina y noble (tomar una foto a un mural) y después golpeado salvajemente y desaparecido. Puntos extras si encima de todo el muchacho que tuvo la mala fortuna de toparse con la policía es menor de edad (en este caso, el joven tiene 17 años y 6 meses de edad).

La estrategia implica que cuando llegue el desenlace del caso, nadie se acuerde cuáles fueron los ganchos sentimentales que encendieron la indignación y nadie repare en que el perfil real de la presunta víctima y la narrativa de los hechos no encajen en la imagen idílica fabricada por los activistas. Cuando fantasía y realidad no checan, es hora de activar la segunda fase de la estrategia: la narrativa ofrecida por las autoridades es falsa aunque haya pruebas que la sustenten y el personaje que vendieron no es el mismo porque su encontronazo con el Estado ha sido tan tremendo que ha quedado irreconocible. Cinco minutos con la policía bastan para cambiar radicalmente a alguien y, por arte de la maroma retórica, el joven desaparecido sigue siendo un desaparecido aunque haya aparecido.

Para desgracia de buenos y oportunistas, resulta que desaparición forzada es un término legal, no es una fantasía progre que sirve para encajar en las teorías conspiranoicas de Twitter. Para que exista, es preciso que los hechos y la conducta de las autoridades se ajuste al tipo penal. Cuando no se ajusta, simplemente no hay desaparición forzada y por ende no hay autores materiales ni responsables políticos. Aunque le busquen, el caso de Marco Antonio Sánchez Flores no fue un caso de desaparición forzada sino un simple arresto que se encuentra bajo revisión interna para verificar que haya cumplido con los protocolos correspondientes. Si acaso, la de Marco Antonio es la historia de un chico extraviado que no regresó a casa en cinco días y que en ese lapso tuvo al menos tres encuentros con autoridades policiales y judiciales tanto del Distrito Federal como del Estado de México, y que regresó a casa por intervención de las mismas autoridades que supuestamente lo “desaparecieron”. Pero en Twitter, ya sabemos, es imposible cuestionar a la ola del buenismo y la indignación. Cualquier cuestionamiento es obra de la mala fe o de la venta de la conciencia y merece el castigo más severo. Algunos usuarios incluso le desean la muerte al disidente que se atreva a cuestionar mínimamente la ola de indignación construida desde la nada.

La estrategia siempre tiene como apuesta última la concentración masiva que, si hay suerte, tendrá efectos desestabilizadores. Para ello se organizaron desde Twitter concentraciones y marchas para reclamar la “desaparición” de Marco Antonio Sánchez Flores, sin importar en ese momento llevara ya 24 horas con sus padres. Si no prenden las protestas (como obviamente no prendieron porque no puedes engañar a todos todo el tiempo), pues a olvidarse de Marco Antonio y a esperar tiempos mejores. Ya ni pudor les da ser tan cínicos.

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