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“Decálogo para un maestro de derecho procesal” de Cipriano Gómez Lara

Don Cipriano Gómez Lara fue un jurista en toda la extensión de la palabra. Además de sus profundos conocimientos, sumados a la sencillez de su trato con los demás, era un real educador, preocupado por la superación de sus alumnos en un contexto de alto sentido ético y profesional. Su inesperada partida dejó un profundo vacío en quienes tuvimos la suerte de conocerlo y, mucho más, en todo el foro jurídico.

Resultado del trabajo de recopilación de sus ideas plasmadas en sus numerosos textos, su hija, la doctora Karina Gómez Fröde, y su discípulo Alberto Saíd; nace este decálogo del maestro, que refleja lo honesto y cabal de su pensar. Tenemos el honor de compartirlo, a saber:

1. Ten confianza en ti mismo. La actividad que ahora desempeñas es fruto de un largo y prolongado esfuerzo. Evita los extremos de la confianza. Ni la arrogancia o el exceso de confianza ni el auto menosprecio te conducirán por un buen camino. No busques el protagonismo pero evita la inamovilidad. En caso de que por censura u otras causas no imputables a ti, tengas que abandonar una cátedra, busca un nuevo camino: “Ancha es Castilla”, y ancho es el mundo procesal.

2. Se puntual en todas tus actividades académicas. Pobre de aquel maestro que no considera a la asignatura que imparte como la más importante. Haz de la puntualidad un hábito. Tu quehacer académico tiene un gran sentido. Es tu derecho y tu deber.

3. Se claro al exponer tus ideas. La claridad es la honestidad del docente. Recuerda quién es el destinatario de tus clases, de tus conferencias y de tus libros, sobre todo si son de texto. Sin faltar al rigor, en aras de la claridad, si es necesario sacrifica erudición.

4. Tus alumnos no son tus enemigos sino tus compañeros en un mismo camino. El respeto, que debe ser recíproco entre profesores y alumnos, se gana día a día y clase a clase. No existe como algo dado, hay que ganárselo. Busca que con tus alumnos se produzca el “sublime contagio intelectual” que postuló Scialoja. Evita a toda costa “el terrorismo académico”.

5. Prepara a profesores adjuntos. Piensa que la vida por causas muy diversas te puede imposibilitar para cumplir con la asistencia a clases. Si cuentas con un profesor en formación darás lugar a un doble beneficio. Tus alumnos no se quedarán sin clases y a la vez estás formando un profesor. Alguna vez alguien a ti te dio también la oportunidad de dar tu primera clase. A esos mentores que fomentan vocaciones hónralos, porque “honrar, honra”.

6. Recuerda que lo jurídico procesal no solo se forma por leyes. Hay al menos tres planos, el conceptual (cielo de los conceptos), el normativo (purgatorio, pues las normas esperan la redención de ser bien aplicadas), y el fáctico (infierno de los hechos, donde todo puede pasar). No olvides tampoco a los aspectos éticos e históricos referidos a nuestra materia.

7. Prepara a tus alumnos según tu asignatura con un justo equilibrio de estos planos. Para cumplir con el consejo de Carnelutti, envíalos al tumulto callejero; deja y propicia que rompan la cerca cerrada de los libros. En todos los niveles procesales se puede ser optimista o pesimista. Yo recomiendo una actitud optimista e incluso tú puedes contribuir a la mejora procesal en cualquiera de sus campos.

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  • FRANCISCO JOSE HARO GALVEZ

    EL MENSAJE DEL GRAN PROFESOR DE PROCESO EN LA FACULTAD DE DERECHO U.N.A.M.,ES ORO MOLIDO,PARA TODOS LOS QUE PRESUMIMOS SER PROFESORES DE ALGUNA MATERIA JURIDICA,PARA MI ES UN MENSAJE TRASCENDENTE Y UNICO ¡¡

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