Looking for Something?
Menu

Cuatro niñas

Por Alejandra Eme Vázquez:

A Jimena

 

cuatro niñas. cuatro niñas solas. y ex tra or di na rias.

GRANDES.

cuatro esquinas que se explican los mundos en el mundo.

cuatro columnas.

cuatro.

cuatro abrazos en libros que te abrazan:

 

MINA

«Intentar ser una buena chica a veces me ponía triste. Todo acabó el día que me volví un sinsentido. Un fantástico sinsentido».

 

Mina comienza su diario porque tiene que contarse todo lo que interpreta de un mundo cuya esencia le fascina. Tanto, que no le son suficientes los esquemas que reproduce la escuela, ni siquiera el lenguaje, para contenerlo: Mina inventa palabras, igual que Mar, pero también inventa con las palabras y se inventa en ellas. Mina descubre que puede contarse a sí misma en tercera persona y así los miedos parecen más lejanos, posibles de visualizar. Para ella (como para Sofía, para Mar, para Parvana) la fantasía lúcida es una forma de sortear lo que no puede controlar. Tiene una cómplice en su madre y bajo ese refugio puede buscar su propio cauce con más calma que los niños que no tienen a la adultez de su lado. Por eso es que al leerla, se reconoce de inmediato que ese pequeño caos que le ha dispuesto David Almond no puede sino llevarla a descubrir, sin descanso. A ese banquete de reconstruir sentidos estamos invitados.

 

SOFÍA

«Cuando algo nos hace sentir solos y pequeños, recordamos que en el fondo

todos somos peces».

 

Sofía sabe bien que es una sirena, pero todos a su alrededor ignoran que son peces. Su océano tiene arrecifes y playa, pero también un fondo oscurísimo donde viven barracudas malvadas y tenebrosos peces abisales. Su mamá, un pez volador (¿los peces voladores tienen alas o aletas?), está en medio de muchos conflictos y Sofía, como Parvana, no tiene una relación tersa con ella aunque también la ama profundamente. Para dejarla resolver sus asuntos debe irse a vivir con su abuela, cerca del mar, donde tiene una relación ríspida con la escuela parecida a la de Mina, pero también termina conociendo a otra de su especie. No importa qué: siempre hay alguien de nuestra especie. Sofía habla con el mar; a veces, Sofía controla al mar. Después de una pérdida irreparable, acaba poseyendo un caracol que platica con ella, que puede ayudarla pero también enfurecerse y causar tempestades que no desearíamos a ningún niño, ni a nadie. Su caracol, que es más exactamente un trilobite, es un amuleto como “la Domi” y su cajita de música lo son para Mar. Porque Sofía también necesita medios para ser esa sirena valiente que encuentra en la pluma de Martha Riva Palacio derivas inolvidables.

 

MAR

 

«Me pregunté quién habrá decidido cuáles son mis ideas. Papá siempre dice que hay que pensar

con la propia cabeza. No he pensado a dónde quiero que apunten mis ideas, si a la derecha o a la izquierda. Además, qué fome ver siempre hacia un mismo lado.

Te pierdes lo que pasa en el otro».

Mar tiene formas, siempre. Sabe, por ejemplo, irse al lugar a donde va todo lo olvidado. Allá viaja cuando un milico de Pinochet la golpea e insulta para hacerla confesar alguna información sobre el paradero de su padre, un periodista de izquierda perseguido. Allá viaja también cuando tiene que irse de su país a esa “cuestión” llamada México que tiene forma de caballito de Mar. De ella, que escucha lo que le dice un mundo inhóspito y lo interpreta a su manera. También sabe, como Parvana, hacerse invisible frente a los hombres oscuros que han invadido todo lo que ama: su espacio, su familia, su juego. Y sabe de silencios que ninguna violencia puede romper. A Mar le dicen que tiene suerte y ella se pregunta si que a ella le vaya un poquito bien sólo en comparación con las desgracias de otros no es una suerte muy poco linda. En la pluma de Mariana Osorio Gumá, Mar vuela en su exilio de infancia, de patria y de ideas hacia su propio lugar, que de tan suyo puede caber en una cajita de música donde encuentra esa voz que le dice (y nos dice) todo lo que haga falta.

 

PARVANA

«Por un instante, se preguntó en qué se estaba convirtiendo.

Luego ignoró el asunto.

— Yo no he creado este mundo— se dijo a sí misma—. Sólo tengo que vivir en él».

 

Leerse en Parvana no es fácil. La pérdida es su única constante y también lo es repetirse que debe ser valiente como le ha dicho su padre, su madre, el mundo entero. Pero cuando ser valiente es la única alternativa, Parvana tiene poco de dónde asirse: sus energías van y vienen, está hambrienta todo el tiempo, debe hacerse cargo. Y extraña cuando eran los adultos quienes se hacían cargo. Parvana queda sola en una Afganistán desolada y debe irse construyendo ejes de vida para no dejar de caminar, para no morir. Sea su familia, su amiga Shauzia, los entrañables personajes que encuentra en el camino, su posibilidad de hacerse pasar por niño y poder acceder a libertades que ninguna mujer podría ni pensar, la continua fundación de utopías tan frágiles que son casi espejismos, o las palabras (también refugio de Mina, Sofía y Mar), Parvana va encontrando motivaciones y pequeñas alegrías frente a una realidad dolorosa que Deborah Ellis ha debido investigar de cerca para concentrarla y resolverla en esta pequeña que va creciendo, libro a libro a libro, ante los ojos esperanzados que terminan por quererla. Mucho.

 

 

cuatro niñas inventando el lenguaje. asombrándose todas y no siempre de asombro.

cuatro

peces

y

pájaros

y

palabras

 

y formas de naufragio. (los naufragios son fuentes de mapas del tesoro).

 

cuatro, ellas.

cuatro que se refugian para que las encuentres.

 

encuéntralas.

 

 

A Mina en: Mina, David Almond, Castillo, 2014.

A Sofía en: Las sirenas sueñan con trilobites, Martha Riva Palacio Obón, SM, 2011.

A Mar en: Tal vez vuelvan los pájaros, Mariana Osorio Gumá, Castillo, 2014.

A Parvana en la trilogía: El pan de la guerra (2007), El viaje de Parvana (2009) y Me llamo Parvana (2013), Deborah Ellis, Castillo.

Puede interesarte

Mujeres de armas tomar
Conclusiones
Cerrar los ojos
Ana Alejandra
Libros boxeadores
De enfermarse

Deja un comentario

Efemérides

uncached

Twitter