Looking for Something?
Menu

Convertirse en árbol

Por Deniss Villalobos:

“Leaves are growing out of my body, roots are sprouting out of my hands.”
Han Kang, The Vegetarian

¿Alguna vez has tomado una decisión importante debido a que tuviste un sueño? ¿Cambiar por completo algo en tu vida gracias a lo que viste mientras dormías? Eso es exactamente lo que pasa en The Vegetarian, novela de Han Kang en la que Yeong-hye tiene un sueño y, al despertar, decide dejar de comer carne para siempre. El sueño es perturbador, hay en él un asesino y un terrible descubrimiento, pero aunque ese es el motor que pone en marcha la historia, este libro va mucho más allá de despertar un día y decidir sacar del refrigerador cualquier producto animal.

En Corea del Sur, cuando la novela fue publicada hace diez años, no era muy común que alguien decidiera llevar una dieta vegetariana, en especial si era tan estricta y aparentemente sin razón alguna, como en el caso de Yeong-hye, pero tampoco era rarísimo. Es por eso que, aunque el tema está ahí todo el tiempo, este libro no trata solo sobre dejar de comer carne, sino sobre una mujer que quiere decidir y para ello tiene que enfrentarse al mundo; es una historia sobre resistir.

The Vegetarian está contado en tres partes y no es casualidad que ninguna de ellas esté narrada por la protagonista, pues son justo las personas a su alrededor quienes tratarán de decidir en su lugar. En la primera parte, The Vegetarian, el narrador es su esposo. El libro empieza con él describiendo lo común que Yeong-hye le parece y cómo antes de decidir ser vegetariana no había nada particular sobre ella. Llena de situaciones y frases en las que el marido demuestra no tener ni una pizca de respeto por su esposa, esta primera parte es especialmente terrible, pues si bien podemos encontrar puntos en común entre la forma en que la familia de la protagonista y las personas en nuestro entorno reaccionan cuando tomas cualquier decisión sobre tu vida, la forma en que esto sucede en el libro es mucho más violenta de lo que podríamos imaginar.

La segunda parte, The Mongolian Mark, está narrada por otro hombre: el cuñado de Yeong-hye, esposo de su hermana. Un artista que se obsesiona con una idea y terminará perdiéndolo todo al dejarse llevar por ella. Yeong-hye, a pesar de los intentos de su familia, ha cambiado; su cuerpo es diferente, pero sobre todo comienza a cambiar su personalidad. ¿Tal vez comienza a ser más ella misma? Arte y sensualidad se mezclan para pintar flores en el cuerpo desnudo de Yeong-hye —un cuerpo “desprovisto de carga sexual” que su dueña decide usar de lienzo—, pero también para plantar semillas que pronto crecerán en su mente.

La tercera parte, Flaming Trees, está narrada por su hermana. La única mujer que nos cuenta algo sobre la historia de Yeong-hye, pero también sobre ella misma y todos los “y si…” que la atormentan. En este punto, el cambio de Yeong-hye es tan impresionante que se considera más parte del mundo vegetal que animal, y atrapada en ese mundo violento en el que todos tienen hambre, la forma en la que ella decide rebelarse y resistir es una vida tranquila y pacífica que solo necesita de luz y agua.

Con más de cuento fantástico que de testimonio sobre un cambio de dieta, las últimas páginas de esta novela nos muestran cuánto puede alguien llegar a cambiar en búsqueda de libertad, nos plantea preguntas sin darnos las respuestas, pero sobre todo le crecen ramas, flores y hojas que nos recuerdan que todos tenemos algo de árbol, y que quizá decidir ser solo eso no está tan mal.

Puede interesarte

Deja un comentario

Efemérides

uncached

Twitter