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Conoce a tus ídolos

Por Adriana Med:

Acérquense a la fogata porque voy contarles tres historias. La primera no es mía, es de John Lennon. Está documentada en la película Imagine y probablemente ya la conocen, pero la contaré de todos modos. Resulta que en 1971 John  y Yoko se dieron cuenta de que un hippie llevaba varios días merodeando en los jardines de su casa (Tittenhurst Park). Con una amabilidad y paciencia sorprendentes, John habló con él sin rodeos porque se sentía responsable de personas como él, es decir, de sus fans. El hippie, que creía que al ver a su ídolo sabría si «todo encajaba», escuchó con desilusión estas palabras honestas saliendo de su boca: “No confundas las canciones con tu propia vida. Pueden ser relevantes para ti, pero también hay otras cosas. Ya me conoces. Solo soy un tipo que escribe canciones…”. Luego pudo haberlo corrido o llamar a la policía pero en su lugar prefirió invitarlo a comer. Un gesto muy lindo de su parte.

Ahora dos historias personales:

1.- En el 2012 estaba obsesionada con Kes, una película de 1969 dirigida por Ken Loach. Hasta la fecha sigue siendo una de mis películas favoritas de todos los tiempos. Navegando en internet di con una página de su protagonista, David Dai Bradley, en la que había un correo electrónico para contactarlo. Aunque la página parecía olvidada, pues no había sido actualizada en mucho tiempo, decidí intentar: le escribí. Para mí sorpresa contestó prontamente y me emocioné como nunca. Me contó varias cosas interesantes sobre la película e incluso me mandó desde Inglaterra unas fotos autografiadas, una playera, una postal y otros regalos, y mantuvimos correspondencia electrónica regularmente, pero me pidió que por favor ya no habláramos sobre Kes, así que empezamos a hablar de la clase de cosas de las que hablan los amigos. De ese modo me enteré de su afición por el Manchester United, Akira Kurosawa y la música. Intercambiamos recomendaciones de canciones, libros, anécdotas personales  y opiniones sobre partidos y jugadores. Fue genial. Ya no era solo Billy Casper, el niño de la película: era David Bradley, el hombre que existe y  tiene una identidad e historia propias.

Finalmente, un día decidí dejar de escribirle porque no quería ser una molestia. Es como cuando estás de visita en casa de alguien y es tarde y el anfitrión no te dice que te vayas porque es muy amable, pero sabes que tienes que irte.  Me fui, pero guardo con cariño todas esas conversaciones dentro de mí.

2.- Ese mismo año tuve la oportunidad de ver a mi héroe musical absoluto de aquél entonces, Noel Gallagher, no una sino dos veces, y en ambas ocasiones me dio un autógrafo. Fue extrañamente familiar estar frente a él. No es como que tuviera una aureola o el cielo se abriera solamente para iluminarlo. El hombre que escribió las canciones que salvaron mi vida era solo un tipo común, despeinado como yo, usando la misma chaqueta de siempre. Creo que tenía hambre o algo parecido y,  aunque tiene fama de ególatra, su lenguaje corporal parecía decir: “Hey, ¿por qué tanto alboroto? No he hecho nada que alguien más no pueda hacer”.

Enmarqué los autógrafos que me dio y todavía no los cuelgo en mi cuarto. Eso no quiere decir que no los valore ni mucho menos, de hecho muero por enseñárselos a mis hijos (cuando los tenga), pero me importa más el recuerdo. Y, por otro lado, no es para tanto. Hay cosas más importantes. Puedes vivir y morir sin tener un autógrafo de Noel Gallagher. Tengo entendido que ni siquiera tiene valor curricular. Nada como la experiencia de escuchar sus canciones  a solas en tu cuarto o ir a un concierto aunque te toque sentarte  en el gallinero y solo veas a un puntito tocando la guitarra a lo lejos. Como él mismo dijo, por favor no pongas tu vida en las manos de una banda de rock que lo tirará todo a la basura. Solo disfrútalo mientras dure y como puedas. Pero la verdad es que me da mucho gusto haberlo conocido porque ahora lo siento más cercano. No es un Dios ni un extraterrestre sino un ser humano bastante sencillo y  talentoso. Eso está muy bien.

Dicen que no debes conocer a tus ídolos porque si lo haces vas a terminar decepcionado. No estoy de acuerdo. Quiero decir, sí, es probable que termines decepcionado, no puedo predecirlo, quizá uno hasta te dé un puñetazo en la cara. Hay gente que va a China y se siente decepcionada al ver la muralla china, pero no por eso se arrepiente de haber ido a China porque en China hay mucho más que la muralla china, y solo puedes saber si realmente la muralla china es decepcionante o no hasta que tú mismo vayas a China. Hay cosas que no son tan buenas como piensas y otras que son mucho más de lo que te imaginas, pero para poder saberlo tienes que conocerlas. Y me parece que con los ídolos pasa algo parecido, así que si tienes la oportunidad, ve y conócelos. Triste o feliz tendrás una historia que contar. Pero si no los conoces no pasa nada. Nadie se muere. Y por favor no vayas a merodear en sus casas como ese stalker de John Lennon. Si buscas las respuestas de tu vida ellos no te las darán. Ser uno de esos fanáticos que compran un pañuelo con mocos de su artista favorito en ebay no es demasiado digno, así que, eh, tranquilo. No necesitas eso. Si me lo preguntan, lo mejor de conocer a tus ídolos es que se convierten en algo muchísimo más interesante. Se convierten en personas.

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