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Cómo comportarse en el microbús (fragmento)

Por Alejandra Eme Vázquez:

Para Manuel Carreño y Joaquim Maria Machado de Assís.

Gracias por tanto.

ARTÍCULO 1: DEL CORRECTO ABORDAJE

Hacerse cargo de sí es la mejor carta de presentación en esa pequeña y efímera sociedad que se forma entre el así llamado “pasaje” de un microbús. No es necesario, ni siquiera deseable, dar los buenos días / buenas tardes / buenas noches explícitamente porque la mejor forma de hacerlo es considerar que cada persona es un universo y prestar atención al entorno que tal conjunto cósmico genera, mientras se intentan sobrellevar las propias tribulaciones y preservar la identidad individual dentro de ese mar de rostros fascinantes, nuestra dosis diaria del constructo al que nombramos sociedad. En la práctica, esto significa que un pasajero de microbús tiene la responsabilidad de pagar lo más eficaz y amablemente posible, encontrar su lugar, entender la dinámica específica de esa ruta irrepetible y tener en cuenta que como en todo trabajo en equipo, sus posibilidades individuales se verán reducidas temporalmente, pero que ser parte de un colectivo y salir bien librado es ya suficiente hazaña en este mundo aciago.

ARTÍCULO 5: DE LAS CONVERSACIONES

Una conversación efectuada en cualquier unidad de transporte también es pública. Por lo tanto, los códigos se multiplican y se abre la posibilidad de que cualquiera de las personas presentes se haga un juicio propio sobre lo que se platica en voz alta, por teléfono o en interlocución directa. No obstante, sería una locura reprimir el impulso de conversar en el microbús, pues se entiende también que hay algo de irresistible en exhibir fragmentos de vida ante desconocidos cuando hasta hay gente que vive de eso, con o sin pago de por medio. Lo que debe quedar muy claro es que cada pasajero que haya contado cualquier cosa ajena escuchada en un microbús adquiere la obligación de retribuir con al menos dos conversaciones públicas, reales o ficticias pero preferentemente escandalosas, que regalen a otros historias que contar.

ARTÍCULO 6: DE LO QUE SE CARGA

Las personas que cargan mochilas, paquetes, cajones, costales, patos, perritos, mercancía comprada o vendida en mayoreo o menudeo son, por supuesto, bienvenidas a la diversidad microbusera. Su única responsabilidad es que lo cargado no interfiera con las humanidades que han pagado el mismo monto por transportarse. Quien no esté dispuesto a aceptar esa responsabilidad siempre puede optar por otras alternativas, como alquilar su propio microbús o convertirse al peregrinaje, actividades ambas respetables y vivificantes.

ARTÍCULO 30: CONSIDERACIONES DE ALTURA

Los pasajeros que al nacer hayan recibido los dones de la buena estatura deben ser muy cuidadosos al moverse por el espacio, pues aunque no lo noten, hay estructuras que no están hechas para aquellas y aquellos que no han tenido la misma fortuna (o infortunio). La coordinación es, en estos casos, fundamental: los altos deben decantarse por mantener el correcto equilibrio aferrándose de los tubos que atraviesan la parte superior de la unidad y de ese modo, los bajitos podrán ser libres de hacer lo propio en los asideros que para este fin tienen los asientos del lado del pasillo. Esta coreografía no sólo elevará en un importante porcentaje la calidad de vida de cada miembro del pasaje, sino que obsequiará a los sentidos una magnífica postal de civismo, respeto, armonía e inclusión.

ARTÍCULO 72: DE QUIENES NO SE DAN CUENTA DE QUE EL CUERPO ES MATERIA Y COMO TAL OCUPA UN SITIO EN EL ESPACIO

72.1. La libertad de acción es un derecho irrenunciable del pasaje, que puede aprovechar los trayectos para maquillarse, escuchar música, practicar su digitación, aprender idioma de señas o ensayar un monólogo teatral, siempre y cuando mantengan la famosa “trinidad adhesiva”, a saber: codos pegados a las costillas, decibeles pegados al paladar y delirios de grandeza pegados al superyó.

72.2. Es una loable actitud el esperar a que alguien más cansado, más viejo, más vulnerable o más rápido tome un asiento que ha quedado vacío; sin embargo, cuando ese asiento no es ocupado y a menos que el pasillo del microbús mida más de dos metros de ancho, es preciso confiar en los cálculos de expertos que confirman que un cuerpo humano sentado estorba menos que un cuerpo humano parado en el preciso camino de otros cuerpos humanos en tránsito.

72.3. Con respecto a los honorables conductores de las unidades de microbús, que han dedicado horas enteras a memorizar y dotar de su estilo particular el célebre parlamento que a la letra dice: “Sí les pido de favor que se recorran en ambas filas, muchasgraciasquéamables”, se les recomienda reservarlo para ocasiones realmente especiales como bailes masivos de conga, embotellamientos de tortillería o apocalipsis zombi.

ARTÍCULO 198: LO QUE PASA EN EL MICROBÚS…

Se queda en el microbús. Excepto cuando no. Súbale, hay lugares.

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