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Como Antes

Por Alejandra Eme Vázquez:

Diez

Del 27 de mayo al 26 de junio, la obra de teatro Antes tendrá su primera temporada en el Foro A Poco No. El texto de Jimena Eme Vázquez, ganador del Primer Premio de Dramaturgia Joven “Vicente Leñero”, será dirigido por Martha Rodríguez Mega y las actuaciones correrán a cargo de: Sofía Espinosa, Belén Aguilar, Laura Loredo y Gonzalo Herrerías. Esta obra toma como eje la desaparición de un personaje para reflexionar sobre la ausencia y otros temas; el detalle estructural es que está contada en reversa, a la manera de Traición, de Harold Pinter, lo que implicó un arduo trabajo de escritura. Al hablar sobre ello, la dramaturga dice confiar en que todo este conjunto de elementos puede dar otra perspectiva de los personajes y sus relaciones: “La obra no apela tanto a lo sentimental para que el público pueda concentrarse en medir la desaparición en toda su dimensión, porque así puede ser más analítico con el tema o con el personaje de la amiga de la desaparecida, me parece que esos son los ecos que deja Antes. El proceso de escribirla fue muy complicado, de torcerme la cabeza, pero yo apelo a que al público no se le complique para nada. Estoy muy feliz de que todo el equipo quede entre mi generación, y con una directora que ya la quería hacer antes de que tuviera un premio”.

Antes

Nueve

En octubre de 2015 se dio a conocer el resultado: la obra ganadora del Primer Premio Nacional “Vicente Leñero” era Antes, entregada bajo el seudónimo “Jerry”. Se abrió la plica de identificación y se llamó de inmediato a la autora, quien respondió mientras subía las escaleras del metro Ermita. Casi no podía creerlo.

Ocho

Jimena Eme Vázquez caminaba por Ciudad Universitaria con Martha Rodríguez Mega, amiga suya y compañera de generación. Era agosto de 2015: “Martha me preguntó: ‘¿qué planes tienes para tu obra?’, y vi la oportunidad, porque yo cuando escribí Antes pensé que esta obra sí le quedaba al estilo de Martha. Entonces le pregunté si le había gustado, porque yo se la había dado a leer con toda la intención; como dijo que sí yo la comprometí: ‘Ah, pues ésa es la obra que mandé al Leñero; si gana la diriges, ¿no?’. Así que cuando ganó, fue como voltearnos a ver y decir: va”.

Siete

Entregó su texto terminado con todos los requisitos de la convocatoria en junio de 2015, y comenzó la espera. Pero todo había comenzado antes: “Empecé por la estructura, porque es una obra que va hacia atrás, hacia el pasado, entonces mi consigna era escribir una historia que nadie pudiera decir: ‘¿y por qué no la contaste al derecho?’. Tenía que ser algo que necesariamente fuera en reversa, no había manera de que me cuestionaran la forma, y llegué a un personaje que apareciera a la mitad, que se hablara de él y de repente vieras que sí era cierto que existía. Era noviembre de 2014, acababa de ocurrir la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, entonces poner en el centro a la amiga de una desaparecida me pareció una manera de condensar mi angustia. Primero escribí la obra al derecho a lo largo de dos meses y luego la volteé durante otros dos. Y si lo veo en retrospectiva esta obra marcó muchos logros desbloqueados, desde la estructura hasta las decisiones que fui tomando para que quedara así. Sí es la primera obra en la que eché toda la carne al asador, sí cuidé todos los ganchos específicos para que resonara cómo va en reversa, sí pude combinar que hubiera un tema político con un tema más doméstico; es decir, sí mandé al concurso la mejor obra de ese momento”.

Seis

La primera obra de su autoría que se montó en un teatro tenía por título Pólvora, una unión de pequeñas historias alrededor de cuatro grandes ejes. Y entonces, Jimena se dio cuenta de que algo raro estaba ocurriendo: “De las muchas cosas que pasaban en la obra se empezaron a hacer realidad unas cuantas. De repente, por ejemplo, había un personaje que trabajaba en una cafetería de Polanco y la hermana de una de las actrices justo consiguió un trabajo en una cafetería de Polanco cuando jamás había trabajado; había una historia que era de seis nietas que tenían una misma abuela y a todas las abuelas de esas seis actrices les pasó algo: una murió, otras se cayeron, se enfermaron, ¡las seis!

“Luego vino El polvo, obra sobre el terremoto del ’85. Tuvimos una temporada de diez semanas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y durante esas diez semanas tembló dos veces; y cuando después de la temporada no tembló en siete meses, yo recibía mensajes de: ‘Ya, Jimena, deja de hacer obras del terremoto, por favor’. Luego vino Cafeína, con una historia que también se cumplió hasta por debajo de los ojos, sobre todo para mí. A partir de eso una de mis salidas fue escribir obras que no se pudieran hacer realidad, como una sobre siamesas: a ver, que nacieran siamesas.

“Pero con Antes, que es tan realista y es de un tema que pasa todo el tiempo pero que nadie quiere que pase ‘por culpa’ de la obra, decidí ponerle un texto al principio que yo llamé la jaula, una especie de advertencia a la obra de: vamos a entendernos de una vez, tú eres ficción y como ficción te quedas, tú no te metes con mi realidad. Ésta fue la primera obra en la que puse la jaula. Ahora la pondré en todas, pero Antes fue la primera en la que la puse y la primera que salió publicada con ella”.

La jaula dice así:

Ésta es una obra de ficción y permanecerá como tal hasta el fin de los tiempos. Los personajes y las situaciones aquí planteadas tienen prohibido intervenir la realidad.

Cinco

Eme Vázquez comenzó escribiendo narrativa y eso le ha dado punto de comparación sobre lo que significa escribir teatro: “Es vertiginoso. Se necesita que siempre estén pasando cosas, que los personajes tengan cosas pendientes, cosas que quieren en ese momento y eso requiere mucha conciencia de toda la historia para que en esa escena se concentre la acción. En el teatro pasa mucho más que los personajes te ‘dictan’ lo que van diciendo ellos, según la propia lógica de lo que han dicho antes. Por eso, y aunque sé que la vida es larga, no me arrepiento de no haber sido actriz, me gusta mucho más tener la primera palabra y ser la tirana, la que reduce las posibilidades y pone las fronteras. Porque lo que yo quiero aportar son historias: quizá no historias únicas, pero sí historias que no se hayan contado así”.

Cuatro

Cuando se le pregunta por qué creer en el teatro, Jimena es muy clara: “Una de las cosas que nos da el teatro es ver una historia de una sentada, lo que comparte con el cine y a veces con la literatura; también el tener a las personas ahí, eso de que a veces tengas que sacudirte la cabeza para acordarte de que no les está pasando eso realmente, eso sí se limita al cine, pero como lugar, y al teatro; tener ahí la presencia de los cuerpos es algo que sólo la danza y el teatro ofrecen. Entonces va acotándose: todos tienen su ser en el mundo, pero respecto al teatro podría decir que lo excepcional es lo presente, que lo estás viendo en ese momento con los olores, los sudores de la gente real contándote una mentira que ya no es tan mentira. Y del mundo de los que hacemos teatro, a mí me conmueve que pasemos meses encerrándonos, ensayando una historia para presentársela a la gente. ¿Por qué lo hacemos? Y puede ser que tu obra tenga doscientas mil funciones o tenga veinte y tú al siguiente mes te vuelves a juntar con otros locos a volver a ensayar”.

Tres

Esta joven autora entró a estudiar teatro porque ya había decidido que deseaba escribir narrativa y ser actriz, aunque pronto descubrió que la dramaturgia era su camino: “Pero de ese haber querido ser actriz me quedó que siempre pongo en mis obras retos o cosas que a mí me gustaría actuar”.

Dos

Sobre su propia experiencia de entrada al teatro y cómo invitar a más personas a unirse a su disfrute, Jimena Eme Vázquez comenta: “En mis años mozos recuerdo haber ido a una obra en el INBA que me dejó la sensación de que el teatro era una cosa muy complicada, a lo mejor muchos piensan que hacer teatro es hacer cosas raras, encuerarnos, tirarnos cátsup encima, eso que de repente se ha vuelto el cliché del teatro posmoderno. Pero se trata de buscar lo que te enganche y ya luego arriesgar a que no te guste algo. Porque por supuesto hay obras que no funcionan, si hay tantos locos haciendo teatro no van a quedar bien todas, pero habrá unas que sí. Yo creo que para todos hay una obra que dará respuesta a algo y ni siquiera para una pregunta que tengamos bien armada, pero que hay que buscar esa obra con la que cada quien pueda entrar”.

Uno

Ya entrada la noche del 22 de enero de 1991, a mis diez años de edad, recibí la noticia de que por fin había dejado de ser hija única. Más valía tarde que nunca: había nacido mi hermana, Jimena, una niña sanísima que llegó al mundo bajo el signo de Acuario y con ascendente Virgo, o sea que según los astros sería “práctica, minuciosa, cerebral y de ideas creativas muy originales”.

Porque también los astros anuncian ciertas cosas, desde antes.

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