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Cometer errores

Por Deniss Villalobos:

Uno de mis mejores amigos forma parte de una investigación en la que, después de descubrir que los ratones tienen un reloj circadiano en el folículo piloso, y tomando ventaja de ese reloj y su efecto en la expresión de ciertos genes de reparación del ADN, además de la hora del día en el que estos se expresan, sospechan que el daño causado por la quimioterapia y radioterapia en el cabello de los humanos podría minimizarse si los tratamientos se realizan a cierta hora del día.

Como lo cuento quizás suena muy simple, pero si pensamos un poco en todo el trabajo que hay detrás, y el alcance que podría tener, es fácil sentir que nosotros, los simples mortales, no hacemos nada significativo. Tengo la misma sensación cuando veo una gran película o leo un buen libro, y también cuando veo las fotos en instagram de alguna persona que parece tener una vida fantástica, llena de viajes y cosas interesantes, o incluso cuando conozco gente capaz de llevar una vida simple, pacífica y placentera al mismo tiempo.
 
La verdad es que yo no he hecho gran cosa. He ido, desde que entré a la universidad, saltando de una carrera a otra sin encontrar algo que me apasione demasiado. No he tenido algún trabajo espectacular y tampoco he hecho algo que mejore mi vida y la de la gente que me rodea. Ni siquiera soy capaz de ser constante en todas las cosas que empiezo, y lo único en lo que parezco ser buena es en el abandono. Supongo que casos como el mío son frecuentes en muchas personas. No todos podemos ir por ahí haciendo útiles descubrimientos o filmando la siguiente película que ganará el Oscar, lo que nos lleva a tener pensamientos negativos que se convierten en un círculo del que es difícil salir.

Dándole algunas vueltas concluyo que no deberíamos preocuparnos demasiado. No es el fin del mundo, porque hay muchos mundos. Nosotros somos un mundo pequeño, y cualquier segundo puede convertirse en el momento en el que decidamos cambiar las cosas y comenzar a girar.

El mensaje de Año Nuevo que Neil Gaiman publicó en su blog hace cuatro años dice esto:

Espero que el año que viene cometas errores. Porque si estás cometiendo errores, eso significa que estás haciendo cosas nuevas, probando cosas nuevas; aprendiendo, viviendo y esforzándote, cambiándote a ti mismo y cambiando tu mundo. Estás haciendo cosas que nunca antes habías hecho, y lo más importante: estás HACIENDO ALGO.

Comete grandiosos e increíbles errores. Comete errores que nadie ha cometido antes. No te congeles, no te detengas, que no te preocupe si no es lo suficientemente bueno o si no es perfecto, sea lo que sea: arte, amor, trabajo, familia o simplemente estar vivo.

Sea lo que sea que tienes miedo de hacer: HAZLO. Comete tus propios errores, este año y siempre.

Cometer errores. Eso es algo en lo que casi todos somos buenos. Hay algunos genios que son buenos en todo lo que hacen, y además lo que hacen es positivo y muy notorio; está muy bien que existan esas personas, pero los demás tenemos la oportunidad y obligación de ir por el mundo equivocándonos. Intentar una y otra vez. Caer y levantarse. Si nos interesa la danza, hay que intentar bailar. No importa que no tengas mucho ritmo y sientas que hiciste el ridículo. Eso da igual. Estarás bailando, estarás pasándola bien y estarás haciendo algo. Eso es lo que realmente importa. Tenemos que intentar siempre, ir de un lado a otro buscando lo que nos haga felices aunque en el camino nos equivoquemos.

Raul, el amigo del que hablaba al principio, me envió hace unas semanas la foto de un ajolote rosa. Esos pequeños «monstruos acuáticos» me parecían muy simpáticos, pero antes de esa foto no había sentido auténtica curiosidad por ellos. El día de ayer leí sobre una investigación en la que se habla de la regeneración en el axolotl mexicano. Hubo una frase que llamó especialmente mi atención y que a continuación traduzco: "Hemos determinado que los defectos en la región de las epífisis de ambas extremidades en el axolotl, anteriores y traseras, se regeneran solo cuando el defecto es pequeño."

Si pienso en los seres humanos y sus defectos, no me cuesta mucho trabajo concluir que tenemos algo en común con los ajolotes rosas: podemos corregir nuestros pequeños defectos. Podemos dejar la pereza, el pesimismo y la desidia a un lado. Ya se encargarán los científicos de la parte en la que investigar a estos anfibios ayude a sanar lesiones cerebrales o en la médula espinal. Mientras tanto, los demás podemos admirar el gracioso rostro de esos seres y pensar que, tal vez, ya va siendo hora de salir al mundo a cometer algunos grandes errores.

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