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Chiles embonados

Por Frank Lozano:

Ningún chile nos embona. Pos no. De entrada, no nos embona la metáfora empleada por Enrique Peña Nieto para referirse a un fenómeno que está ampliamente justificado: la desconfianza de los mexicanos en su gobierno.

Lo que al presidente no le embona es más grave que un simple chile, no le embona la realidad. Hace unas semanas, afirmaba con desdén que la crisis que muchos percibimos radica en nuestra cabeza. Ahora, con la detención de Duarte, dice que ningún chile nos embona.

Debo suponer que su metáfora parte de reconocer que, simbólicamente, su gobierno nos sodomiza, nos mete el chile, nos coge y nos embona, y que eso debe gustarnos. Peña Nieto supone que debemos estar contentos con el chile adentro o resignarnos con el chile que él quiera embonarnos, o sea, el suyo.

No se trata, creo yo, del episodio de un presidente desesperado e incomprendido, que, para hacerse pasar como humano, abrió un diálogo con esa frase para romper el hielo. Si algo caracteriza a Peña Nieto son dos cosas, la premeditación actoral o el desastre de ser el mismo. En este caso, me parece, hay una combinación entre su faceta actoral y un intento pendejo por ser él mismo. Resultado: una penosa reedición de su falta de sensibilidad política. Peña Nieto inicia una charla con una frase que a la postre lo define a él: ajeno, lejano, insensible, tonto.

Es claro que Peña Nieto no cree en lo que una mayoría cree, y no ve lo que una mayoría ve. La mayoría vemos desde hace años que su gobierno perdió la credibilidad y la legitimidad. Una abrumadora mayoría reprueba su gestión.  La mayoría quedamos insatisfechos con la “investigación” que realizó Virgilio Andrade sobre el conflicto de interés con el grupo Higa y la casa blanca de siete millones de dólares de su esposa, así como la casa de Luis Videgaray.

Hoy prevalece la duda sobre el papel del gobierno en la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Y en paralelo, muchos vemos con preocupación el deterioro en materia de derechos humanos. Hoy la libertad de expresión corre riesgo. El asesinato de periodistas se ha vuelto una constante y más del noventa por ciento de los casos quedan impunes.

Hoy tenemos dudas sobre el papel de su gobierno en la liberación y protección de un criminal como Humberto Moreira.  Hoy vemos el círculo de protección que existe hacia el corrupto líder petrolero Romero Dechamps. Hoy recordamos las palabras de Peña Nieto en spots diciendo que no habría incrementos en gasolinas, ni electricidad, para luego ver cómo la gasolina y la electricidad subieron.

Hoy recordamos el vídeo de Peña Nieto hablando maravillas de la nueva generación de gobernadores del nuevo PRI, de los cuáles, varios están prófugos, y uno más fue entregado por las autoridades de Guatemala. Tampoco hemos olvidado el bochornoso papel jugado durante la campaña electoral americana en la que su gobierno fungió como un trampolín para Donald Trump.

Recientemente varias cosas demuestran la lógica con la que operan el presidente y su partido, la imposición de Paloma Merodio, la ley de seguridad interior y la manipulación del proceso de designación del fiscal anticorrupción.

Peña Nieto y su gobierno son los únicos responsables de la baja credibilidad que gozan. Una a una, el presidente y su equipo, han desperdiciado las oportunidades de reconstruir la confianza ciudadana, y una a una, las han vilipendiado.

Si a nosotros, no hay chile que nos embone, él por su parte, parece no tener llenadera.

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