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Cerrar los ojos

Por Adriana Med:

He notado que de un tiempo para acá cierro más los ojos. No solo para estornudar o para dormir: también para sentir mejor los buenos momentos y, de algún modo, concederles algo de intimidad. Me recuerdo en esa noche feliz rodeada de tanta gente, de tanto ruido, cerrando los ojos con una sonrisa. Las voces parecían una orquesta desorganizada dirigida por un excéntrico personaje, y mi sentido del tacto, agudizado, hacía del viento en mi rostro el mayor, el más glorioso de los goces.

Solemos relacionar el acto de cerrar los ojos con cobardía, indiferencia o terquedad. Y a veces es así, incluso literalmente. En momentos de conflicto en las que no hay diálogo o solución posible, he llegado a cerrar los ojos y los oídos para pensar en otra cosa, restándole importancia a lo que considero que no merece la pena. Además, como los yoguis, cuando el estrés me gobierna, yo también cierro los ojos y me concentro en mi respiración, consiguiendo así un poco de tranquilidad. En cuanto a los momentos de miedo y sensibilidad ante imágenes explícitas, cerrar los ojos es más un reflejo que una decisión. Nuestros párpados nos protegen del mundo, muchas veces sin consultarnos.

Antaño las palabras “Cierra los ojos” podían llegar preocuparme porque casi siempre salían de la boca de alguien que no era de fiar. Cerrar los ojos es desarmar el cuerpo y acaso el espíritu, por eso puede ponernos tan nerviosos, por eso nos negamos o nos preparamos para una broma de las pesadas.  ¿Pero qué tal cuando una persona de  nuestra confianza nos pide lo mismo? Nos emocionamos como niños y los cerramos de inmediato porque sabemos que nos espera una agradable sorpresa, y una vez que comprobamos que estábamos en lo cierto, anhelamos la próxima vez.

Mucho se ha escrito sobre lo bello que es mirar a alguien a los ojos. “Sometimes, when I look deep in your eyes I swear I can see your soul”, dice una (preciosa) canción de James. Todos podemos identificarnos con esa línea. Nadie es inmune a la fuerza de una mirada. Es un lugar común del que afortunadamente nadie está a salvo. Quizá ni siquiera los ciegos.

Fascina sin duda examinar unos ojos abiertos, pero creo que es también es hermoso ver unos ojos cerrados, observar los vestigios de un alma que ha bajado las persianas pero no se ha ido a ninguna parte; está ahí, tranquila, indefensa, soñando con quién sabe qué cosas, latiendo en reposo. Ver dormir a un ser amado tiene algo de maravilla. Es comparable con ver a un mar tranquilo. No se mueve mucho en la superficie pero está lleno de peces que bailan despacito unos con otros, mejilla con mejilla, y brindan por alguna festividad absurda que seguro nos haría reír.

Me gustaría ver algún día una exposición fotográfica de personas con los ojos cerrados. Sería increíble conocer a tantas personas en ese estado de privacidad interior, de misterios insondables. Las cortinas del alma también son importantes, dicen mucho. Y cerrar los ojos no siempre es huir. A veces es confiar, a veces es querer sentir mucho más.

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  • xolotl

    Qué bonito! Qué bien que puedas reflexionar acerca de ello y que nos hagas reflexionar a nosotros de paso.

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