Looking for Something?
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Recuperar el mundo

It began as a mistake

Por Nerea Barón:

Recientemente leía a alguien preguntar qué consejo nos daríamos a nosotros mismos hace un año exactamente. Pensé la pregunta y claro que vino una respuesta a mi mente. Pero cercenar el error es cercenar la vida: ¿cómo podría haber tenido los aprendizajes que tuve hace un año, si no hubieran tenido lugar las equivocaciones que les dieron origen?

La tira cómica de Saturday Morning Breakfast Cereal se burla de eso en una de sus entregas: parece que los humanos tenemos un síndrome de Estocolmo con nuestra propia historia. Es verdad. Por otro lado, también es verdad que no tenemos un genio que nos permita corregir los errores del pasado, por lo que asumir e integrar es el único recurso que tenemos disponible para hacer valer el paso del tiempo. No es un recurso menor. Seguir leyendo

Entre mi verdad y la tuya

Por Nerea Barón:

La convivencia con las otras personas es, entre otras cosas, un espacio de negociación de verdades: se entretejen percepciones, se defienden puntos de vista y, en el mejor de los casos, se llega a ciertos consensos para, más tarde, llamar realidad a esa construcción conjunta.

Si no hay un otro que constate o reconozca de alguna forma nuestra verdad, sostenerla se vuelve sumamente angustiante y es fácil comenzar a dudar de ella. ¿No son los locos, en última instancia, personas con una verdad inaccesible para el resto? La película Twelve monkeys (1995) retrata bien ese problema cuando Cole (Bruce Willis), viajero del tiempo, empieza a creer que su misión es una alucinación, pues es una verdad que no es compatible con la verdad de las personas que le rodean, al ser éstas personas del pasado para quienes los viajes en el tiempo no existen. Seguir leyendo

Ni hippie ni chairo

Por Nerea Barón:

Lo reconozco: en otros momentos me he referido a mí misma como hippie. Claro, porque es fácil apelar a la caricatura: es verdad que camino descalza entre la hierba, que participo en fogatas en donde se le canta a Pachamama, que hablo de chakras, que me gustaría diseñar una ecoaldea y creo en el amor como una fuerza regeneradora.

Me he referido a mí misma como hippie porque es más económico recurrir al cliché de fácil evocación que empezar a hablar de lo que a veces ni siquiera para mí es tan claro: los fundamentos de mi espiritualidad. Pero decir hippie, hoy en día, lleva consigo cierta peyoración, pues alude a este personaje que, desde una comodidad ideológica, se desafana del trabajo, niega las reglas operativas de esta sociedad y se dedica a fumar marihuana y a promulgar amor y paz sin un compromiso real con las implicaciones de sus afirmaciones, un poco como J.P. Sears lo satiriza en este video. Seguir leyendo

En el corazón de la falta

Por Nerea Barón:

El problema de la moral es que sabe demasiadas cosas. Como profe estricto, apenas se acerca y sumimos la panza, nos sentamos bien derechitos y tapamos con el brazo nuestros garabatos en el margen del cuaderno. ¿Estamos siendo malos estudiantes? No necesariamente, pero eso no nos deja libres de mácula: si se nos inspecciona, seguramente nos encontrarán algo de reprochable.

Esa conciencia de la mácula, fundamento de la noción cristiana del pecado original, es constructiva a su manera: sólo quien se sabe carente puede estar receptivo a sus propios errores y no devenir un tirano a espaldas de sí mismo. Misma lógica subyace en la famosa frase socrática «yo sólo sé que no sé nada», porque claro, quien sabe ya no necesita preguntarse y, en un santiamén, puede volverse un ignorante. La soberbia del sofista –ilusión de completud– le hace olvidar que la búsqueda del conocimiento no es más que un ejercicio de bordear vacíos y el conocimiento consumado, un punto ciego. Seguir leyendo

Abrazar la nada

Por Nerea Barón:

Se habla de muchas cosas. Todo, en estos días, requiere apremiantemente de una opinión. Se habla de todo lo injusto, de todo lo nuevo, de todo lo urgente. Se habla del derecho y del revés de cada uno de los eventos. Se habla de todo lo que molesta y de si debiera o no molestarnos. Se habla mientras se come, mientras se ama, mientras se duerme.

A veces hasta parece una afrenta dejar de hablar, como si no participar del torbellino de palabras te volvería cómplice de aquel otro torbellino, el de la injusticia, el de la depredación o el de la indiferencia. No vaya a ser que, si guardamos silencio, el mundo nos coma los pies. Seguir leyendo

Ahí donde no somos invencibles

Por Nerea Barón:

Defense is paper thin Just one touch and I’d be in Too deep now to ever swim against the current.

Vindicated, Dashboard Confessional

 

Es común que se retrate a los superhéroes llenos de defectos, es parte de su gracia: tener un superpoder no los exime de tener vicios de carácter, demonios internos, pasiones e inseguridades. Se sabe, pese a ello, que al final del día salvarán el mundo. El mundo depende de que puedan atravesar ese espectro de ego, de debilidad o de miedo para ponerse al servicio de un bien mayor.

No sé suficiente del género para ahondar más en la materia; si se trata de un mero recurso narrativo para generar empatía entre los espectadores, para darles verosimilitud o para construir un clímax con más aristas, no lo sé. Sé, sin embargo, algo: la fuerza adquiere mayor impacto cuando se transparenta el seno de debilidad del que emana; es ahí en donde el deseo se manifiesta; el deseo que es falta, salto al vacío, reconocimiento de lo que no se es, de lo que no se tiene.

Hablo de superhéroes porque se me hacen la figura por antonomasia del supuesto poder. Valga la redundancia: si algo los caracteriza es que tienen poderes de los que el resto carecemos. Y ahí reside su condena: no pueden no poder, más que por momentos específicos; es su deber levantarse y volverse a levantar las veces que haga falta. En otro momento he disertado sobre su convicción secreta, aquella que los hace distintos más allá de su superpoder; pareciera que el compromiso con su misión es tal que se sobrepone al dolor y a la duda, y eso, en todo caso, es lo que deberíamos de aprenderles.

No obstante, pienso en ellos y los imagino abismalmente solos. Una vez más me faltan referencias: sé que a veces pelean en equipo, sé que al menos un par tiene una pareja estable, ¿pero qué tan deseable es una vida en la que la salvación siempre tiene que venir de uno mismo? Será que a mí no me ha picado una araña radiactiva ni he sido sujeto de un experimento del gobierno pero, cuando la humildad me alcanza, no puedo sino agradecer mi no poder, porque en ese no poder, en ese flaquear del yo invencible, aparece un espacio para el otro que, desde su abundancia que no es la mía, puede extenderme la mano.

Si el yo se bastara a sí mismo, la comunidad no tendría sentido. Desde ahí, me gusta creer que las películas de superhéroes enseñan tanto o más sobre la debilidad que sobre la fortaleza pues ésta última se vuelve una debilidad cuando, lejos de conectar, desconecta. En todo caso, ellos y nosotros nos parecemos en algo: vivimos en un mundo en llamas que, desde su estertor, nos pide también que le extendamos la mano.

Grullas en el tiempo

Por Nerea Barón:

Para Luciano y Sebastián

No se espera que los niños recuerden el paseo escolar a la fábrica de reciclado, la ida al zoológico, la fiesta infantil o la tarde en el salón de juegos de McDonald’s. Recordarán, sí, pero lo harán con la subversión de su mente libre que tomará a contentillo las más azarosas memorias –el vómito de su compañero en el autobús, la oruga en el camino–, como los gatos que desechan el juguete para quedarse con la caja.

Los adultos han de ofrecer amor, tiempo y energía conscientes de esa fatalidad: la desmemoria terminará por deslavar hasta las más esmeradas vacaciones y sin embargo, mírales la cara, la boquita abierta de asombro, los ojos grandes, las mejillas chapeteadas, y cómo duermen después de un día cansado y cómo recogen piedras y cómo se acercan con miedo al venado de la reserva y le extienden la mano con comida y voltean a ver para otro lado y aprietan los ojos y se ríen nerviosos. ¿Dónde está la cámara? Seguir leyendo

Bienvenidas las crisis

Por Nerea Barón:

Crisis. Cambio importante en el desarrollo de un proceso que produce inestabilidad. Para Thomas Kuhn, historiador y filósofo de la ciencia, la crisis es el resultado de la caída de un paradigma, de una cosmovisión. Cuando el paradigma en boga presenta demasiadas anomalías, aparece la necesidad de cambiarlo por uno nuevo y, en ese tránsito, emerge la crisis. Una imagen más trivial para acompañar: Tarzán meciéndose de liana en liana. Entre el momento en el que suelta una y toma la siguiente, permanece unos segundos en el vacío: crisis.

Kuhn circunscribe sus afirmaciones únicamente a la ciencia, pues las humanidades –afirma– soportan soluciones paralelas e inconmensurables entre sí: el avance del conocimiento no es lineal en ese caso. No obstante, su lectura me sirve para entender otros fenómenos. ¿No son todas las olas de denuncia, con su cuota justa de incomodidad y desconcierto, la expresión de una crisis? La dificultad aparece cuando hay que sostenerla por un tiempo prolongado pues, ante la inconveniencia de sus consecuencias –el heteropatriarcado sintiéndose bajo la lupa, por ejemplo–, aparecen todo tipo de intentos por restaurar el estado de cosas anterior, que en su familiaridad daba la ilusión de ser funcional. Seguir leyendo

The Good Place, una serie sartreana

Por Nerea Barón:

Eleanor Shellstrop, interpretada por Kristen Bell, no se caracterizó en vida por ser una «buena persona»; por el contrario, era una mujer egoísta que sólo veía por sí misma y no tenía reparo alguno en atropellar, manipular o humillar a la gente de su alrededor si la situación lo ameritaba. Por eso es una sorpresa cuando al morir termina en The Good Place, un equivalente al Cielo: un barrio con estética de suburbio estadounidense —el sueño americano— diseñado, en teoría, para vivir en plenitud el resto de la eternidad conviviendo con personas de su mismo talante moral. Sin embargo, poco tarda en darse cuenta de que hubo una confusión en la administración y de que en realidad ella no debería de estar ahí.

El resto de la primera temporada consistirá en una serie de enredos derivados de ese presunto error: le pedirá ayuda al que ha sido designado como su alma gemela, Chidi Anagonye –William Jackson Harper–, quien en vida solía ser un profesor de ética y que aceptará ayudarla, más por circunstancia que por voluntad, enfrascándose con esa decisión en una serie de dilemas morales que lo atormentarán a cada momento; conocerá a alguien más que se encuentra en su misma situación, Jason Mendoza –Manny Jacinto–, un DJ que ahora tiene que aparentar ser un monje budista de nombre Jianyiu que, por si fuera poco, tiene un voto de silencio; y tendrá una relación difícil con su vecina, Tahani Al-Jamil –Jameela Jamil–, una mujer presuntuosa que aparentemente se ganó su lugar ahí por hacer grandes recaudaciones para la caridad, todo eso mientras Michael –Ted Danson–, el burócrata inmortal que diseñó el lugar, intenta dar cuenta de las anomalías que están sucediendo en el vecindario. Seguir leyendo

Efemérides

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