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Recuperar el mundo

El día que envejecí

Por Nerea Barón:

I.

En aquel sueño —aunque decir sueño es ya una licencia—, yo tenía cincuenta, sesenta años, y desnuda de pie frente al espejo me asomaba a la innegable realidad de que el tiempo había pasado. Tomaba conciencia de los primeros síntomas de vejez y sentía la lenta desvalorización de mi cuerpo, un cuerpo roto como lo había sido siempre, con la salvedad de que esta vez ya no lo amparaba el antifaz del deseo ni aceptaba tan fácilmente artificios deificadores.

Me tardé un rato en soltar la identidad que me daba la juventud, pero ahí me quedé, conteniéndome, acompañándome. Sentía como si todo mi cuerpo se fuera calcificando y con ello se calcificara también el tiempo, la vida. Todo se volvía más óseo, lo que de cierta forma daba una especie de calma. La vida ya no se trataría de todo sino de esto. El mundo ya no se abriría de lomo a lomo, de piel a piel y de sol a sol ante mí, pero a cambio, yo era más yo que nunca, yo era cada viaje, cada beso y cada lágrima de mi historia. Me dolía saberme punto de llegada de mí misma, me dolía y me liberaba. Seguir leyendo

(Des)considérame

Por Nerea Barón:

La consideración es una virtud altamente valorada. Nadie quiere —en principio— tener a un desconsiderado en casa que suba los pies a la mesa, te arrebate la palabra, se lleve tus cosas sin preguntarte y no tome en cuenta tus necesidades o tus peticiones. Si la gente se deja de hablar cuando termina una relación, no es sólo por el dolor que supone sino porque casi siempre, detrás, hubo una desconsideración imperdonable. Querer es considerar, podríamos decir, y aunque a veces es también por amor que desconsideramos, ésa es nuestra falla: dejarse arrastrar por las pasiones al punto de atropellar al otro es una muestra de debilidad de carácter, de que no estuvimos a la altura de nuestro propio amor, aquel que en teoría quería considerar al otro, cuidarlo, procurarle el bien.

Ser considerado requiere atención, sensibilidad, energía y mucha anticipación. ¿Cuándo estamos rebasando los límites del otro? Las más de las veces es difícil saberlo, sobre todo en este país en el que pocos te dicen que no directamente. ¿Pedir un favor es desconsiderar? El mexicano promedio, preocupado por no incomodar, ha de pensárselo siempre dos veces, porque sabe que meterá a un aprieto al otro que, débil de no, tenderá a cumplir su demanda aunque no quiera hacerlo. El otro lo considera y éste lo sabe, así que tiene que considerar también su consideración. Loop infinito. Corte A: Todos avanzan de puntitas, dando vueltas retóricas innecesarias antes de pedir algo, todo con tal de no causar ninguna molestia, no vaya a ser. Seguir leyendo

Antimuseo de pájaros

Por Nerea Barón:

«Que haya cosas depende de la duración.

Si duran en lo mismo, hay pared;

si duran en movimiento, hay mirlo».

– Chantal Maillard

«¿No has tenido nunca un pájaro vivo apretado en la mano…? Lo mismo pero por dentro de la sangre», le dice María a Yerma para describir su embarazo[1]. Un pájaro vivo es apenas una evocación, un pálpito que se escapa, pues de apretarlo de veras moriría en el acto. Todo niño que nace es, pues, producto de una renuncia; la renuncia a poseer la sugerencia, a detentar el sueño encapsulado que crece dentro, sólo para sí mismo, impenetrable e inasible.

He perdido con los años el gusto por fotografiar pájaros muertos. De niña vi uno hermoso, azul brillante. En cuclillas, me quedé admirándolo un buen rato, pero al darle la vuelta estaba lleno de gusanos. Nada se conserva intacto. Nada se conserva. El mismo acto de querer conservar ya es una afrenta contra la vida. Todo museo guarda dentro de sí una mentira. Seguir leyendo

Espíritu del tiempo

Por Nerea Barón:

Cada ola del mar

levantando se aparece

elevando mis manos

como diciendo «hey».

Cada ola de mar, canción medicina.

 

El instante carece de protocolo. Sería contradictorio que lo tuviera, pues el mismo instante se define por ser un desanclaje en la sucesión infinita del tiempo. Toda experiencia cumbre ocurre en un instante y es, a su manera, un gesto de desobediencia: rota la lógica del tiempo, los eventos empiezan a obedecerse exclusivamente a sí mismos. En estos momentos es cuando la gente se quita la ropa, falta a la escuela, sale del clóset y dice «yo».

Decir «yo» es decir instante pero también decir tiempo. Decir «yo» es lanzar una promesa al aire. Es ahí cuando aparecen los protocolos, mapas ficticios de la persecución de un deseo. Insértese aquí las palabras constancia y disciplina. Detrás de cada decisión, definida por su lealtad a la continuidad, se alberga el espíritu de un instante que desanclado pudo ver más allá de la torpe tensa tendencia de lo repetitivo, como si fuera un recordatorio con el que nos dijéramos: «la última vez que tuve la lucidez para no ser tiempo, atisbé un anhelo y esta es su torpe tensa ruta». Seguir leyendo

Al ras del sueño

Por Nerea Barón:

A veces juego, cuando me siento bien, a perder cosas. ¿Qué haría sin mis padres, sin mi trabajo, sin mis piernas? Nada, pienso. Seguir siendo yo. Abrir nuevos caminos. Volverme, a partir de eso, más sensible, más sabia, más fuerte. No puedo perder nada que me arranque la certeza –ese perecedero trasunto de la fe– de que hay camino, de que todo suma y de que estoy más allá de toda circunstancia, pues todo lo que pasa es sólo un espejo, una proyección, una simulación y un aprendizaje. Seguir leyendo

Pensar, pensar, pensar

Por Nerea Barón:

Aquel pilar que crees que te sostiene, suéltalo.

Tal vez seas tú quien lo esté sosteniendo.

Déjalo caer.

@cosmicmanik

Pensamos. Pensamos mucho. Hay quienes –Dios los bendiga– incluso se sienten muy listos por pensar tanto. De verdad, los he visto, dando vueltas en su cama, insomnes, sintiéndose solos porque nadie los comprende, porque nadie más es capaz de ver con tanta claridad cuán compleja, cuán intrincada es la vida.

Estamos poseídos. Pensamientos autofágicos se instalan en nuestra mente y no nos abandonan hasta que no queda nada más que una desesperación brutal y un tratado de nudos. Lo que originalmente era una medida adaptativa para nuestra supervivencia, ha empezado a tornarse en contra nuestra, convirtiéndose en un hándicap que arrastramos de igual forma que arrastramos nuestro cuerpo por esta vida miserable que no elegimos vivir. Hoyo negro en el pecho al despertar y unas gotitas de benzodiacepinas diluidas en un vaso con agua. Seguir leyendo

Horóscopo del devenir

Por Nerea Barón:

Capricornio: hoy va a ser un buen día. Triste. Feliz. Lleno de pendientes. Lluvia y sol. El mal y el buen humor como siempre se revuelcan. ¿Por qué querer más? No hay respuesta, recuerda que esto es sólo un oráculo. Cáncer: tienes muchas caras, te he amado más de una vez. Correrás, como siempre, porque todo es importante. Todo es importante menos el tiempo, que lanzas como leños al fuego de la angustia.

Tauro: ¿cómo se ve el mundo detrás de una ventana de tren? ¿Cómo se ve el mundo entre cuerpos y música y tanta pero tanta vida? De adentro hacia afuera, todo renace en tu interior. Sagitario: te veo triste y me dan ganas de besarte los ojos. Pero no soy yo, no es nadie quien puede acompañarte. ¿Cuándo, mi amor, retomarás el arco y la flecha? Nada te persigue. Leo: canta, canta, canta. Sé luz y dinamita. ¿Qué harás cuando el resto del mundo se haya enamorado de ti? ¿Sabrás cuidarlo? Seguir leyendo

Desparpajo

 

Por Nerea Barón:

Que si el vecino nos mira mal porque invitamos a muchas personas a pasar la noche; que si hay una forma correcta de ser un mamífero entrajetado en la gran ciudad, o peor aún, una mujer libre pero respetable, bella pero espontánea, oximorónica siempre. Que si ya se acerca el fin de mes y hay que pagar la renta, y no olvidemos los impuestos y el delirio predatorio –nada delirante, por Dios, basta escuchar las noticias– del que hemos de participar día con día cargando gas mostaza en la bolsa y caminando de prisa, sin ver a los ojos a nadie.

Que si la vida es difícil, que si hay que quitarse la ropa para derrocar el sistema, que si el priísimo es un gas tóxico que recorre nuestras calles y para ser espiritual hay que aprender a no enlodarse, a caminar siempre de puntitas y no tener tener malos sentimientos; meditar incluso en la tormenta. Seguir leyendo

Jaula de pájaros

Por Nerea Barón:

No necesito que las cosas me salgan bien. A veces tengo el privilegio de estar ahí, en medio de ellas, como en medio de una jaula de pájaros. Basta y sobra. La gratitud es también la dulce realización de que todo, a nuestro alrededor, revolotea. Las plumas caen y alguien las barre. Fin del día, triste maravilla.

A veces duele que la vida sea buena con nosotros. He seleccionado las palabras correctamente: duele. Impronta fugaz de la hermosura sobre el barro de la sensibilidad. La otra noche, Ata se me quedó mirando con dulzura triste como si mirara el tiempo, infinito y acuoso. Descalza y con el pelo suelto, sentada en cuclillas como se sientan los niños, entendí que yo encarnaba el tiempo y, cigarro en mano, cerré los ojos. Compartí su tristeza. El nombre propio –ese vocablo vibrante– es simultáneamente el inicio y el fin del vuelo. Seguir leyendo

A mis alumnas

Por Nerea Barón:

Quiero que sepan que cuando decidí ser su profesora fue porque tenía sentido para mí regalarles mi tiempo. Así es: regalar. No se dejen confundir por la palabra «trabajo», que evoca fastidio, deber y cansancio. Yo no trabajo porque mi tiempo no tiene precio. El dinero confunde, pues de tan necesario que resulta, lo empezamos a vivir como un yugo cuando debiera tratarse de un simple intercambio: das y recibes como inhalas y exhalas, como hablas y escuchas.

Yo he recibido mucho en este trabajo y he buscado escucharlas. No sólo sus comentarios en clase, también sus pequeñas rebeldías, sus entusiasmos. Les confieso que hay algo a lo que nunca me acostumbré del todo en mi labor como docente: en tanto adulto responsable era mi deber ponerles límites, ¿pero cómo podía ser esa autoridad severa que a veces la circunstancia ameritaba cuando, simultáneamente, dedicaba mis clases a fomentar el ejercicio de la autonomía? Seguir leyendo

Efemérides

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