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Columna de Ángel Gilberto Adame

Discurso pronunciado en la presentación del libro “De armas tomar” ante la Asociación Mexicana de Juzgadoras

Por: Ángel Gilberto Adame

Agradezco a la Asociación Mexicana de Juzgadoras y a su presidenta, la magistrada Lilia Mónica López Benítez, por esta invitación. Agradezco también a las magistradas Carolina Isabel Alcalá Valenzuela y Laura Xóchitl Hernández Vargas, y al juez Miguel Ángel Bruguete García, quienes me acompañan en esta mesa.

Antes de hablar de lleno de las mujeres que conforman este libro, quiero recordar a una de ellas que, por la dificultad de localizar información sobre su vida, no aparece entre las 12 que integran la presente edición. Su nombre es María Asunción Sandoval Olaez, primera mujer en obtener el título de licenciada en Derecho el 5 de enero de 1900. Su caso es llamativo pues, pese a las implicaciones que tenía el cursar una licenciatura en un país que regularmente limitaba a la mujer a desempeñar las labores de un ama de casa, su nombre fue relegado al olvido. Seguir leyendo

Discurso pronunciado en la presentación oficial de “De armas tomar” en el Palacio de Bellas Artes

Por Ángel Gilberto Adame:

En recuerdo de

Teodoro González de León

y Rafael Tovar y de Teresa

Leer el flujo de la historia es una tarea apasionante que nos convierte en observadores del caudal del tiempo; una perplejidad que pone de relieve ante nosotros episodios que han sido consignados al olvido por el arbitrio de la memoria.

El azar, caprichoso en ocasiones, nos permite atisbar leves fragmentos de épocas consumadas, los cuales son epifanías invaluables para el historiador o el biógrafo, pues le permiten poner a prueba su paciencia inquisitiva y su curiosidad crítica.

En mi caso, fueron las hemerotecas y los archivos los que me marcaron las pautas a seguir para esbozar, con la mayor veracidad posible, las biografías de las doce mujeres que aparecen en el libro que hoy nos reúne. Seguir leyendo

Octavio Paz en la memoria de otros: Huberto Batis

Mi relación con Octavio Paz fue de cordialidad y cooperación, pero también de enojos mutuos. El primer trato que tuvimos fue por correspondencia. Fueron ocho cartas en las que me dio su opinión sobre la poesía contemporánea. Él estaba en desacuerdo con algunas ideas que yo había expuesto sobre el valor de la obra de Jorge Cuesta como poeta. Entonces le escribí a la India, donde era embajador y me respondió con cartas muy extensas explicándome sus argumentos.

La correspondencia que tuvimos fue muy larga. De cuatro o cinco páginas cada carta, a mano. No sé si como embajador tenía todo el tiempo del mundo para responder tanta correspondencia. A mí me regañó por mi adoración por Jorge Cuesta. Me decía ¿qué tanto le ven ustedes, jovenzuelos ignorantes, a ese señor que ni es poeta?

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Octavio Paz en la memoria de otros: Luis Cardoza y Aragón

1

En París encontré amigos, algunos viejos amigos. Una tarde, con Octavio Paz visitamos a Paul Éluard en la rue de la Chapelle. Cortinitas de ahulado con grecas recortadas por Nusch adornaban las puertas. Charla de humor y gracia, algunas copas. Encantadores. Ediciones magníficas, incunables, manuscritos, pintura de Picasso, Ernst, Dalí, De Chirico, Magritte, Tanguy, Chagall…

Encontré a Rodolfo Usigli (1905-1979) asimismo. En alguna ocasión, Paz critica cosas de México y Usigli lo interrumpe: “¿Cómo puedes hablar así ante un representante extranjero?” Carcajada unánime de Octavio y mía, que aún se oye. “Sí, no conozco nada de México y soy enviado de potencia enemiga.” Xavier Villaurrutia o Salvador Novo decían del “Caballero Usigli” que antes de meterse a la bañadera tomaba con el bastón la temperatura. Había escrito ya El gesticulador y traducido “La tierra baldía”, que es la muerte sin fin de Eliot, y algunos otros poemas. Octavio G. Barreda con suavidad: El testiculador, obra que resiste al tiempo. La última vez que vi a Usigli ocupábamos palcos vecinos en el Palacio de Bellas Artes; las cosas de México las he vivido como propias y no quise reconocerlo por sus declaraciones acerca de la matanza de Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968. ¿Es el mejor comediógrafo que ha tenido México desde la Independencia? Seguir leyendo

Octavio Paz en la memoria de otros: Max Aub

25 de abril de 1955

Entierro de Moreno Villa.

(Publicado un año más tarde, en el Suplemento de Novedades.)

La larga enfermedad aplaca dolores.

Estábamos todos: Cernuda, Prados, Altolaguirre –como si fuese ayer-, ayer hizo treinta años. Es el primero de Litoral que muere. Carlos Gaos, cuarenta años. Y todos los demás. Vamos al café: Luis, Emilio, Manolo, Octavio Paz y el hijo de Araquistain, que acaba de llegar.

Domenchina habla de volver a Madrid como de ir a Xochimilco.

No hubo discursos.

Manolo cuenta una historia estupenda, de un vecino suyo de la Habana. Lo detienen por cortar las ramas de unos árboles de una vecina. Lo denuncia, va a la cárcel. No regresa. Va Manolo a ver qué sucede. Lo encuentra pagando multas y sanciones de todos los detenidos por causas comunes. -¡Hombre, me alegro! ¡No sabía que tuvieras tan buen corazón! -¡Qué corazón! Los saco con tal de que vayan a apedrear la casa de la vecina, de que le peguen fuego a la casa, de que la apaleen…

18 de febrero de 1956

Octavio Paz, ya cargado de espaldas, como Manolo Altolaguirre; son de esos poetas a los que parece que las alas que les iban a salir se quedaron a medias, atrofiadas, y las llevan a hombros, medio jorobados, arrastrando un poco los pies bajo su peso; para que todos sepan que son poetas. No lo olvidan nunca, les preocupa día y noche esa gracia que les cayó del cielo.

29 de octubre de 1960*

Eugenio Montale —mitad oso, mitad loro—, todo para adentro, vergonzoso de su poesía, callado, poco amable para con los franceses que lo invitan. ¿Saint-John Perse? Leí algo… Pluies. Yo leo poco, casi nada.

A [ilegible] le recuerda un cuento de James. Octavio Paz me pregunta si Antonio Machado era un poco así. Sí, más desaseado, pero con otra luz.

16 de diciembre de 1963*

Elena Garro me cuenta cómo vio un informe suyo referente a Octavio Paz —debió ser del 48 al 50— en la embajada de París., acusándole de poco cumplido y amistades peligrosas (Bretón, Péret)y cómo no convenía dejar volver a éstas de regreso a México. Informe de Jorge González Durán.

17 de abril de 1967*

Una novela: Entrevista. Una interviú —en un café—, 150 páginas, Se emborrachan. Hablan de todo. Dar nombres: fechado. Su conversación como racimo de cerezas, a lo que salga, sin estructura, blanda, pero sin que falte nada: meterse con todos, no dejar títere con cabeza; una vista general, entrevista, un panorama. Decir horrores de Caros Fuentes, de Vargas Llosa, de Cabrera Infante (esa nueva emigración parisina y londinense). De Octavio Paz, de Jaime García Terrés —por embajadores—. De mí, de Benítez, de Piazza, de los periodistas, de los editores, de Abel Quezada, de Carlos Solórzano, de Alfonso Reyes, del Fondo, de Educación Pública. Hablar bien de Arreola, de Orfila, de Rulfo, de Magdaleno, de Azuela, de Revueltas, de los González Cassanova, de León Felipe, del PRI, del Presidente. Hablar de la Revista, de la Revista por antonomasia. Entrevista, entrevista…

1° de agosto de 1967*

Octavio Paz, rejuvenecido. ¿Tendrá uno siempre la edad de su mujer?

6 de abril de 1968*

Jaime García Terrés, recién desembarcado de Grecia, totalmente destanteado. Si vuelve Octavio Paz —de la India— y quiere hacer la revista proyectada, «tendrá que abandonar Relaciones». (Lo que equivale a decirnos: No cuenten conmigo). —Me lo dijo Carrillo muy claro: que colabore donde quiera. Es otra cosa.

Sí, claro, es otra cosa. y el ministro admira, de verdad, a Octavio. Y Jaime: —Soy amigo de todos. Después de mi destierro de tres años…

(Con que fue, efectivamente, destierro). Otro al foso. Lástima.

8 de mayo de 1969*

La fenomenal diferencia de las vidas: de cómo vive, por ejemplo, Alastair Reid en su barco sobre el Támesis, separado de su mujer, con su hijo de diez años, cocinando, yendo a la compra, hablando pura y sencillamente con el chiquillo, trabajando mientras va al colegio (de diez a cuatro), sin comer al mediodía, haciendo el desayuno y la cena de los dos, ayudándole a hacer sus deberes. Trabaja el resto del tiempo. Ahora —en junio— irá a los Estados Unidos de profesor y, al otoño, a Costa Rica a establecer un centro de traducciones.

Neal: al llegar nosotros estaba en Nueva York. Regresó, a los tres días se fue a Edimburgo, por cuarenta y ocho horas; hoy se va, por tres días, a Bruselas. Todo es establecer industrias, relacionarlas, vender.

El suegro de mi hija, que en su vida ha hecho nada más que vegetar y vivir de sus rentas.

Yo.

Todos, en veinte metros cuadrados. Y las mujeres, y los niños, y luego quiere uno escribir novelas o cuentos. ¿Para qué?

«¡Hechos, hechos!», gritaba ya no me acuerdo quién. Sólo me queda jugar al ajedrez como ese Marcel Duchamp, bastante representativo de mi siglo, sin necesidad de ensayos de Octavio Paz que, parece mentira, descubre mediterráneos.

28 de diciembre de 1969

Último domingo del año. debe regresar Carmen a Veracruz y su coche se estropea (dicen que el carburador). Ayer se fue María Eugenia, su hija mayor, a Nueva York: salió el avión con retraso (dicen que se estropeó un motor de retroimpulso). Murió Blanca de Castejón, una actriz que hizo no pocas de mis innombrables y horrendas películas. Y hoy comida de Villanoria (triste Marlaux). Artículo imbécil y de mala fe (o pueden comparinarse) de Piazza, acerca de la buena emisión de Camp referente a Borges (en Excélsior). Paco Álvarez se olvidó de sacar los visados de los hijos de mi hija elena para regresar a Cuba. ¡Qué cantidad de pequeños desastres! Simonov, también según el periódico, no cree en la paz atómica… Menos mal. Y anteayer enterraron a Carmen, la viuda de Cipriano Rivas Cherif, cuya familia ya no me habla. Uno de sus hijos se había suicidado hace tres meses. ¿De qué se puede uno quejar?

Cuando el «buen burgués» —en el sentido del «buen salvaje»— dice que los artistas «modernos» le toman el pelo, no está tan lejos de la verdad como suponen los «artistas» que se tienen por tales. Si el artista del siglo XX le toma el pelo al «buen burgués», lo hace conscientemente, aunque sea inconscientemente., porque el arte de nuestro tiempo —en parte— consiste en ello. El burgués, y no digamos el proletario, no pueden entender la mayor parte del arte de Kandinsky, Kleee, Duchamp, Picasso, Gris Miró. No que no quiera. No puede, y no puede porque Pollock, Staël, Braque no quieren que lo entienda, porque entonces dejaría de ser su arte, su manera de ver, entender, comprender y explicar el mundo. La publicidad y los medios de reproducción han frenado la protesta de las mayorías (menos en los países socialistas). La irracionalidad frente a la física o las matemáticas ha sido la gran lucha indecisa del siglo XX y ambas explicaciones del mundo se han salido con la suya. Les corresponde, además, exactamente el ámbito que deseaban. cada quien vigilante en su puesto, como un árabe o un judío; un capitalista y un comunista andan, no un cubista y un académico sino, verbigracia, Braque y Duchamp (El último Braque: el de las playas negras); o Mondrian y Picasso, tan lejanos los unos como los otros del «realismo socialista». No son los únicos, sobretodo en literatura: la gran línea de en medio: Mann, Martin du Gard, Marlaux, Hemingway, Faulkner, Carpentier, Borges, Pasternak, con los que se puede escribir la historia de nuestro tiempo: los míos. No que Picasso o Char o Paz no sean representativos del siglo XX, pero sólo de «punto de vista». La filología puede ser una retórica, como la pintura informal la expresión de una manera transitoria (¿cuál no lo es? me dirán. Los hay que no lo son) de y del ser.

22 de noviembre de 1970*

En casa de José Luis Martínez, comentarios vivos acerca de las declaraciones del presidente Díaz Ordaz referentes a Octavio Paz. Carlos Fuentes vino, habló de una carta de Fernando Benítez (que se tendrá que tragar). Han hecho tan bien las cosas —referente a los presos políticos— que han dividido más, si podían estarlo, a la oposición. Hasta Revueltas y Cía. están de acuerdo con la amnistía. Referente a Octavio Paz no hay novedad: Díaz Ordaz se la tenía guardada y sin revelar nada lo deja mal ante su sucesor. No pasará nada. Pero tienen mucho cuidado —José Luis Martínez, Carlos Fuentes, etcétera— de pedirme mi opinión: no soy mexicano.

18 de abril de 1971*

Vienen a cenar Octavio Paz y su mujer. Hablamos horas. Pongo en orden nuestras ideas y llego a la conclusión de que el mundo va degradándose (desde su formación)|, cada vez más frío, cada vez menos inteligente, cada vez sabiendo más de sí mismo, de su funcionamiento pero ¿dónde un Platón, un Séneca, un Shakespeare? Vamos a desaparecer, enfriándonos. Creo que en el universo siguen desapareciendo nuevos soles. nievas tierras. Pero la Tierra acabará como la Luna.

Tal vez la violencia de las relaciones humanas (cada día mayor) sea el resultado de un convencimiento racional de algo semejante.

19 de abril de 1971

Toda la tarde hablando con Juan Rejano (no vino Alicia). Me pide un prólogo para una Antología suya.

Me telefonea Octavio para pedirme un largo artículo acerca de él para L’Herme.

Francamente, no tienen vergüenza. ¡Ay, de las casamenteras! ¿Ya no hay celestinas?

5 de junio de 1971*

Excélsior. Carmona Nenclares, un comecuras de raza calé, dice maravillas del Papa. Ayer, Life, Time, ponían por las nubes a Goytisolo, Vargas Llosa, Fuentes, Paz, por haber echado pestes contra Castro. Todo lo uno y lo mismo: habla mal del adversario, de quien sea; si es el tuyo cuenta con su apoyo. o se puede ser enemigo nuevo de alguien sin que se te acerquen los que más despreciabas ayer. No hay como cambiar de camisa para medrar donde no querías. Lo mejor es callar. Y no se puede, claro. Sí, se puede. O, si no hay más remedio, mentir para callar.

16 de junio de 1971

Encabezados, como es debido, por Octavio Paz, los intelectuales mexicanos se alinean como un solo hombre tras el presidente de la República porque desafora a Martínez Domínguez, chivo expiatorio de la matanza del día del Corpus (jueves 10).

¿Y estos son los grandes conocedores del país? ¿Desde cuándo se procede de esta manera -la del día 10- sin conocimiento y aprobación del presidente? Que lo realizaron mal, como en 1968, el 2 de octubre, en Tlatelolco, de acuerdo; [ilegible (…)]. ¿Aplaude Carlos Fuentes, García Ponce? Malo… no le hace ningún favor a Echeverría. Ha dado este muestras de evidente habilidad, y los <<inteligentes>> de imbecilidad suma.

4 de enero de 1972*

Comida —en casa— con Pepe Alvarado y su mujer. Se prolonga hasta las dos y media de la mañana. Pepe habla de su juventud y de la de Octavio Paz —que es para lo que le quería—, describe —hablando— uno de sus más afectuosos, cálidos, sensibles artículos. Menos literarios que los de Azorín, pero cercanos (más cercanos  porque habla siempre de sus recuerdos). Bebe mucho. Su razón tiene.

Paco Giner, sentimental: se le muere su madre. Habla, comos siempre, de su «obra» menospreciada. En cambio, Pepe no da un comino por la suya. No importa, no nos enteraremos de si estaba o no en lo cierto.

12 de febrero de 1972*

Siempre hubo esto. Lo bueno es que no sirve más que para la historia, y los demás. Cuando  —yo— te pones a hacer algo, siempre partes de cero.

Igual que en cualquier deporte. A veces, el público apuesta. Otras, no; ni se entera. La diferencia entre arte y deporte es que en el primero sólo gana el artista. En el deporte suele haber un vencedor, en arte rara vez. No es contradictorio desde el ángulo del púbico. El arte no lo necesita. Tal vez, hoy, sí. Octavio Paz dando la vuelta al ruedo; Gabo mandando por una nariz a Mario Vargas Llosa.

5 de mayo de 1972                                                              

¡Qué día! Ver periódicos. ¡Como hablan unos de otros! No ya de sus enemigos si no de sus amigos. Tal vez porque piensan que lo voy a repetir. Basta lo que dice, verbigracia Caballero Bonald de Blas de Otero. O Carlos B[arral] preguntándome, alegrándosele las pupilas:

-¿Te gustó como defendí a Girri? La farsa –la farce, en francés, en todos sus sentidos- le salió perfecta. Él votó constantemente a Cardenal, para que no fuesen a decir. Pero recurrió al truco del a carta de Octavio para ganar cuando interés por Lezama podía naufragar. Lo malo es que jamás se podrá hablar en serio –con él- de lo que quería. Tiene todos los alibis posibles e imaginables.

C[amilo] J[osé] C[ela], feliz de la mala organización del <<premio>>. Se le ocurre hacer más <<conversaciones literarias>> en Formentor, empezando con Ramón.

Amable, ameno, mala leche y amigo de hacer favores. Extraña saber que el inglés fue su lengua materna y que no aprendió español hasta más tarde y que pudo escoger su nacionalidad hasta los veintiún años. Escritor hasta las uñas, organizado, creyéndose la divina garza, envidioso de los grandes, no duda de sí. No le creo muy leído (por su biblioteca, verbigracia), pero si magníficamente organizado, con mujer propicia para ese género de deporte. Buen oído para lo popular, contador de silabas y palabras y un buen brain trust (barato). Excelente trabajador diario –digamos diez horas-, buen organizador y hombre de negocios de primera (a la inglesa, injerto en gallego).

Cuida y calcula sus negocios –bien planeado-, sale de ellos con las manos limpias y los bolsillos llenos. Liberal a la española y a la inglesa.

Alto, barrigón de veras, la cara cuadrada, las patillas canas, vestido ampliamente, dedica todas las horas posibles a su negocio que es la gloria, a la que ordeña a sus horas fijas, muy bien secundado por Rosario, su mujer. Sueña todas las noches con el premio Nobel. No hay nada escrito acerca de que no lo consiga.

Tiene gustos de chamarilero –como yo-, pero menda no dice: -Todo lo que hay aquí es auténtico. Ni se lo cree. Él, sí. Y es posible que lo sea. ¿Qué le importa si sus libros son –dejando aparte los fundamentales- del aluvión?

4 de julio de 1972*

Octavio Paz: su adolescencia y juventud —nacido en 1914— a la fuerza se llaman Calles y Cárdenas, pasando por una serie de segundones de todas calañas. Su idea del mexicano tiene que estar —quiera o no — basada en ellos y en el general Serrano, con cuya muerte debió de entrar en la guerra civil, es decir, en la vida. vive en México entre antirrevolucionarios (lo fueron, en general, los Contemporáneos, por reacción natural de clase y época) y admiradores de la revolución bolchevique. Y, no digamos, de la nacional. México conoce entonces una larga sacudida nacionalista que llegará al poder encarnada en gentes de la más diversa especie y nacionalidades.

José María García Lorca, tan triste de no ser nada, feliz con el libro de X. acerca del teatro español donde, con razón, le cita. Su trabajo sobre Max Aub está bien enfocado si lo titula: «El amor, la muerte y la justicia en la obra de…» Ahora falta que lo escriba bien. Lo visto hasta ahora no lo está.

También García Lorca dice que no escribió lo del Times… Ni él, ni Jean Franco, ni Martínez Nadal… Bueno.

Memorias tomadas de: Aub, Max, Diarios (1939-1972), Barcelona, Alba Editorial, 1998, pp. 264-265; 274-275; 481-482 y 518-519.

Aub, Max, Nuevos Diarios Inéditos [1939-1972], Sevilla, Biblioteca del Exilio, 2003, pp. 223, 261, 356, 365, 381, 437, 449-450, 478, 485, 487, 522, 523, 

Octavio Paz en la memoria de otros: Octavio G. Barreda

México, D.F. Abril 16 de 1943

Señor Alfonso Reyes

Industria No. 122.

Ciudad.

Querido Alfonso:

Unas líneas para agradecerle muy de corazón su magnífico ensayo en el primer número de la revista, y acompañarle la cantidad que por ahora nos ha sido posible disponer. Sabemos que usted jamás la hubiera exigido pero nosotros queremos comenzar, hasta donde sea posible, un poquito “profesionales”,

Octavio Paz pasará en estos días a verle a fin de conversar con usted sobre el número ya salido y los otros por aparecer. Estamos llenos de propósitos y deseamos vivamente “sugestiones” y consejos suyos. Yo mismo traté de verle en el Colegio de México, pero me fue imposible encontrarle. Sin embargo, tan pronto como tenga tiempo para ello, pasaré nuevamente por allá.

Otra vez mil gracias, y un abrazo muy afectuoso de

Octavio

*La presente carta forma parte del acervo de la Capilla Alfonsina.

Octavio Paz en la memoria de otros: Ramón Gaya

Cuernavaca, 27 de noviembre de 1951

Querido Salvador: Después de algunas semanas en México (tuve que pintar unas cosas en casa de los Bertrán, por encargo de Esteban), al volver hoy, por fin, a Cuernavaca, me encuentro con tus suculentas letras o “lettres”. Te sorprenderá que te conteste enseguida, pero si no se hace así, bajo el calor de la lectura, no se contesta jamás. No, nada en tu carta es inútil (al contrario, me faltan muchas cosas) ya que las mismas cosas que yo conozco o sé de parís (al decir París quiero decir lo europeo) necesitaba saber si existían objetivamente, visibles para una persona como tú, que de todas maneras, naciste y casi se puede decir que envejeciste en América. Debo confesarte de nuevo que, cuando faltaban pocos días para tu salida de México, tuve muchos temores con relación a tu encuentro (demasiado tardío) con el viejo mundo. Me alegro mucho de que todo haya salido mejor de lo que esperaba (no por nacionalismo europeo, sino porque así no has tenido una desilusión que yo temía que resultara demasiado importante y decisiva para tu posible labor). Doña Amalia me pregunta todos los lunes, en la comida, si te gustó París, y precisamente ayer pude darle algunos detalles sacados de la carta a Manolo. Todo el mundo me pregunta por tu impresión (algunos, claro, con ganas estúpidas de que haya sido mala); no pienso leerles tus “lettres” pero sí decirles algo. Manolo estaba, al principio, muy desconcertado y daba un poco de pena; nos hacíamos cruces de que no dijeras nada (esperábamos una exclamación positiva o negativa que no llegaba). Cuida tus cartas a Manolo porque el pobre a veces se rompe la cabeza queriendo desentrañar algunas de tus frases o expresiones vagas. Las primeras semanas tuve que calmarlo porque llegó a pensar que no escribirías nunca más (después de tu carta y, sobre todo, de la postal de Chartres, se ha tranquilizado y lo encontré de nuevo haciendo cuentas de francos y de fechas). Me da mucha pena Soledad (Martínez) pero comprendo perfectamente tu pánico; de lo que te digan sobre París no hagas mucho caso ya que Soledad, por lo menos, es la primera vez que ha tenido que ponerse a trabajar, y esto, claro, añadido a su locura y edad tiene que darle visión bastante negra de París. Pero no te desgastes discutiendo con ellas; no dudo, naturalmente, que el París de hoy no sea, ni con mucho, el que nosotros conocimos, pero no sólo a París le pasa eso; todo está mucho peor. Aprovecha el ímpetu que parece haberte dado el encuentro con esa vieja piel del mundo (como diría una persona que tú conoces: Rafael Dieste). Estoy sorprendido de que no hayas entrado en los Museos todavía. Tampoco dices nada de pintores modernos vistos en las galerías de la rue de la Boétie. ¿Qué pasa? Ni siquiera me hablas de lo que no tuviste más remedio que ver en el Metropolitano (de N.Y.); has estado delante de Grecos, Goyas y Velázquez sin decir en tus cartas ni pío. Esperamos. Seguir leyendo

Ireneo Paz en palabras de Daniel Cosío Villegas

Por Ángel Gilberto Adame:

Daniel Cosío Villeagas, prolífico historiador y hombre de letras, fue uno de los intelectuales mexicanos más destacados del siglo XX.

Su pasión por la narración histórica aunada a su talante literario le permitieron escribir con éxito su magna Historia Moderna de México,  obra que ofrece, desde un punto de vista vívido y contingente, la relatoría de uno de los periodos más caóticos de la vida nacional.

De temperamento combativo, Cosío Villegas no tenía reparos en responder a las críticas sin importar que fueran dirigidas a su trabajo o a su persona. En ese tenor, protagonizó algunas polémicas con Octavio Paz, aunque ninguna de ellas los enfrentó ideológicamente.

A pesar de la relación distante y hasta cordial que mantuvo con Paz,  Cosío Villegas fue un duro crítico del abuelo del Nobel, don Ireneo Paz, quien fuera director y editor de uno de los periódicos más importantes del porfiriato  y uno de los actores secundarios de la política decimonónica.

En su mayoría desfavorables, las opiniones de Cosío Villegas permiten poner en perspectiva la tradición liberal de la familia Paz en contraste con sus intereses a partir de la llegada al poder de Porfirio Díaz:

1

Cosío Villegas expone que, iniciada la insurrección encabezada por Porfirio Díaz en 1876, el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada no la consideró de máximo peligro debido al poco virtuosismo de sus ideólogos:

Quizás la figura mejor fuera Vicente Riva Palacio, hombre de poco juicio y que no pasaba de ingenioso periodista, como lo eran tantos otros, digamos Ireneo Paz, uno de los más formidables “intelectuales”.

2

En otro comentario, el historiador denuncia la tibieza de Ireneo Paz al referirse a Díaz y su actitud beligerante, en comparación con otros periódicos que lo avasallan con críticas y ponen en duda su moralidad:

Más significativas todavía son las rectificaciones procedentes de la prensa oficiosa y aun de la oficial propiamente. El periódico de Ireneo Paz, desde luego, a más de templar un tanto sus juicios sobre el gobierno caído, advierte el peligro de que la prensa sea demasiado despiadada con el de Porfirio Díaz, pues puede caer también ante embates injustos, que olvidan que se trata de una “administración que está en la infancia”.

3

Otro aspecto que Cosío Villegas reprocha con dureza a Paz y a Vicente Riva Palacio fue la severidad con que juzgaron a Lerdo de Tejada, incluso antes de que tomara el poder, en su afán de generar opiniones en favor del nuevo régimen de Díaz:

Cuando se desciende de la parte de este desventurado libro escrito por Riva Palacio a la que sin duda es de la pluma de Ireneo Paz, las cosas llegan a ser grotescas o cínicas. Se afirma, por ejemplo, que Lerdo no debía haber sido presidente interino, pues como la revuelta de La Noria había declarado ilícita la elección de Juárez, “no era lógico que quien había usurpado la primera magistratura de la Nación tuviera un sucesor”.

4

Una observación recurrente y enfática es a la corta o maliciosa memoria de Ireneo, pues Cosío Villegas le hace constantes precisiones acerca de la relevancia del porfirismo antes de la consumación del Plan de Tuxtepec y la rebelión a la que éste dio pauta:

Paz olvida, por supuesto, que el porfirismo no significaba nada en el momento de la accesión de Lerdo al poder: era una fracción vencida militar y políticamente.

Más adelante arremete contra el mencionado Plan y sus ejecutores, a quienes menosprecia:

Pero no sólo la inteligencia superior de Lerdo, sino la primitiva de Ireneo Paz, quien, además, presumía de ser coautor de él, y la de Porfirio Díaz, principal interesado en el asunto, coincidieron en el juicio condenatorio. Hasta allí, pues, Lerdo no juzgaba erróneamente las cosas; pero sí erró al creer que una revuelta así de desprestigiada no lo vencería. 

5

De acuerdo con Cosío Villegas, si La Libertad y El Combate sugerían que el alzamiento tuxtepecano no tenía principios y por ende sólo estuvo motivado por la ocupación del poder, Ireneo defendía desde La Patria que el país debía someterse primero a una renovación moral antes que política:

Es curioso que tras afirmar que los tuxtepecanos quieren cambiar la sociedad mexicana “desde sus cimientos”, “quitar todo lo existente” y regenerar a la nación “en todos sentidos”, Paz acabe por hablar tan sólo de una regeneración “moral”, que se conseguirá con el buen ejemplo de los gobernantes.

6

Ireneo Paz tuvo que solidarizarse con el sentido común: la causa tuxtepecana había quedado varada  en un mar de promesas incumplidas. Cosío Villegas aprovecha este episodio para exponer la torpeza de Ireneo, quien, orillado por las circunstancias, decidió lanzarse contra Díaz:

A un año del término de su primer periodo, no se podía ver más negro el panorama, y, en rigor, Ireneo Paz, pronostica una próxima revolución. En fin, al calibrar lo que al país le reserva 1880, año de las elecciones presidenciales, La Patria se desboca al llamar a Porfirio perjuro y prevaricador, ya que no ha sabido regenerar ni revolucionar.

7

En lo relativo al oficio periodístico, Cosío Villegas alude a que periódicos como La Libertad, a pesar de tener redactores extraordinarios, distaban mucho de poseer un renombre, como sí lo tenían otras publicaciones, como El Monitor Republicano y La Patria, “con plumas tan toscas como la de Ireneo Paz, que tenían mayor arraigo en el público”.

8

En afán de demostrar la debilidad de las convicciones políticas de Ireno Paz, Cosío villegas le recrimina que, siendo el personaje de mayor renombre entre los simpatizantes de Trinidad García de la Cadena en su búsqueda por suceder a Díaz en la presidencia, no lanza la candidatura a nombre de su periódico, hasta el 5 de febrero de 1880. Y tras de este retardo, viene una explicación extraña y nociva: “esperábamos de él, principalmente, la solemne promesa, el compromiso sagrado, contraído ante la faz de la Nación, de que la paz pública no sufriría alteración por causa suya, sino antes bien, que sería él su campeón más decidido”.

9

Cosío Villegas relata que, cuando se aproximaban las elecciones de diputados y senadores para la XI legislatura,  que correría de 1882 a 1884, el gobierno incurrió en favoritismos burocráticos y honoríficos: “era claro que Ireneo Paz, usando su periódico, pide que se le tome en cuenta”.

Después de este breve recorrido, queda claro que Cosío Villegas concibió al dueño de La Patria como un personaje gris y temeroso, que por conveniencia o torpeza no logró ser más que un espectador de los acontecimientos que forjaron el México moderno.

Nota: Todas las opiniones citadas fueron tomadas del libro Historia Moderna de México. 

Itinerario periodístico: Octavio Paz en España (1937)

Por Ángel Gilberto Adame:

Los pocos espacios que quedan por explorar acerca de la participación de Octavio Paz en el II Congreso de Escritores Antifascistas para la Defensa de la Cultura, son los que detallan la recepción que tuvo por parte de la prensa peninsular. El evento fue organizado por la España republicana y se le consideró el acontecimiento cultural más importante de ese periodo.

La vía de contacto con México se hizo por conducto de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR), grupo de orientación comunista ampliamente reconocido en la época, que sugirió los nombres de los invitados. Pese a no formar parte de ella, Paz fue incluido, entre otros, por mediación de Pablo Neruda.

Una investigación hemerográfica[1] revela cómo un joven poeta fue ganando reconocimiento internacional, pasando de ser un miembro más de la delegación a un protagonista vigoroso. Seguir leyendo

La boda de Elena Garro y Octavio Paz

Por Ángel Gilberto Adame:

Alrededor de la pareja que formaron Elena Garro y Octavio Paz se han tejido múltiples ficciones, casi todas surgidas de testimonios y lucubraciones de la escritora y su hija, y aumentadas por la falta de rigor historiográfico de quienes no contrastan los dichos con los hechos.

Una de ellas es la que gira en torno a su boda. Garro afirmó que Paz la manipuló, que ella iba a la escuela un día y que Paz y sus amigos la desviaron al juzgado sin ella estar sobre aviso. Se presentó así como víctima de una conspiración que puso fin a su vida estudiantil y casi liquidó su ímpetu artístico, como se lee en artículos aislados entre 1978 y 1979, y en su libro Memorias de España (1992). Seguir leyendo

Efemérides

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