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Cafés con historia

Por Deniss Villalobos:

“Even bad coffee is better than no coffee at all.”
David Lynch

¿Dónde sueles pasar una tarde o noche con tus amigos? Imagino que te viene a la mente la casa de alguien de tu grupito, un café en el centro de la ciudad, un bar donde ya conocen a todo el personal (muy al estilo de How I Met Your Mother) o quizá ni siquiera tienes amigos y no te gusta salir, así que pasas los viernes en tu habitación leyendo manga o viendo fotos de gatitos en internet. Bueno, pues hace algún tiempo, cuando los escritores no tenían Twitter o Tumblr, y cuando no pasaban las noches haciendo presentaciones de libros, algunos gustaban de visitar cafés y bares donde, además de dar forma a varias de sus obras, se reunían con otros talentos de su generación para hacer lo que a escritores y plomeros les encanta hacer: beber y hablar.

Seguro quedan algunos lugares para hacer tal cosa, seguro también que los escritores de esta época tienen sus lugares favoritos para reunirse, pero les falta algo: tiempo. Los años vuelven a los lugares leyenda, y el sitio que ahora nos parece de lo más normal puede convertirse en un lugar de culto dentro de cincuenta años.

Tu pequeño café favorito podría ser visita obligatoria para los turistas dentro de algunas décadas si en unos meses terminas de escribir esa novela que te llevará a la fama; la banca del parque en la que te sientas para aventarle comida a las palomas será el fondo de miles de fotos cuando admiradores de todo el mundo vengan al lugar en el que se te ocurrió la primer idea para inventar una máquina del tiempo que sí funciona, y quizá la tintorería donde trabajas por las tardes será parte del tour que hagan los niños del futuro cuando en su escuela hagan una excursión para conocer la historia de la vida del mejor presidente que su país ha tenido.

Así que, mientras nosotros y nuestros cafés nos convertimos en historia, comparto aquí algunos lugares que definitivamente valdrá la pena visitar si se presenta la oportunidad:

Café Gijón (Madrid, España) 

Por aquí pasaron varias de las figuras más importantes de la literatura española: desde Vallen-Inclán y Pérez Galdós, hasta Jardiel Poncela y Paco Umbral (que además tiene un libro dedicado a este café). El Gijón es sin duda uno de los lugares culturales más importantes en Madrid. Puedes visitarlo para tomarte un trago en el pasado o un chocolate con churros en el presente.

Les Deux Magots (París, Francia)

¿Habrá algún bar que Hemingway no haya visitado? Acá se le podía encontrar entre otras figuras, como Sartre, Camus y Simone de Beauvoir.

Antico Caffe Greco (Roma, Italia)

Este es mi favorito: el bar más viejo y encantador de Roma donde, por si fuera poco, podías tomar algo con Charles Dickens, John Keats, Lord Byron o Mary Shelley.

Café París (ciudad de México, México)

Ubicado en la calle 5 de Mayo, este café fue punto de reunión para las figuras más importantes de las letras en México: Octavio Paz, Xavier Villaurrutia, Salvador Novo, Gilberto Owen, Efraín Huerta, Rubén Bonifaz Nuño, entre muchos otros. Ahora es El Popular.

The Eagle and Child (Oxford, Inglaterra)

Quizás este sea el más famoso y el que todos morimos por conocer solo por dos nombres: J.R.R. Tolkien y C.S. Lewis.

Vesuvio (San Francisco, EUA)

Este café fue un punto de encuentro para la generación Beat. Entre sus clientes frecuentes estaban Jack Kerouac, Allen Ginsberg y Dylan Thomas. Seguro que visitar este lugar es el sueño de muchos habitantes de La Condesa.

Café Montmartre (Praga, República Checa)

Este café existe desde 1911 y en los últimos años se ha convertido en un punto importante para discusiones literarias y eventos culturales. El Café Montmartre se encuentra en el casco antiguo de Praga y es conocido por haber tenido entre sus clientes a escritores como Franz Kafka, Jaroslav Hašek y Max Brod.

Literaturnoe Kafe (San Petersburgo, Rusia)

En este pintoresco café de San Petersburgo se puede beber té desde 1816. Este es el lugar donde se cuenta que el poeta y escritor Alexander Pushkin comió su último almuerzo antes de morir en un duelo a los 37 años de edad. Hoy en día podemos encontrar un busto de Pushkin que nos observará mientras comemos blinis.

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